Conociendo al enemigo

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~Capítulo 2~

{Elijah}

Pertenecer a los Grigori, la organización de mi padre, Myles Pride, siempre fue como mi mayor sueño desde que era un niño; siempre luché por ganarme un lugar en ella, aunque Eleanor, mi madre, pusiera el grito en el cielo por eso. Desde los quince años había estado al lado de mi padre para aprender de él y gracias a mi empeño lo logré y se podía decir que hasta lo superé, era por eso por lo que me convertí en el segundo al mando de la organización.

Siempre fui rudo, despiadado, frío, ególatra y un hijo de puta en todo el sentido de la palabra, al cual no le importa nada ni nadie a excepción de mis padres y mi hermana Tess. Se podía decir que ellos eran mi talón de Aquiles y jamás me daría el lujo de agregar a nadie más a esa lista.

Tenía amigos — aunque más que amigos eran súbditos de Grigori y por ende míos — con los que había logrado llevarme bien, tenía una historia personal y eran los únicos que me conocían a la perfección; ellos sabían lo que me enfadaba — que era casi todo — y lo que no. Sabían que no les convenía hacerme enojar porque no me temblaría la mano a la hora de darles su merecido y por la misma razón sabían llevar mi ritmo de vida.

Pobre de aquella persona que intentara jugar conmigo sin saber a qué demonio se estaba enfrentando.

En cuanto a las mujeres para ser sincero, las utilizaba solo para follar, no me consideraba un caballero porque estaba muy lejos de serlo, pero tampoco iba por la calle lastimándolas a diestra y siniestra. A la que quería un revolcón conmigo desde un principio le dejaba claro que solo podría tenerme una vez; jamás las llevaba a casa, mucho menos a mi apartamento, jamás las tomaba en mi cama y jamás las besaba en la boca.

Nunca besas a una mujer con la que solo tendrías sexo y menos cuando no sabes en dónde han puesto su boca.

Podía proteger mi polla al follar, pero no mi boca al besar.

Esas eran mis reglas y si las aceptaban sería algo bueno para ellas y si no pues que se jodieran. Lo único que obtendrían de mí era un buen polvo porque eso sí, me encargaba de que ninguna jamás me olvidara y que cada vez que estuviesen con otro recordaran mis caricias y la manera en que las tomaba. Su peor castigo por poner sus ojos en mí siempre sería ese: Nunca quedar satisfechas con ningún otro hombre. Antes de mí podía haber mejores; después de mí, solo habría peores.

Así era yo: no tenía corazón para ninguna pero sí placer y pene para todas.

Nunca había manchado mis manos con sangre...inocente. Había matado en defensa propia y siempre fue a malnacidos con los que le había hecho un favor al mundo al desaparecerlos.

No iba a la universidad porque necesitara ser alguien en la vida. No solo los estudiados podían llegar al éxito, muchas veces esos profesionales eran los más idiotas. Ir a la universidad era una pantalla, al igual que para el resto de los Grigori — a excepción de Evan y Connor, ellos sí estudiaban porque les gustaba y deseaban ser titulados en un futuro — dinero nos sobraba y sabíamos disfrutarlo. Connor, Jacob, Evan y Dylan eran a los únicos que les permitía hablarme y tratarme como amigo, con cada uno de ellos tenía una historia peculiar al habernos conocido, además de que ellos se encargaban de alejar de mí a estúpidos que solo buscaban popularidad y poder al estar cerca de mí. En cuanto a Elsa Lynn, todos la conocían como mi amante oficial sobre todo las chicas, pero no era así; había sido mi única amiga desde la infancia, sus padres eran amigos de los míos y nos conocíamos desde hacía muchos años, era por eso por lo que ella era la única que me conocía un poco más que los demás.

Corazón de Hielo ® (18+)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora