Capítulo 2.

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Al día siguiente, Clarke comenzó con su jornada en la enfermería, junto a su madre, Abby, que oficialmente era la médica del lugar. Debido a la coalición con los otros clanes, no eran sólo los del pueblo celeste los que requerían de la ayuda de Abby, también llegaban a la enfermería del campamento de los Skaikru (así era cómo apodaban los terrestres a la gente del cielo) personas procedentes de los doce clanes.

Muchos de los celestes, se oponían a la idea de compartir sus medicinas con los que habían causado tantas guerras contra ellos, pero era parte de la coalición. Después de lo que Lexa, Clarke y muchos otros habían luchado por mantener la paz con los terrestres, no podían negarse a curar sus heridas o sus enfermedades, aunque eso supusiese la pérdida de recursos médicos para ellos mismos.

Por supuesto, ni Clarke ni su madre se oponían a curar a ninguno de los terrestres que llegaban día tras día a Arkadia (nombre que los celestes le habían puesto a su pequeño campamento). Para Abby, era parte de su trabajo salvar la vida a cualquier persona que lo necesitase, independientemente del clan al que perteneciese. Por suerte, Kane, el canciller de Arkadia, su líder, estaba de su lado. Muchos otros habían querido impedir todo lo que Clarke y su madre hacían en la enfermería. Sabían que si alguno lo conseguía, si la paz se veía rasgada por alguno de los Skaikru, la coalición acabaría.

Ese día Clarke terminó de suturar la herida de uno de los Trikru. Al parecer, por lo poco que le había entendido, ya que ella no controlaba a la perfección el idioma terrestre, se lo había hecho un animal al intentar cazarlo. Por suerte no era una herida muy profunda, pero había perdido gran cantidad de sangre y necesitaba reposo en la enfermería hasta que pudiese recuperarse un poco. Cuando terminó, fue a un cubo de agua que había fuera para lavarse las manos ensangrentadas.

Su madre se acercó a ella segundos después, colocándose un mechón de pelo detrás de la oreja y resoplando. Parecía cansada. De hecho, Clarke sabía que lo estaba. Tenía un ritmo de vida que ella no podría llevar a cabo durante mucho tiempo. Su madre no sólo se ocupaba de los pacientes que llegaban a la enfermería, si no también de los que estaban en ella desde hacía tiempo. Sólo tenía la ayuda de Clarke y de Jason para llevar correctamente los seguimientos y recuperaciones de los pacientes, además de la administración de las medicinas y recursos. Aparte de todo eso, cuando Kane la necesitaba para tomar alguna decisión u organizar algo en Arkadia, ella accedía y se prestaba voluntaria. Todos sabían allí que, aparte de ser la médica, también era la mano derecha del canciller. Ciertamente, Clarke admiraba a su madre. No había participado en ninguna guerra como ella, ni siquiera había estado en Polis con Lexa para intentar llevar a cabo la coalición, pero había conseguido mantener a Arkadia y a los suyos en pie. Y estaba orgullosa de ella.

- Te veo cansada- comentó al agacharse junto a su hija para enjugarse también las manos.

Clarke medio sonrió.

- Creo que no eres la más indicada para reprocharme que no descanse lo suficiente.

Abby también sonrió.

- ¿Sigues soñando con Lexa?

Clarke tragó saliva y concentró su mirada en seguir enjuagando sus manos ensangrentadas. Desde que se manchó las manos con la sangre de Lexa al intentar detenerle la hemorragia, no podía estar mucho tiempo viendo como su piel estaba impregnada por la sangre de otro. Le recordaba que no había podido salvar a la ex Comandante de los Trikru. Le recordaba a la muerte de Lexa. Y era algo que no soportaba.

- Puedo darte algunas pastillas para que duermas bien.

Clarke miró entonces a su madre de nuevo y le sonrió de la forma más tranquilizadora posible. Sabía perfectamente que no podían gastar los recursos en cosas como ésas ya que había o habría gente que lo necesitase más. Pero le agradecía el gesto a su madre.

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