Capítulo 1- Más allá del Distrito 13.

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Caminaba acelerada por los pasillos del Distrito 13. Había vuelto a tener una pesadilla. Después de casi dos años de haber salido de la arena, aún soñaba con aquella tortura.

Aquella flecha no me mató, pero debería haberlo hecho. Fue gracias al brebaje azul que me trajeron los patrocinadores, ese que estaba en la caja de acero con mi nombre. Al parecer no solo servía para curar, te mantenía con vida cuando estabas al borde de perderla. Hacia que tus pulsaciones disminuyesen a tres por minuto, pero gracias a esos efectos, esas tres pulsaciones te mantenían viva. Era prácticamente vivir estando muerta. Los del Distrito 13 lograron infiltrar ese brebaje a la arena para mantenerme viva si acaso llegaba a estar al borde de la muerte. Aún no se como lograron infiltrarlo.

El aerodeslizador que vino a recogerme, también era del Distrito 13. Al parecer, alguien del Capitolio contó a los del 13 lo que hice al monigote en la prueba con Vigilantes, que le pinté la palabra Capitolio y le lanzé un hacha. Un claro acto de rebeldía. Pensaron que tal vez mi cara podría utilizarse para una futura rebelión que querían organizar, ya que obviamente no tenía mucho aprecio al Capitolio, quería matar a Snow más que cualquier otra persona, y yo a él tampoco le caía precisamente bien. Sin embargo, sabía que ahora contarían antes con Katniss Everdeen para que fuese el símbolo de una posible rebelión futura que conmigo, ya que ella desafió las reglas del Capitolio delante de todo el país, y la gente gracias a ella se está uniendo, se están revelando. También sé que contarían antes con ella, porque técnicamente yo estoy muerta.

Paré en seco enfrente de la cafetería, dispuesta a coger algo para comer. Todo el mundo miraba la televisión con atención. Entré, y ahí estaba Caesar, hablando.

-¡Vaya, estos dos últimos Juegos han sido muy emocionantes! Los dos cargados de historias de amor imposibles, aunque Peeta y Katniss han logrado estar juntos, a diferencia de Finnick y... -Se llevó una mano a la frente. -¡No puedo pronunciar el nombre de la chica de hielo sin que se me rompa el corazón!

Unas cuantas miradas se dirigieron a mi, y yo reí levemente.

-Ya casi han pasado dos años desde aquello, pero hay tributos que siempre se quedan en nuestros corazones. -Oh, Caesar, que bonito. -Sin embargo, Finnick ya ha encontrado a alguien, o eso parece.

Unas imágenes aparecieron a su espalda, Finnick estaba de la mano de Annie Cresta, una chica pelirroja del Distrito 4, también vencedora. Saludaban a la gente animadamente, y luego se miraron dulcemente. Finnick apartó un pelo de la cara a Annie.

Como lo hacía conmigo.

Y luego la besó delante de todos.

El corazón se me encogió y noté una punzada de dolor en él. Sabía que ellos estaban juntos, fue oficial hace un mes y medio, pero cada vez que sacaban imágenes suyas el corazón se me rompía en mil pedazos. Después de dos años, aún seguía enamorada de él.

-Seguro que Clarie estará contenta de que haya encontrado de nuevo el amor. -Dijo Caesar con una triste sonrisa.

Tenía razón. Debería de estar contenta. Él pensaba que yo estaba muerta, morí entre sus brazos en la arena con una flecha en el estómago, y ahora tenía todo el derecho a rehacer su vida con quien quisiera, además, Annie era buena chica, seguro que no tenía esos cambios de humor de niña pequeña como yo, ni era tan impulsiva. Era dulce, frágil, alguien que desprendía amor por los cuatro costados. Era lo que Finnick necesitaba, sin embargo no podía evitar ese dolor en mi corazón.

Levanté la vista y vi que un par de personas me estaban mirando, algunas indiferentes y otras compasivas.

-... tercer Vasallaje de los 25 está a la vuelta de la esquina! Tan solo queda un mes, os prometo que no puedo esperar un segundo más... -Caesar seguía hablando, pero salí de la cafetería, agobiada.

Aquel lugar me agobiaba, podía conmigo. No soportaba pasar el día en la oscuridad. Llevaba dos años bajo tierra.

Tomé una decisión.

Ya había intentado escaparme más veces, y siempre me pillaban, pero estaba dispuesta a intentarlo una vez más. Daría lo que fuera por volver a sentir los rayos de sol y la fresca brisa sobre mi piel.

Andé decidida hacia la salida. No me encontré a ningún agente en el camino, ya que era la hora de comer. Llegué a la puerta de las escaleras que conducían al exterior, y vi que el agente de guardia hablaba con una chica. Miraron hacia los lados, para comprobar que estaban solos, y de pronto, se miraron con deseo y comenzaron a besarse. Cada vez se besaban más apasionadamente, y se metieron en una habitación que había alado.

Sonreí con satisfacción y salí de mi escondite. Subí con sigilo las escaleras que el guardia dejó solas por irse con aquella chica, y abrí la puerta.

La luz del sol me cegó por unos segundos, los ojos me picaban. Parpadeé un par de veces.

Mejor.

Miré hacia los lados. Estaba sola. Sabía exactamente el camino que había que tomar para llegar a la estación de tren que llevaba al Distrito 12.

Volví a mirar hacia los lados, cogí aire, y empezé a correr. No podía detenerme.

La luz del sol me abrasaba, ya que llevaba prácticamente dos años sin sentirla. Mi piel estaba totalmente pálida y no reaccionaba bien a los rayos de sol. No paré de correr hasta llegar a la estación.

Me senté en el suelo esperando al tren, que llegó en media hora, vacío, chirriante. Paró a penas dos minutos y subí sin vacilar.

Arrancó de nuevo, y sonreí ampliamente.

Después de dos años, salía del Distrito 13, después de dos años, volvía a ser libre.

Me asomé por una ventana dejando que el viento revolviese mi cabello, y la euforia y adrenalina me invadió. Pegué un grito de satisfacción, y volví a sentarme en el tren. Era libre.

Desgraciamente, la libertad no duró mucho tiempo.

El verdadero amor de Finnick Odair II.¡Lee esta historia GRATIS!