PROLOGO: Carta sin nombre

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Era una noche oscura y fría en el pequeño poblado de Ranelagh. No había un alma en las calles, las tiendas estaban cerradas y solo unos pocos autos transitaban por el lugar.

Hacía mucho que los habitantes de Ranelagh no pasaban una noche tan fría como aquella, incluso se pronosticó que hubiese nieve, pero por ahora no ocurría, y eso que el clima ya había pasado la barrera de los 0 grados.

En la parte céntrica del pueblo había una persona sentada sobre un asiento hecho de un tronco de árbol, era una persona mayor de 60 años aproximadamente, tenía el pelo dominado por canas y llevaba puesto tanto abrigo que apenas se podía mover. Era algo raro de ver, una persona tan grande, a esas horas de la noche y más aún con ese frío polar.

No muy lejos del lugar se escuchó el ruido de un auto conducido a toda velocidad, que al parecer se acercaba hacia donde estaba el señor. A medida que se iba acortando la distancia entre el auto y el centro del pueblo, la persona sentada iba sacando de sus bolsillos una bolsa negra que en su interior contenía algo no muy grande (o al menos así parecía). El auto se empezó a acercar y a pesar de la neblina se pudo divisar su llamativo y hermoso color rojizo brillante.

Cuando llegó al sitio donde se encontraba la persona mayor, el automóvil comenzó a desacelerar su velocidad y en dos movimientos quedó estacionado a unos pocos metros de donde estaba el anciano. Lentamente se abrieron las puertas del conductor y el acompañante y bajaron una mujer mayor y un hombre joven.

El anciano miró a estas personas y lentamente se levantó de su asiento para darle un beso en la mejilla a la mujer mayor y estrechar la mano del joven.

¿Hubo alguna complicación en el viaje? -preguntó el señor a la mujer arrastrando las palabras.

Ninguna, el pueblo está desierto a esta hora.

El señor sacó de la bolsa negra una caja embalada como si fuera un paquete para enviar a algún lugar, de hecho tenía un papel pegado que decía "ULTRA SECRETO" "Para el SR. _____" (donde debería haber un nombre había un espacio en blanco).

¿Eso es todo? -preguntó la mujer sorprendida

Si, está todo acá adentro -afirmó el anciano tocando suavemente la caja

La mujer se quedó mirando un rato mas el paquete y luego al anciano, pasados unos segundos suspiró y dijo:

Bueno, gracias -se dio media vuelta y miró al joven que la acompañó en el auto- Tom agarra el paquete y vámonos.

El joven llamado Tom asintió con la cabeza y sin dirigir una palabra agarró el paquete que sostenía el anciano y se despidió de él estrechando una vez más las manos, luego lentamente abrió la puerta del acompañante en el auto y subió.

Bueno, creo que es todo ¿no? -dijo el anciano mirando al joven mientras se acomodaba en el asiento

Si, mañana empezara todo, recuerda hacer el resto de tu parte. -le recordó la mujer al señor.

Madam, quédese tranquila, nací para esto.

Nuevamente se despidieron con un beso en la mejilla y la mujer subió al auto y lo puso en marcha para salir lentamente del lugar.

El anciano nuevamente solo, se sentó sobre el mismo banco de antes y sonrió mirando al auto marcharse hasta que prácticamente se perdió con la oscuridad de la noche.

Era una noche fria, muy fria, y despues de un rato lo que habían predicho los meteorólogos sucedió, empezó a caer una pequeña cantidad de nieve en el pueblo de Ranelagh.

Sunu Ikkibu (Español)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora