Capítulo 15

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A escasos metros del Park Lane Hotel London, estaba seguro de que Komarnicki y su familia se hospedaban allí. Compró el The Guardian en un quiosco optó por usar gafas de sol redondas con cristales amarillos. La imagen que entonces lucía distaba del chico que semanas atrás impartía clases en un centro de privado. León tenía en su cabeza una secuencia trazada de los hechos. Las posibilidades eran muchas. Las probabilidades, pocas.

En las páginas internacionales del diario aparecía un pequeño texto relacionado con Polonia. Un periodista había sido víctima de un atentado terrorista. Las fuentes oficiales lo atribuían a las células anarquistas. Era el coche de Kowalczyk. León no mostró gesto de arrepentimiento. Cerró el periódico y lo guardó bajo el brazo. El Park Lane Hotel London tenía blindada la entrada con seguridad invisible. León peinó la zona y entendió que no podría estar mucho tiempo caminando por allí antes de que algún guardia notara su presencia. La vida en Londres era un constante estado de alerta. Demasiada gente para sentirse seguro.

Los guardias comenzaron a mirarlo con incomodidad, León se movía de un modo extraño. Simuló hacer una llamada cuando vio varias personas salir del hotel. Eran Zofia y su madre, la señora Komarnicki. Subieron a un taxi y salieron en dirección opuesta.

León tomó otro taxi y ordenó al conductor que siguiera al coche.

Bordearon el hotel por Brick Street para llegar a los alrededores del famoso Arco de Wellington. El tráfico era denso, el sol salió de nuevo.

—Esta ciudad necesita ser construida de nuevo —dijo el taxista, un viejo inglés rollizo con camisa de cuadros y tatuajes del West Ham United que bordeaban sus muñecas.

—No pierda de vista al coche —dijo León.

El taxi de las Komarnicki se detuvo. Zofia y su madre bajaron en la plaza del Duque de Wellington. León las siguió a pie, manteniendo la distancia. Sólo tenía que ir tras ellas hasta llegar a un lugar tranquilo.

Cruzaron y continuaron paseando, adentrándose en Hyde Park. El parque aún estaba verde, debido a la lluvia y a la ausencia de frío. El otoño cambiaba su hoja y pronto la enorme extensión se convertiría en un secarral gris bordeado de nieve y barro. León miró a su alrededor, el tiempo se le acababa. Pronto, las doncellas abandonarían su paseo para encontrarse con Roman.

Algunos jóvenes jugaban a la pelota en una zona verde. Madre e hija caminaron lentamente, tomando fotos con sus teléfonos móviles. León vio a Zofia a lo lejos, su rostro no deslumbraba felicidad, ni siquiera una mueca de excitación. Bajo la mirada de sus cristales amarillos, el pelo teñido de rubio platino y la vestimenta oscura, caminó hacia la niña. Ambas se dieron cuenta de la presencia. El crujir de las piedras en los zapatos. El silencio infinito como banda sonora. León se detuvo frente a ellas y sonrió. La mujer tiró del brazo de la joven.

—Vamos, Zofia —dijo en polaco.

—Es él, mamá.

—¿Cómo? —Dijo la mujer. Cuando se quiso dar cuenta, León se encontraba a un metro de distancia. La señora Komarnicki lo miró aterrada.

—Vámonos, Zofia —dijo León ofreciendo su mano.

—No la toques —dijo la madre —. Llamaré a la policía

—Cállese —dijo en un golpe seco —. Vámonos, Zofia.

—¿Qué te ha pasado?

—Tenemos que irnos.

—¿Cómo sabías que estaba aquí?

—Tu padre se encargará de esto —dijo la madre buscando el teléfono.

—Cállate —ordenó la joven —. No nos hará nada.

—Tu padre —dijo León —. Él me trajo hasta aquí.

—No escuches lo que dice, Zofia.

La joven dio un bofetón a su madre. La mujer se ahogó en un silencio.

—¿Que es lo que quieres, León? —preguntó Zofia.

—Vámonos.

—¡No! —dijo Zofia, soltándose —. Dime... ¿Qué es lo que quieres?

—¿No lo entiendes, Zofia? —dijo —. Te quiero a ti.

La joven sonrió.

—Adiós, mamá.

La mujer, paralizada, rompió en un sollozo. Su hija desaparecía en la lejanía de la mano del profesor.

El Profesor: un thriller de acción y romance prohibidoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora