Él la miró con furia, entendiendo a la perfección a lo que se refería, y ella estaba tan molesta que no le importaba. Kass había estado consciente de ello desde el primer día. La forma en que la miraba, su cercanía y su exagerada protección. Tal vez jamás había sido la primera de su clase, pero sabía sumar dos más dos, no era estúpida.

—Eres una ingenua si crees que vas a cambiar algo, las cosas son como son y punto.

—¿A si?, pues...

—Basta, déjalo así.

Kass se dio la vuelta. Eliot estaba parado detrás de ella. Sus ojos grises relucían con una advertencia, a pesar de que siempre disfrutaba de que Andrew quedara en ridículo, esta vez, incluso él, sabía que la chica había llegado muy lejos.

Kass soltó un suspiro y salió corriendo de la casa, Joon la siguió. Como siempre para disgusto de Kass, Eliot tenía razón. Por semanas había descargado su rabia y resentimiento en los demás, cuando no era su culpa. Quería cambiar tantas cosas, pero Andrew tenía razón, ¿Qué podía hacer una chica torpe y con mal temperamento?, ¿Qué podía cambiar ella?

Corrió por las colinas, hasta llegar al lago y lo bordeó. Un par de días antes la pequeña Sophie había pegado carrera por la orilla del lago y todos, temiendo que callera al agua o se lastimara, habían salido detrás de ella. Para ser tan pequeña era muy veloz. El caso es que corrió y encontró un pequeño embarcadero al rodear la segunda colina. Corrió por él y, como si fuera atraída por una fuerza magnética, llegó hasta el chico sentado en el borde. Eliot la recibió con una sonrisa.

Kass caminó hasta ahí, se sentó y se sacó las sandalias que llevaba, sumergió los pies en el agua, contemplando la superficie del lago y sintiéndose más frustrada que nunca. Joon llegó y se sentó junto a ella. Sus piececitos apenas rozaban el agua, su cabello color cobre le llegaba a los hombros y sus ojos verdes brillaban a la luz del sol. Resultaba extraño que, teniendo la capacidad de transformarse en quien quisiera, siempre eligiera chicas de apariencia frágil. A pesar de que la había visto entrenar y sabía que era veloz y ágil, Kass seguía sintiendo la inevitable necesidad de protegerla. Sin importar que Joon fuese un año mayor y con mucha más experiencia.

—¿Es que te lo imaginas? ¿Puedes verte a ti misma yendo a trabajar a una de las grandes empresas de Rix o Natory? ¿Ir todos los días con un traje? ¿Llevar café? ¿Contestar teléfonos? ¿Qué pasará el día que pierdas la paciencia y tu cabello se convierta en una llamarada roja? ¿Tomarás tus cosas y te irás a otra ciudad?

—No, no me lo imagino, por eso me quedo aquí. —dijo Joon con calma.

—¿Desde cuándo tú eres la sensata y yo la agresiva?

Joon soltó una risita.

—No deberías ser tan dura con él.

—Lo sé, no es su culpa que yo esté tan molesta, pero me frustra que me trate como a una chiquilla tonta.

—Sí, pero ya quisiera yo que me prestara toda la atención que te presta a ti, llevo cuatro años parada delante de él y ni siquiera me ha notado.

Joon se irguió de pronto con los ojos bien abiertos y un ligero rubor arremolinándose en sus mejillas, mientras Kass la miraba sorprendida.

—Tú... quieres decir... que tú... Andrew... ¿Tú?

El rostro de Joon se tiñó de un rojo profundo y sus manos lo acunaron tratando de ocultarlo. Cuando por fin hablo su voz sonaba forzada.

—Sí, yo, ¡Yo estoy loca por Andrew! —dijo apartando las manos de su rostro —Por si no lo has notado soy la persona más rara que ha pisado la tierra. Soy voluble, agresiva y no a mucha gente le gusta estar cerca de mí, pero él me acogió, se volvió mi amigo.

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