Cada vez que ocurrían un par, el hambre pasaba a ser intrascendente. Sin embargo, el frío se aferraba a mi piel como si fuera su lugar asignado por Dios. Ambas cosas resultaban innaturales a mi exigua humanidad. Pero se arrastraban, me perseguían a través del espacio, donde ya no podía ser yo, donde no podía ser lo que antes llamaba yo. Donde no me preguntaba si realmente era, qué cosa, o si acaso existía. Donde las motas de polvo brillaban sobre mi lengua, así, como la nieve en la Tierra. Ahora las estrellas me parecen bolas aletargadas y perezosas, y me llena de rabia sentir envidia.
Durante los ciclos que llevo estacionado en el planeta "2-22E", no he aprendido por completo las medidas del tiempo. La cabeza me palpita y a veces la sensación baja al estómago y me produce escozor extraño. He desarrollado profundamente ese sentimiento que ellos llaman "melancolía". Hay muchas cosas que no comprendo...
(Su gravedad me hace divagar).
Mis manos lucen extrañas, y mi cuerpo vacila entre los astros. Comienzo a temer de la oscuridad y soledad del espacio y eso representa la mayor amenaza. No quedará más que ser de carne y hueso, sin probarla de nuevo jamás.
Sin placer, sin inhibición.
