Capítulo 1: May.

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Okay. Es hora. Respira hondo. Recuerda lo que el Sr. Caldwell te dijo sobre salir del closet: te sentirás mucho mejor luego de quitarte ese peso de tus hombros.

Pensé para mí misma, mientras miraba mi corto cabello negro en el espejo, esperando que mis padres me permitan dejarlo crecer cuando finalmente les diga. Mi madre regresaría del trabajo en unos 15 minutos y mi padre ya estaba en la oficina haciendo quién sabe qué en su computadora. Caminé hacia mi closet mirando mi ropa, toda tradicionalmente masculina, los colores azul, verde y negro eran lo que más se veía, en los últimos meses estuve usando las ropas más femeninas que tenía, que no eran muchas, por lo que tuve que lavarlas casi todos los días.

Mis padres, Sr. y la Sra. Nguyen, no siempre son de las personas que más aceptan, ambos son física y socialmente conservadores, incluso es asuntos de inmigración, y eso que ambos de sus padres inmigraron de Camboya; se convirtieron del budismo al evangelio poco después de casarse. La Sra. Nguyen fue a la escuela de medicina, y ahora trabaja como cirujana cardiotoráxica en el hospital presbiteriano de Nueva York. El Sr. Nguyen es un profesor de economía en la NYU. Están bastante acomodados y me envían a una escuela sólo para chicos prestigiosa y cara llamada preparatoria Hanover.
Han donado una considerable suma de dinero a la campaña de Ted Cruz.
Son todo lo que no quiero ser.

He oído repetidamente, de la Iglesia y de mis padres que ser LGTBQ+ está mal. He oído que solo hay dos géneros, femenino y masculino, que los individuos trans están  confundidos o pasando por una 'etapa' y que todo aquel que piense lo contrario se irá al infierno.

La primera vez que sentí disforia de género fue en 7º grado y estaba aterrada, obviamente, no tenía idea de que me sucedía por mi severa falta de educación en el tema, pero luego de hablar con mi orientador y mejor amigo virtual, el Sr. Caldwell, finalmente me di cuenta de quien era: una chica. La forma ultra-masculina en la que fui criada no conectaba con cómo me sentía en el interior.

Con la ayuda del Sr. Caldwell, decidí cambiar mi nombre de Ryan a May, y cada vez que él me llama May mi humor mejora 1000%

He decidido finalmente decirle a mis padres acerca de esto, con un poco de optimismo, lo aceptarán, y tal vez me permitan terapia de hormonas e incluso cirugía de cambio de sexo.

Estaba increíblemente nerviosa, no tenía idea de que sucedería. Mientras esperaba que mi madre llegara, me entretuve repitiéndome a mi misma que incluso si ella no está de acuerdo, sigue siendo mi madre, y de todos modos me amará y aceptará.

Finalmente, oí el inconfundible sonido de la puerta abriéndose y luego cerrándose en el piso de abajo, seguido de el golpeteo de los tacones de mi madre contra el duro suelo de azulejos y me levanté de la cama, imaginando todas las cosas que podrían salir mal al tiempo que cruzaba mi habitación y respiraba profundo tres veces delante de la puerta.

Tu puedes hacer esto, May. Tres. Dos. Uno.

Y abrí la puerta en un momentáneo lapso en mi cordura, bajé lentamente las escaleras de madera, tomada con fuerza de la baranda tanto por los nervios como para no caer en mis medias peludas color violeta; entré en la cocina donde se encontraban mis padres, mi madre con su teléfono y mi padre en la encimera, respiré profundo por última vez, dispuesta a hablar, pero me interrumpió ella notando mi presencia.

– Hola, cariño –me dijo con su usual sonrisa empalagosa y su tono dulzón mientras me abraza como oso.

– Hola, mamá –dije con mi voz ligeramente temblorosa. Ella cabeceó y se dirigió a la heladera, donde tomó varios ingredientes para hacerse una ensalada; comenzó a cortar los tomates para luego mirar hacia arriba, preguntándose por qué todavía estaba allí. Lo más usual era que pasara una ridícula cantidad de tiempo en mi habitación, en Netflix, Tumblr o YouTube. Ella sabía que yo quería algo pues todavía no había volado de vuelta a mi refugio seguro.

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