9: El cuchillo y la herida.

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Samantha abrió la caja. Encontró la llave, se sentó en el columpio durante la madrugada y abrió la caja. Lo hizo porque estaba lista pero nunca le avisó. Si ella tomó la iniciativa y lo hizo sola, ¿por qué él tendría que rendirle cuentas si hacía lo mismo?

Eso fue lo que se preguntó Adam mientras movía el carrito del supermercado en la góndola de los vinos. Cuando fue el momento de levantar la vista de la lista de cosas que Leonard había escrito en el papel arrugado, su cabeza dio mil vueltas. Su abuelo solo escribió vino, pero no dijo que clase, ni que marca.

Y en la maldita fila de botellas había toda clase de vinos. Vino blanco, vino tinto, vino caro, vino barato, de precio razonable. Había metido en el carro todo, afortunadamente sabía o se hacía una idea de lo que su abuelo ingería de las cosas que estaban marcadas en la lista, pero no en los vinos. ¿Leonard tomaba vino, siquiera?

Se quedó allí por varios segundos y resopló, porque darse por vencido no era una opción, pero llevar cualquiera a casa tampoco lo era.

-Diamond Creek, Gravelly Meadow.-Dijo alguien a su derecha. Era Sam.

-¿Cómo?

-El vino.-Señaló. Se acercó arrastrando el carrito de compras y estiró el brazo frente a los hombros de Adam. Agarró la botella.-Es muy raro que Leonard quiera vino, pero cuando le apetece, le gusta este.-Se lo extendió.

-Gracias.-Volvió a resoplar.-Me salvaste.

Samantha miró todos los víveres de Adam.

-Deberías cambiar el aceite vegetal por aceite de oliva.-Sugirió.-Y no compres espagueti, a él le gusta el fusilli para esta clase de receta.

-¿Cómo sabes que cocinará?

-Pollo, cebolla, el aceite, los quesos. Quien lo conoce bien sabe que Leonard no acompaña cualquier comida con vino y por lo que hay aquí, supongo que es pollo a la parmesana.

Era una pregunta bastante tonta para Samantha. Ella conocía toda y cada una de las especialidades que Leonard sabía preparar. Desde sus carnes, hasta sus pastas. Desde sus salsas bien condimentadas y con algo extra, hasta sus postres improvisados.

Le dio una mirada de despedida y siguió con su camino hacia la carnicería, pero no llegó hasta la misma ya que Adam le habló a su espalda.

-El abuelo invitó a Dylan a cenar.-Samantha paró.-Ya sabes, lo adora. Y sabes de memoria que nunca falta una silla en la mesa para ti.

Adam no rogaba ni era una persona consumidora e insistente, por lo que supuso que no sería una tarea difícil para él mantenerse alejado de ella lo más posible, pero inclusive en esa situación se daba cuenta que era imposible. Actuar como una desconocida con alguien a quien conocía en todos sus aspectos y a pesar de cualquier cosa lo seguía queriendo, no era sencillo de lograr. Y lo mismo pasaba con él, aunque no estuvieran involucrados los mismos tipos de sentimientos.

Se dio la vuelta.

-Realmente tengo otros planes con alguien más.

-No nos molesta que lleves a otra persona.-Movió la mano.

-¿Estás seguro?

-¿Alguna vez he estado inseguro?

Samantha quiso recordarle aquellas veces en las que sí dudó al tomar decisiones, pero se tragó las palabras y las guardó.

-Estaremos allí a las ocho, dile a Leonard que no prepare postre.-Acabó.-Lo llevaré yo.

***

El porqué de nosotros.¡Lee esta historia GRATIS!