Décimo Capítulo

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PANDORA


Las noticias no se hicieron esperar. Shannon Olsen, la mujer que había encerrado a Kass en un salón con muros de acero, como si se tratara de un animal rabioso, dio una conferencia de prensa. Las veintitrés ciudades estaban conectadas por una red satelital. Dreamers se encontraba lo suficientemente lejos de las grandes ciudades, lo que había impedido las explosiones del Día Negro dañasen el lugar permitiendo su rápida recuperación. Pero aún así tenía acceso a la red satelital del país.

Una fotografía de Kass aparecía en la esquina superior derecha de la pantalla, mientras que la odiosa mujer les recalcaba a los ciudadanos que era sumamente peligrosa e inestable.

—Se ha abierto un caso, hace ocho años, el merodeador, Ethan Cross, falleció en extrañas circunstancias, mientras su hija, la elemental de nivel uno, Kassandra Cross, lo acompañaba en una misión de rastreo en New York. Los expertos se han replanteado las posibles causas de la muerte del señor Cross.

Joon apagó el televisor. Su cabello brillaba de un rojo fuego y daba la impresión de que se le quemaba la cabeza.

—¡ESA MALDITA BRUJA!

Kass se puso de pie a punto de llorar de frustración. ¿Cómo podían creer que una niña de ocho años podría asesinar a su propio padre?

—Es oficial, lo estropeaste. —dijo Andrew con tono abatido.

—¿Disculpa? —demandó Kass.

El chico salió de su puesto detrás del sofá, camino hacia ella y se le plantó enfrente. Era varios centímetros más alto y al menos el doble de ancho, esbelto pero musculoso. Así que daba la impresión de que la chica desaparecía detrás de él.

—Sabes perfectamente de lo que estoy hablando. —dijo tratando de no perder la calma.

—No, no tengo ni idea, explícate.

Las cosas habían estado tensas entre los dos y el carácter explosivo de la chica no ayudaba. Kass no retrocedió, se quedó plantada donde estaba con los brazos en las caderas y el rostro en alto.

—Te estarán buscando en todas las ciudades y a menos que te hagamos una cirugía plástica no creo que te podamos reinsertar tan fácilmente.

—¿Y quién ha dicho que yo quiero ser reinsertada?

La pregunta los tomó a todos por sorpresa. Joon se puso de pie y caminó hasta estar a la altura de Andrew. Comparada con él ella resultaba ridículamente pequeña.

—¿Qué quieres decir? —los ojos de la chica centellaban de manera extraña —¿Planeas quedarte aquí?

—No. —respondió Kass con firmeza y pudo ver que algo se rompía en el interior de Joon —Yo no quiero quedarme aquí, pero tampoco quiero ser reinsertada.

—Entonces ¿Qué? Apuesto a que New York tiene hermosos edificios abandonados en los que podrías vivir. —dijo Andrew.

—¿No lo entiendes?, Yo no quiero fingir algo que no soy! —exclamó Kass —he pasado toda mi vida fingiendo. He sido humillada, menospreciada, estoy harta de tener que tragarme mis opiniones. De tener que seguir estúpidas reglas llenas de injusticias, de tener que agachar la cabeza, de sonreír y fingir que todo es perfecto. Estoy harta de vivir en un mundo donde golpean a una mujer por defender a su hija. Donde consideran una amenaza a un niño por salvar a su ciudad. De que nos cacen como animales. De que la gente tenga la mente tan cerrada que se creen que está bien lastimar a los demás.

—No podemos tener todo lo que queremos Kassandra.

—Y tú lo aprendes por las malas ¿Verdad?

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