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Karen fue a buscarme muy temprano por la mañana. Las excursiones comenzaban ese día. Solamente había logrado acomodar la mitad de las cosas de mi valija porque me había quedado dormida pensando en aquella escena que aún no podía comprender del todo. Yongguk era un hombre que se cruzó conmigo en un restaurante y por alguna razón se había convertido en alguien especial. No podía dejar de ver su imagen en mi cabeza, tanto si mantenía mis ojos abiertos o cerrados. Aún había cosas que quería entender. La causa de mi sumisión en un momento de la cena era una de las mayores incógnitas.

Debíamos empezar por la ciudad más lujosa. Todos vivían allí siempre ostentando. Era interesante ver como algunas personas se pegaban a las vidrieras mientras otras salían de las mismas tiendas con los brazos atestados de bolsas. Teníamos el típico clima de verano aquel día. Mis labios se habían resquebrajado un poco por la salsa de la comida de la noche anterior y ardían ahora que tomaba jugo de naranja.

Ver esos lugares repletos de gente que no notaban mi presencia me agradaba. Había prometido no ser la misma, había prometido cambiar, pero intentar ser invisible no parecía ser una violación a mi promesa. Me había llenado de aire contaminado, pero me parecía el más puro aire de campo. Optimismo. Creía que era un nuevo comienzo y le agradecía a mi terapeuta por haberme incentivado a venir.

Mi traductora era muy alegre, buscaba la manera de hacerme reír siempre que podía y tenía la mejor predisposición. Además de su belleza tenía inteligencia. Se notaba mucha seguridad en sus palabras y su caminata distinguida la hacía parecer una diplomática importante. Caminando a su lado supe que su padre había fallecido dejando a su abuela muy deprimida y obligando a su madre a buscar un trabajo. Por el futuro y bienestar de su familia decidió ir a la Universidad así que estudió mucho y obtuvo una beca que además utilizaba para ayudar a su madre. Llegado el tercer año de su carrera comenzó a ayudar con los intercambios. Yo era la primera mujer con la que trabajaba y la que se iba a quedar menos tiempo.

Conociendo su pasado mi imagen de ella cambió un poco. Metida en ese uniforme que solo podía dejar de usar una vez por semana, parecía la directriz de un orfanato; pero con los ojos llenos de lágrimas ahogadas, solamente era otra mujer de 23 años.

Al llegar el mediodía tuvimos que elegir un lugar para comer y fue mi guía quien me dirigió hacia allí. Entramos al lugar y en él vi el fiel reflejo del lujo. Los pisos brillaban y las grandes mesas de roble se separaban por mucha distancia la una de la otra. El ambiente era agradable pero no podía dejar de sentirme como un bicho raro. Mientras ordenábamos iba aprendiendo algunas palabras, admiraba la infraestructura y observaba el comportamiento de las personas que trabajaban allí. Ordenamos y esperamos...y esperamos, así que decidí ir al baño antes de comenzar a comer si es que la comida llegaba algún día. No entendía por qué los empleados se movían con esa rapidez si no había casi nadie en el local.

Cuando salía del baño el destino se me cruzó. Lo sabía. Así como aquel lapsus en el que olvidé lo que él y Karen habían hablado, así también olvidé lo que había hecho hasta ese momento. Qué había visto en el camino, qué había ordenado para comer, qué hacía parada frente a él una vez más. Esperaba que me reconociera, que supiera que se trataba de mí.

Un calor había comenzado a acercarse a mi cara cuando lo vi. Por mi mente pasaban imágenes sobre posibles resoluciones a ese encuentro y el calor aumentaba. Pensaba continuar caminando y hacer como si nada hubiera pasado, solamente para saber si él me recordaba. Salí de mi lugar en frente suyo y me posicioné a un costado. Como una repetición de la noche anterior su cuerpo se quedó inmóvil.

-Bo..bonito vestido- atinó a decir- Creo que esto es a lo que llaman destino-sentenció.

Él también lo sabía entonces, sabía que algo nos conectaba.

-Gracias. No suelo vestirme así, pero tú sabes, el lugar...-No sabía qué decir, solamente soltaba palabras para que él tuviera algo que escuchar y yo pudiera seguir sintiendo su aroma.

- ¿Estás sola?

-No, ella vino conmigo

-Oh...

No era la única intentando encontrar palabras para que la conversación continuara. Atiné a seguir mi camino, pero sus palabras me detuvieron.

- ¿No vas a detenerme esta vez? - dijo, en un tono de voz casi inaudible, casi como si sus pensamientos se hubieran escapado de su cabeza.

-Si soy la que está tratando de irse, tú eres el que debería detenerme

Una vez más sus facciones se congelaban como si hubiera escuchado las peores palabras. Bajó la mirada, que nunca se cruzó con la mía y continuó su camino de salida.

Volví del baño como si nada hubiera ocurrido y mientras buscaba mi mesa, trataba de vislumbrar la imagen de aquel hombre ¿Seguiría en ese restaurante? Al llegar a mi lugar, los platos me esperaban cubriendo todo el cuadrado de roble. El aroma era delicioso.

-Entonces, acerca del hombre que vimos anoche...

- ¿Qué? ¿Quieres saber su nombre?

-Yo...de hecho ya se lo pregunté

- ¿Eso era lo que estabas haciendo cuando sostenías su brazo? Eres valiente...

- ¿Está mal hacerlo?

-Ni siquiera lo conoces y vas y sostienes su brazo como si le rogaras para que se quedara...

Era lo que intentaba hacer en realidad.

-No lo sé. Solamente preguntó por tu nombre y qué estabas haciendo aquí. Trató de preguntártelo a ti, pero parecía que tu mente se había escapado de tu cuerpo. Pensé que era por el jetlag así que por eso fui yo quien respondió

- ¿Le diste información sobre mí, pero nunca le preguntaste su nombre?

-Lo siento. Tienes razón, era un extraño...pero, por un momento sentí que moriría si le preguntaba así que decidí no hacerlo

- ¿Y qué pasa si es uno de esos mafiosos que buscan a chicas extranjeras para secuestrarlas y luego venderlas en el mercado negro?

- ¡Por Dios, no digas eso!

Comencé a reír. Karen lucía tan horrorizada. Era obvio que no creía que aquel hombre pudiera hacerme daño. Levanté la vista una vez más pero todavía no lo encontraba. El lugar se había llenado hasta que salí del baño y por eso se hizo más difícil ubicarlo.

Luego del remordimiento que le di a Karen, continuó hablando, pero yo no la escuchaba. Revolvía mis fideos con los palillos que no sabía usar y tomaba grandes sorbos de agua. Aquella conversación debió haber sido interesante sin embargo me la perdí al quedar absorta en la imagen de...Yongguk. Algo no me dejaba decir su nombre libremente, todavía me sonaba a locura, algo que debía mantener en secreto.

Seguía sintiendo a mi traductora explicándome cosas y mi mirada seguía yéndose a otros lugares, buscándolo. En una de esas fugaces miradas, lo encontré. Me miraba desafiante, amenazante. Sus ojos oscuros parecían desear algo violentamente. Un escalofrío recorrió mi espalda y tuve que dejar de mirarlo instantáneamente ¿Cómo podía ser la misma persona aquella que iluminaba toda una habitación con su sonrisa y oscurecía todo a su alrededor con la mirada?


I'm gonna make you love me  [BangYongguk]¡Lee esta historia GRATIS!