Segundo Capítulo

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LA CHICA TERREMOTO


Kass bajó del auto frente a un enorme edificio color cemento y se despidió con la mano mientras tía Margué y Zoe se alejaban. Miró el cielo, era el mismo cielo borrascoso con el que había crecido. Suspiró y atravesó el pasto muerto y quebradizo hasta la puerta de la escuela. La chica había considerado toda su vida que el trabajo de la escuela, más que educar, era el de controlar. Todos los niños y adolescentes debían asistir a las aulas de manera obligatoria.

Entró por las puertas dobles y se internó en el mar de gente que iba y venía. Resultaba un tanto difícil avanzar entre los excitados jóvenes que hacían planes para el verano, aunque Kass no entendía el por qué. Los únicos lugares "decentes" para vacacionar se encontraban lejos y eran zonas de tratamiento ecológico para eliminar la contaminación, por lo tanto eran muy caros y estaban llenos hasta el tope. Y, por lo que ella había escuchado, jamás serían tan bonitos o impresionantes como los de las viejas fotografías y eso les quitaba demasiado atractivo, al menos para ella.

Tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para alcanzar las escaleras y cuando las subió le costó un poco más llegar hasta su taquilla. Ella colocó la palma de su mano sobre el sensor y esta se abrió con pequeño chasquido. Empezó a revolver buscando lo que necesitaba lo más rápido que podía para dirigirse a su primera clase, ella trataba con todas sus fuerzas no llamar la atención. Cerró la puerta de su taquilla y se giró. Cuando vio un destello de cabello castaño. Esto no podía ser verdad, se dio la vuelta y trato de escabullirse entre la gente. Pero esta se apiñaba y se movía junta, arrastrándola al lugar del que intentaba escapar. Cuando las personas se separaron y se disponía a huir a toda velocidad, le llegó una voz que la hizo temblar de rabia.

—¡Miren es Kassandra Cross!, ¿Cómo estás chica terremoto?

Kass se giró y encaró la voz. No podían existir dos personas más diferentes. Kass tenía una espesa y rizada cabellera negra, unos vivos ojos azules, su piel era apiñonada y vestía una chaqueta y botas de gastada piel negra. La chica frente a ella tenía un ondulado y suave cabello castaño, unos profundos ojos marrones y un suave bronceado que a kilómetros notabas que era artificial. Las dos chicas se miraron con aprensión haciendo Kass deseara haber sido un poco más rápida.

—Hola Chelsea. — dijo Kass con la voz más fría que pudo evocar.

—¿Sabes?, estaba deseando verte, quería que aprobaras mi petición.

Chelsea extendió la mano para colocar frente al rostro de Kass una tableta electrónica, como las que estaban fuera de lo clubes para que te anotaras, y la sostuvo para que la otra chica pudiera leerla. En el encabezado, con letra curvilínea estaba escrito "Petición para un piso más blando".

—¿Qué demonios significa eso? —preguntó indignada apartando bruscamente la tableta.

—¡Wow! una que intenta hacer un acto de caridad y mira como le pagan. Es obvio que lo estoy haciendo por tu bien. Nadie quiere que te de un ataque, te caigas al suelo y te golpees la cabeza. Aunque deberías admitir que sería muy divertido.

—YO-NO-NE-CE-SI-TO-TU-CA-RI-DAD.

Se giró sobre sus talones he intento alejarse pero, como buena reina de la escuela, Chelsea no iba a dejarla ir tan fácil. La comenzó a seguir haciendo bromas de su enfermedad, de sus padres muertos y sobre sus tíos que la habían acogido por compasión. De aquí y allá salían risitas amortiguadas de los estudiantes de New Day High que disfrutaban de la tortura hacia los demás. Kass estaba perdiendo la poca paciencia que le quedaba y Chelsea no estaba dispuesta a parar hasta que tuviera una razón para que suspendiesen o hasta hacer llorar a la chica de cabello oscuro, tal vez, si tenía suerte, ambas. Kass rechinaba los dientes y apretaba los puños tan fuerte que tenía los nudillos blancos.

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