Capítulo 08: Última mirada y despedida

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La mañana del domingo amanece como cualquier otro día. Fresco invernal combinado con un brillante sol y algo de viento, aunque no frío, de hecho, conforme va avanzando el día la temperatura se vuelve bastante agradable, lo cual no es excusa para dejar los chaquetones en casa.

—Hola, Hermes.
—Buenos días, Cristina. Pasa —le dice él abriéndole la puerta—. Aún tenemos que esperar a Margaret, ha dicho que vendría en coche, la trae su padre, dijo que así podía llevar toda la comida y los preparativos.

No tarda mucho en aparecer y se van todos juntos al mirador. Allí les esperan Iris y Frank, sentados en una de las mesas de picnic en la que Hermes y Margaret colocan todas las bolsas y aperitivos que han traído.

—Jo, solo son las diez y ya me están entrando ganas de empezar a comer, ¿y si adelantamos la comida un par de horas? —propone Frank.
A lo que Iris contesta fríamente:
—Si metes la mano en alguno de los platos antes de que estemos todos te la corto, y la mano también. ¿Te ha quedado claro?
—Iris, vas a asustarle —se ríe Cristina, que ya conoce a su amiga de sobra y sabe que pese a su actuación lo ha dicho en broma.
—Si es para eso, para que se asuste y no coma, que este es capaz de dejar los platos limpios si se lo propone.
—Pero ¿qué imagen tenéis de mí las mujeres? Si yo soy muy buen tío —se defiende él.
—Sí, sí, eso decís todos y luego las manos van a lo que van, que las tenéis muy largas.
—Y la mano también, ¿no?
—Ah, no, esta vez sí que me refería a las manos.

Fabio llega junto a Alexa treinta minutos más tarde que los demás. Puesto que vive cerca han decidido aprovechar para no venir solos, aunque prácticamente no han tenido una conversación de verdad entre ellos en toda su vida de vecinos.

—Miranda al final no va a poder venir —informan.

En un principio la mañana transcurre tranquilamente y de forma muy agradable. Hablan, juegan a las cartas, discuten sobre temas variados, comentan algunos cotilleos sobre las pijas de la clase y marcha todo muy bien. Después de comer Iris empieza a dar un discurso motivador:

—Aunque este tiempo atrás no hayamos sido muy amigos y no hayamos tenido mucha relación, me alegra poder pasar esta mañana contigo, Margaret, y también con los demás, que espero que esto se repita. No veo motivo para seguir separados en pequeños grupos, creo que juntos estamos mucho mejor.
—Me sorprende que digas eso, Iris, tú que siempre dices que son mejores los grupos pequeños de tres o cuatro personas —le contesta Fabio.
—Hoy es que se ve que estoy rara, pero la cuestión es que lo estoy pasando bien. Lo único es que me da lástima que justo ahora que empezábamos a ser amigas tengas que irte —dice dirigiéndose a Margaret, que se empieza a poner nerviosa al notar que ha desvelado su secreto antes de que lo hiciera ella misma.
—¿Irte? —pregunta Alexa—. Pero si aún falta mucho para que se vaya, jajaja, además, que eso no es seguro, podría quedarse si quisiera más tiempo. De todas formas no es algo que se deba hablar ahora.
—¿No se lo has contado aún? —le pregunta Hermes enfadado a Margaret.
—¿Contarme qué?

A raíz de aquello y por presión no solo de la situación sino también de los demás, Margaret tiene que contarle la verdad. Como cabe esperar la noticia no le sienta nada bien, y que la persona en la que más confía haya tardado tanto en contárselo le sienta aún peor.
Se enfada mucho, e incluso se entristece a la vez.
Los demás se alejan un poco para dejarles intimidad a las dos, que se ponen a discutir.

Finalmente la cosa parece calmarse un poco, aunque aún está todo muy tenso.

—Alexa, perdóname por habértelo ocultado, no quería hacerte daño.
—Sé que no es culpa tuya que tengas que irte, pero... No soporto la idea de perderte.
—Quizás... Mi familia me deje venir en verano, podemos seguir hablando por video-llamada y mensajes, las relaciones a distancia son complicados, pero podemos intentarlo, yo tampoco quiero perderte, te quiero mucho.
—Haré lo que sea por seguir contigo. Incluso podría ahorrar para ir en verano a verte si no vienes.

Se besan y puesto que todos las ven, saben que ha terminado la discusión con el mejor de los resultados.
Consiguen salvar la tarde y continúan en el mirador hasta que anochece y se marchan a casa.

Puesto que es probablemente la última noche que podrían pasar juntas, la familia que acoge a Margaret le da permiso para dormir en casa de Alexa (claro que esta familia no tiene ni idea de que son pareja y piensan que solo son buenas amigas).

Una noche muy especial para las dos en las que sobran los detalles y no faltan los primeros momentos. Una noche que no olvidarán ninguna de las dos por muchas vueltas que de la vida.

Margaret vuelve a su país de origen con la promesa de volver a encontrarse en verano con Alexa. Ambas volverán a verse un par de veces más, pero, con la distancia y el tiempo, la relación se va enfriando hasta llegar a su fin.

Y así termina la historia de la primera relación seria de Alexa, de la que tardará unos meses en recuperarse.

***

—Estoy un poco triste por lo de Alexa —le comenta Hermes a Cristina el día en que despega el vuelo de Margaret.
—Sí, me siento igual, me da mucha pena, pero no se puede hacer nada para evitarlo. Supongo que nada es para siempre y todo tiene un final. Estas cosas pasan.
—Por suerte nosotros vivimos cerca y no nos vamos a separar por viajes ni mudanzas.
—Hermes, en realidad... Bueno, ya sabes, el año que viene comenzamos la universidad, así que supongo que también tendremos que llevar una relación a distancia, siempre que tú quieras seguir conmigo, claro.
—Por supuesto que quiero, no me importa si vivimos lejos o cerca, yo te quiero igual.

Cristina se queda pensativa y decide no adelantar acontecimientos:

—No le demos más vueltas al tema, todo irá como tenga que ir. Vivamos el presente, Hermes —le besa.
—Sí, tienes razón. No merece la pena pensar en el qué vendrá. Lo importante es que estamos juntos ahora, vamos a aprovecharlo.

Continuará...

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