Prefacio

12.6K 255 8

La península tallada de una sola peña por la mano del tiempo, donde ocurren la mayor parte de las siguientes escenas, ha sido, desde inmemorables centurias, asiento de un pueblo extraño y casi singular, de raras creencias y peculiares costumbres, hoy en su mayoría anticuadas. Surgen allí, naturalmente, sobre todo entre los indígenas que no tienen activa ocupación en las tareas de la «Isla», ciertas fantasías semejantes a aquellas plantas de blando leño, que no pueden soportar las silentes heladas de tierra adentro, pero que prosperan junto al mar en el más borrascoso ambiente. De aquí que sea un paraje apto para engendrar un personaje del tipo bosquejado imperfectamente en estas páginas; un indígena de indígenas, a quien algunos disputarán por fantástico (si hasta este punto le honran con su consideración), pero a quien otros pueden ver como si prestara objetiva continuidad y diera nombre a un delicado sueño que, en forma más o menos vaga, es común a todos los hombres, y en modo alguno nuevo para los filósofos platónicos.

Quienes conozcan el rocoso rincón de Inglaterra aquí descrito, que domina el anchuroso canal de la Mancha, con todos sus atractivos, y se interna mar adentro, lo bastante lejos para alcanzar la benigna área por donde fluye la corriente del golfo hasta el mes de febrero, se sorprenderán de que los artistas y los poetas, ansiosos de inspiración, no hayan escogido más frecuentemente este paraje por retiro, siendo así que durante uno o dos meses al año prevalece el tiempo borrascoso sobre el benigno. A decir verdad, un rincón de aquéllos sirve de retiro a varios talentos forasteros pensionados por su país, aunque difícilmente se descubre su presencia. Sin embargo, acaso fuera preferible que no viniesen los visitantes artistas, y que no se volviera a hablar de la compraventa de casas libres de censo por un par de centenares de libras; casas construidas de resistente piedra, que datan del siglo XVI, y aun de antes, con sus alféizares, albardillas y salidizos completos. Digamos de paso que estas transacciones se estipulaban y conferían, hasta muy recientemente, en la iglesia parroquial, en presencia de la congregación de fieles, pues tal era la antigua costumbre de la isla.

En cuanto a la novela en sí, valga advertir que es de índole idealista o subjetiva y francamente fantástica, por lo que se ha sacrificado a dicha finalidad la verosimilitud en la ilación de los sucesos.

La Bien Amada - Thomas Hardy¡Lee esta historia GRATIS!