Thirty

1.9K 84 1

La miro durante unos segundos que no ha dicho nada y sigue abrazada a mi.

-Eh, ¿me cuentas lo que te pasa? -Le pregunto acariciandole el pelo con cuidado.

-Sí. -Dice no muy segura, me da la mano y me lleva hacia su cama haciendo que me sienta a su lado.

-A ver, es difícil...

-Tu ten paciencia. -Susurro. -Y cuéntamelo tranquila.

-Yo hace tiempo estuve saliendo con uno, hace dos o tres años. Estaba muy pillada por el, y un día me la jugó. -Traga saliva y se vuelve a esconder en mi pecho. -Me humillo delante de todo el instituto diciéndome que estaba conmigo por una apuesta, que quien iba a querer salir conmigo si soy muy fea y estaba gorda. Que me lo iba a hacer pasar muy mal, el y el gilipollas con el que hiciera la apuesta. Pero menos mal que estaba mi hermano, que me defendió muchísimo y por suerte no me hizo nada más.
Desde ese día me prometí a mi misma que iba a cambiar, y que ningún chico se reiría más de mí.

Tragó saliva y una lagrima recorre mi mejilla, joder si es que soy gilipollas por hacer la apuesta. Nos quedamos en silencio y esta vez el que más llora de los dos soy yo porque joder, le he hecho daño a una de las personas más buena de este mundo, no se lo merece.

-Jesus, ¿estás bien? -Pregunta y niego.

-Marina... -Susurro. -Hay algo que creo que debes de saber.

-¿El que?

Me seco las lagrimas y la miro finamente a los ojos.

-No me mereces. -Digo. -El otro de la apuesta... Era yo. -Admito con miedo mirando al suelo. -Joder no sé cómo he podido hacerte daño, no te conocía, de verdad que yo te prometo que...

Levantó la vista para mirarla pero recibo una bofetada de su parte.

-¡Jesus no me esperaba esto de ti!

-Éramos unos crios. -La miro. -Marina, yo no sabia quien eras, no te conocía de nada. Pero sé que vales mucho más que eso, y que no me permitiría perderte, porque joder, te necesito a mi lado para seguir adelante.

Ella me mira unos segundos que se hacen eternos y empieza a llorar, no.

-Jesus, quiero que te vayas...

-¿Qué?

-Por favor. Necesito estar tranquila. Y sé que si tú estás aquí me voy a enfadar contigo y no quiero, porque no tienes la culpa de todo esto, así que por favor te pido que te vayas y cuando esté mejor te prometo que te voy a llamar, ¿vale?

Abro mis brazos para que me abrace y lo hace, esto no es un adiós, es un hasta luego.

-Te doy todo el tiempo que necesites, mi niña. -Susurro dejando un beso en su pelo.

Me separo de ella y salgo de la habitación despidiéndome con la mano y me sonríe.

***

Cierro la puerta de mi casa con fuerza, haciendo que mi madre venga corriendo preocupada.

-¿Estás bien hijo? -Pregunta.

-Sí mamá, no te preocupes. -Intento sonreír pero me sale una mueca rara.

-Bueno, lo que tú digas. -Sonríe y viene a darme un beso. -Estaré en el jardín si me necesitas.

Miro atentamente como sale al jardín y esta vez sí que sonrío de verdad, mi madre es uno de los pilares más fundamentales de mi vida.

Subo a la habitación, estaba mi hermano Dani dentro y al verme llegar me mira atentamente.

-Has estado llorando. -Dice levantándose de la cama y viniendo hacia mí. -Jesus. -Dice al ver que no respondo.

-Yo... -Comienzo mirando al suelo. -Soy gilipollas joder, ya la he perdido.

Ni un minuto más {Gemeliers}¡Lee esta historia GRATIS!