Parte 4.

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Una tarde me paré en la acera, a esperarla. Dieron las tres y ella no apareció. Alcé la mirada y pude verla sentada en la mesa en la que solía sentarme. Fue alucinante. La tenía atrapada. Sin embargo, cuando esperé a que el auto se retirara para poder cruzar, ella desapareció, cómo si se hubiera esfumado en el aire. Vi a la mesera tomar la paga y la taza y pasar un trapo sobre la mesa.

Ese día estuve en el café más que lo usual. Miraba el lugar en el que sus uñas pintadas de negro habían golpeado una y otra vez marcando la madera. Me imaginaba sentado como ella, de perfil al ventanal. Delineaba sus labios y el modo en que se colocaba el cabello detrás de la oreja, en un personaje que terminó siendo una nueva víctima. Rubia, ojos azules, alta y esbelta. Nada parecido a la chica que veía cada tarde.

Un nuevo fracaso que sumar a un pilón de descripciones erradas e historias que no encajaban con aquel misterio que Me desvelaba.

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