CAPITULO 11

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Hasta hace una hora estaba totalmente metida en el cuento de hacer una broma a Elijah en represalia por todo lo que me ha hecho a mí. Eso fue solo hace sesenta minutos, cuando no había ido a la enfermería para ver el estado de los Caliel, cuando no había visto los cuerpos de los pequeños asesinados, cuando no fui testigo de cómo Levana se derrumbó arropando el pequeño cuerpo de Letaniel y Ambar en sus brazos. Sus dos pequeños de cinco y siete años.

Es pasada la media noche, los guerreros y gárgolas nos estamos preparando para conformar la legión que esta noche estará vigilando la ciudad y sus alrededores. Dos clanes más llegaran en la mañana para asegurar a los niños y protegerlos. Incluso las gárgolas vendrán con los hijos de su especie para ponerlos a salvo también.

Había pensado dejar a Azael a cargo de Elijah y los pequeños, pero el primero, se negó rotundamente a dejarme fuera de su registro ocular y el segundo, argumentó no tener tres años y necesitar una niñera. Así que fue el turno de Atzel para hacerse cargo de la casa junto a una mucho más tranquila Pileith y las dos gemelas.

—No tienes por qué ir. —Adina y Adira, como cada vez que salgo, están en mi puerta intentando en vano, convencerme de no ir con la legión.

—Estaré bien, niñas. Lo prometo. —Observó los ojos húmedos de ambas. Aunque no se les permitió ver la magnitud de las cosas.

—Tenemos miedo, Ageysha. No queremos que te lastimes.

—Lo sé, princesa. —Tomo a Adira en un abrazo y beso su cabeza—. Para ti también hay beso. —Hago el mismo gesto con Adina—. Las adoro muñecas mías y voy a regresar sana y salva con ustedes.

—¿Estás lista? —Levanto los ojos para encontrarme con los iris violetas de mi amigo y guardián. Asiento y despidiéndome una vez más de las chicas, camino al encuentro de todos.

—Debemos dividirnos en cinco legiones, cada una que cuente con un ala dorada —informa Adif—. Yo estaré junto a mi guardián Ramuel en las inmediaciones de los últimos asesinatos. Ageysha y Azael en el centro y alrededores, Ariel y Samayaza al sur. Atur, tú y Efrén tomarán el norte. Armon y Amadeo estarán en la zona montañosa.

Disponemos las legiones de Ascendit y cada una se dirige al lugar indicado. Somos veinte Ascendit y veinte gárgolas quienes nos dirigimos hacia el centro de la ciudad. Llevamos nuestros comunicadores para informar la situación de cada uno. Nos lleva solo veinte minutos llegar a nuestro destino.

Para ser un día de la semana el centro está muy concurrido, además ahí se encuentran todos los sitios nocturnos y de entretenimiento. También, las personas que viven por fuera de los mandamientos y estatutos divinos, así como quienes reniegan de la creencia. Sobrevolamos la zona a unos buenos metros del suelo, callejones, calles y autopistas.

—Ahí. —Señalo una esquina donde un Cecidit arrastra a un hombre joven hacia un callejón. Es un ala roja y está acompañado de un demonio sombra.

Dividiendo el grupo, sólo le pido a Azael, Libi y Ciro que desciendan conmigo, el resto seguirá vigilando el lugar por alguna sorpresa u otro ataque. Hago el mayor ruido posible advirtiendo a mis adversarios. Ambos, tanto la mujer como el demonio, alejan su atención del infortunado hombre y nos observan.

—Vaya, vaya. Mira Arlequín, es la castigadora de Flayers. —Entrecierro mis ojos ante la caída. Sabía que pronto todos tendrían conocimiento de lo que he hecho.

—Me alegro que me conozcas, así nos evitamos las incómodas presentaciones antes de enviarte con tu creador. —Sonríen ante mis palabras.

—Bastante presuntuosa para ser tan pequeña. —La voz del demonio sombra es como un chillido de gato.

ALMAS ( Entre El cielo y el Infierno #1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora