Parte 5.

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Pensarás que soy estúpido porque nunca la seguí. Pero sí lo hice. Cada paso que yo daba, ella lo superaba rápidamente. Doblaba en alguna esquina y, cuando yo llegaba, no quedaban rastros de ella. Desilusionante. Así que dejé de hacerlo. No fuera a ser que me tomara por una especie de acosador obsesionado con ella. Espera, sí estaba obsesionado con ella.

Las meseras del café ya no tomaban mi órden. Sabían exactamente lo que quería y del modo en que lo quería. Supongo que ya era un cliente frecuente. Para ser sincero, al principio, el café no me parecía tan bueno pero ella me hizo acostumbrar a él. Hasta que después de dos o tres meses, no podía imaginarme tomando otro café que no fuera el de Jakky's.

Si, ella lo provocó. Evitaba salir de la ciudad, ponía excusas para estar en ese lugar a las tres de la tarde, sólo para verla. Era como un trato. Yo iba y ella aparecía. Me parecía casi justo. Lo que me fastidiaba era no saber siquiera su nombre. No sabía de ella más que lo obvio. Pasaba por la acera frente al café todos lo días a las tres de la tarde, vestía un abrigo marrón, algo gastado, que le quedaba grande, tenía el cabello por la cintura, de color rojizo, no quiere ser deletreada. Datos que parecían demasiado precarios luego de ocho meses ocupando la misma silla en el café.

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