Onceavo Capítulo

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"El suelo también escucha"



Kass miró con añoranza la enfermería. Que para nada tenía que ver con las habitaciones  frías y estériles de los hospitales. Con sus paredes verdes y sus pisos de madera, las mullidas camas con sus impecables cortinajes blancos. Lo iba a extrañar. Pero sobre todo iba a extrañar a Pheebee. Habían pasado meses desde la última vez que Kass tuvo a alguien que la mimara y cuidase de ella, y la mujer con los cabellos de plateados parecía preocuparse por los demás tanto como ella.

Además había impedido que ella hablara con sus amigos sobre lo que la atormentaba por las noches. Las oscuras bolsas negras que se habían instalado bajo sus ojos delataban las largas horas que la chica había pasado en vela, tratando de escapar inútilmente de las imágenes que la pequeña niña ilusionista había tatuado en su mente. Ella estaba segura de que cada vez que la oscuridad cayera, aquellos ojos plateados la estarían observando.

Por momentos la embargaba una tristeza tan grande solo para ser sustituido por un rencor que bullía en lo más profundo de su interior. Pasaba de estar en estado vegetativo a ser altamente peligrosa. Oscilaba entre sus dos personalidades; la chica antipática de la escuela y la agresiva de Dreamers; tan constantemente que se sentía exhausta y atrapada. Impotente y confusa. Se estaba perdiendo a sí misma en una maraña de emociones. Ya no sabía quién era y todo debido a la niña ilusionista.

— Su nombre es Christen Mierz.

Comento Joon una mañana de visita. Ella estaba parada frente a la ventana, mientras la pequeña Avril estaba acostada en la cama, Kass la abrazaba con fuerza para demostrarle que no le importaba que su hermana mayor fuera una perra.

— ¿Cómo lo sabes? — preguntó Kass.

El rostro de Joon estaba sombrío y su cabello y ojos estaban sin cambiar, lo que hacía difícil leer sus emociones.

— Por qué hace cuatro años yo era la encargada de traerla aquí.

Ella soltó un pesado suspiro y se desplomo en la cama de al lado, abatida.

— Ella era solo una niña, una misión fácil, entrar y salir, al menos eso dijo Miranda, pero salir de Natory no era tan fácil como imaginaba.

— ¿Espera? — dijo Kass perpleja — ¿Natory?, ¿Te enviaron a la capital?

El rostro de Joon se crispó, como si un recuerdo doloroso la hubiera llenado.

— Nos encontraron, estábamos perdidas, uno de los merodeadores se adelantó, no podía verle el rostro, pero aun así suplique, con Chrisy fuertemente abrazada a mi pecho.

La voz de Joon se volvió cada vez más y más solemne. Como si narrara una historia ajena. Pero las imágenes llenaron la mente de Kass, como si Chrisy estuviera parada frente a ella generando la ilusión.

— Nos capturaron. — Dijo Joon con voz distante — Nos encerraron por separado. Yo estaba desesperada, gritando, aporreando la puerta, pero a nadie parecía importarle. Fue la primera vez que mi habilidad me pareció inútil. Esa noche llore, no había llorado desde que salí del orfanato y creo que eso lo conmovió.

<< La puerta se abrió. Esa fue la primera vez que lo vi, con su piel morena y el cabello lleno de rastas recogidas en una coleta. Sus ojos azules me miraron como si yo fuera la cosa más rara del mundo.

Joon se permitió una sonrisa y a Kass le costó un poco localizar al chico. Tal vez debido a los medicamentos que Pheebee le había dado para dormir que le tenían el cerebro adormilado.

— ¿Andrew? — Preguntó un poco confundida — ¿Andrew trabajo para el CBI?

— Si, él trabajaba para Shannon, eran... eran pareja. Pero eso no importa, lo importante es que me sacó de ahí. Al principio creí que me llevaría al laboratorio, así que me le lance encima y lo golpeé. Mis uñas se hundieron en la piel de su rostro y lo herí. Yo era un animal asustado y furioso en aquel instante.

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