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Karen no era una carga en mis días en aquella ciudad, pero si podría haber elegido volver a quedarme sola, lo hubiera hecho. Me sentía como una niña a la que tenían que cuidar, a la que deben prestarle atención todo el tiempo porque de lo contrario, terminaría estampada contra alguna pared. No hablábamos de nada que no estuviera referido al trabajo, me buscaba todas las mañanas a la misma hora y me dejaba nuevamente en el hotel por las noches, con la misma secuencia de sucesos, día tras día. Solía adorar de manera extraña a la rutina, porque me traía tranquilidad. Todos los días haciendo las mismas cosas, viendo a la misma gente, vistiendo lo mismo, pensando en lo mismo. Nunca algún evento desafortunado o sorpresivo que terminara acabando con la normalidad y tranquilidad de mi vida. ¿Qué otra cosa podía pedir? Pero aquí era diferente, había hecho la promesa de no ser la misma, no sentir lo mismo, no pensar de la misma manera. No podía permitirme insertarme en la ridícula rutina en este lugar, estaba lejos de casa, no conocía a nadie y me había obsesionado con la primera persona que me ofreció hospitalidad en un restaurante. Las cosas parecían no estar a mi favor. Mi propia existencia me estaba molestando en ese momento.

-Sé que las cosas no están del todo bien Alena, pero debes entender que todo esto podría ser de ayuda para tu investigación. Préstale atención a tus propias reacciones, a cómo te molesta estar en un lugar en donde las cosas funcionan diferente de como funcionan en casa...

Debía realizar terapia por teléfono por lo menos dos veces a la semana. Karen nunca fallaba en recordármelo, siempre con ese tono de madre compasiva que sólo quiere lo mejor para su débil hija.

-¿Entonces crees que hice mal en armar ese escándalo y que por eso ahora mi traductora no me dirige la palabra aún cuando de eso depende que sobreviva en esta ciudad?

La respuesta estaba incluida dentro de aquella pregunta. Entonces para eso servía la terapia.

-Puedo entender que esté molesta contigo, porque para ella es un trabajo serio, se preparó para eso por mucho tiempo. Tú estás en una posición diferente, estás ahí por trabajo también, pero se trata más de una manera de recuperar tu salud. No son vacaciones, te lo recuerdo, pero es un viaje en el que además de observar a otra gente, tienes que observarte a ti misma, tratar de crecer, desprenderte de esos recuerdos que te mantuvieron encerrada en tu departamento por seis meses.

-A decir verdad, en estos momentos nada me haría sentir mejor que estar en ese departamento, cubierta de sábanas y en el televisor una maratón de películas poco interesantes.

-Bien, ahí tienes una de las declaraciones más importantes que has hecho desde que llegaste a ese lugar. Esa es tu salida, tu lugar para solucionar los problemas. Te escondes, mantienes las puertas y ventanas cerradas, y no me refiero solamente a las de tu departamento. Tú misma le has cerrado las puertas a todo lo que había a tu alrededor. ¿Entiendes que estuve haciendo terapia contigo por teléfono durante dos semanas? ¿Y recuerdas lo mucho que te enojaste cuando toqué a tu puerta porque sentía que realmente necesitabas algún tipo de contacto humano? Sé que no eres una persona que pierde los estribos fácilmente, pero ese día estabas endemoniada. No volví a buscarte por un tiempo porque realmente temía por mi vida...

Ella no lo notaba pero una enorme sonrisa estaba estampada en mi cara. Aquellos recuerdos tenían un sabor amargo pero me traían esperanza también. Había estado al borde un precipicio pero logré alejarme de la orilla y dirigir mis pasos hacia un lugar seguro. Ese lugar no era mi habitación, era el mundo. Eran los parques llenos de árboles y los pequeños cafés escondidos en medio de rascacielos. Había aprendido que amaba esos lugares gracias a mi terapeuta.

Suspiré cuando mis pensamientos se hilaron con el recuerdo de Daehyun. Él y mi terapeuta tenían algo en común, eran esas personas que se presentaron ante mí con intenciones de hacerme ver lo hermoso que puede ser la compañía de otras personas.

-Tal vez deberías asistir a algunas de las clases de esa universidad. ¿Sigues trabajando en el edificio principal, verdad?

-Así es, pero no pienso meterme en un aula llena de estudiantes de...no lo sé, ni siquiera sé qué enseñan en esas aulas. Además, no puedo entender ni una palabra. ¿A qué voy a ir?

-A pasar tiempo con gente, nada más que eso.

-No tengo intenciones de someterme a ese tipo de tortura. Pasé 5 años asistiendo a clases que parecían interminables. No voy a hacerlo ahora por placer.

-Dime, en esos 5 años ¿cuántas veces has ido a una clase que se da en un idioma que no entiendes, en un país en el que estás por primera y, quizá única, vez en tu vida? No pierdes nada con probar.

Suspiré como de costumbre cada vez que tenía que afrontarme a mí misma. Era mi manera de decirme "vives una sola vez, hazlo". Y así estaba pensando. Suponía que mi terapeuta tenía razón.

I'm gonna make you love me  [BangYongguk]¡Lee esta historia GRATIS!