Tercer Capítulo

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LA ESCUELA DESTRUIDA



Kass estaba sentada en el piso. El estruendo se volvía más y más fuerte. Podía escuchar a las personas corriendo. Abrió los ojos y por un minuto no tuvo idea de dónde se encontraba o qué hacía ahí. El aire estaba atestado de gritos y de cristales rompiéndose.

—¡HOLA!

Gritó Kass, pero no hubo respuesta. Se puso de pie, pero volvió a caer, el temblor comenzaba a tomar fuerza, las luces parpadearon. Kass trató una vez más de ponerse de pie. Oyó un crujido y se lanzó hacia delante, por mero impulso, cuando el enorme librero que estaba a su espalda cayó asiéndose trizas contra el suelo, el ruido la hizo volver a la realidad.

Avanzó a la puerta tambaleándose, sosteniéndose de las paredes. Prácticamente salió despedida hacia el pasillo cuando el edificio dio una horrenda sacudida. Las bombillas reventaron lanzando chispas. Una enorme lámpara cedió y cayó al piso un metro delante de ella.

Pedazos de hormigón, cristales rotos, trozos de madera tapizaban el suelo. El edificio se sacudía con fuerza, y las paredes, techos y pisos, se cuarteaban. El aire estaba lleno de un espeso polvo gris que te impedía respirar, ella se sentía cada vez más desesperada, tropezaba con los escombros, completamente desorientada.

—¡AYUDA!

El grito murió en su boca a causa del estruendo. Silenciosas lágrimas recorrieron sus mejillas, se sentó en el suelo, debajo de una ventana rota. Los escombros la rodeaban, tenía raspaduras y moretones, el cabello enmarañado y estaba segura de que moriría ahí. Pasaron unos minutos, largos y terribles, antes de que se diera cuenta de que el edificio no se movía más. Se puso de pie temblando, esperando que en cualquier minuto el edificio se le viniera encima.

—¿Hay alguien ahí?

La voz brilló como un rayo de esperanza para Kass. Alguien había venido a buscarla. Casi con desesperación, avanzó entre las mesas destrozadas y los escombros, con el espeso polvo abrasándole la garganta y los pulmones. La voz sonaba más y más cerca. Ella giró en una esquina y los vio. Kass conocía bien el traje negro con las siglas CBI en rojo brillante. Merodeadores. Pero ella creía que ellos solo se encargaban de capturar a los Demons, y una idea le martilló la cabeza, "¿Y si un Demon había hecho esto? ". Kass miró alrededor, podía seguir por ahí.

Armándose de un valor que resultaba prácticamente inexistente, Kass salió a la mortecina luz del pasillo y avanzó a paso temeroso. Los hombres la vieron pero su reacción no era lo que Kass esperaba. Los miembros del CBI levantaron sus armas y apuntaron con ellas a la asustada chica que se detuvo en el acto.

—Deténgase ahí, ¡Identifíquese! —bramó uno de los hombres.

—Kassandra Cross. —dijo con voz trémula.

Uno de los hombres sacó una tableta electrónica. El aparto tenía dos asas de metal plateado y su centro era una fina placa de cristal. Buscó en ella y se la mostró a los demás. Todas las ciudades tenían un estricto control de sus pobladores.

—No se mueva señorita Cross.

—P-pero yo no he hecho na-nada.

—¡He dicho que no se mueva!

Un par de lágrimas recorrieron el rostro de Kass. Estaba tan cansada, asustada y triste.

—Sólo quiero irme a casa. —dijo dando un paso hacia delante.

—¡No se mueva!

—Por favor.

Kass estaba tan desconcertada que no se daba cuenta de lo que ocurría alrededor, pero los hombres sí que lo hacían. Las rocas que se habían desprendido del techo y los muros comenzaron a moverse, las más pequeñas incluso se levantaron. Los hombres la miraron aterrados, "Deténgase" comenzaron a gritar, pero Kass estaba dispuesta a demostrar que no era peligrosa. Pero las rocas la seguían no estaba ayudando. Los miembros del CBI se colocaron en poción defensiva y apuntaron sus armas hacia Kass, pero esta no se inmutó.

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