—¡Aléjate! —Escuchaba sus gritos de horror y tristeza, combinado con algo de rabia.—. Te juro que si te sigues acercando te golpeare con el cuadrado que traigo en mis manos hasta que empieces a desangrarte.

—¡Jamás me apartaré! ¡Por favor necesito que me escuches! —No podía respirar, me costaba mucho poder pronunciar alguna palabra.

Yo también sentía lágrimas recorriendo por mis mejillas, ella no era la única que tenía rabia.

¿Para qué tenía que aceptar una maldita apuesta solo para hablarle?
Le pude hablar sin hacer la apuesta, nos pudimos enamorar sin tener que cargar yo el peso de la apuesta.

Nunca imaginé que esto terminaría así, sigo llorando, ni se porque lloro.

Tal vez lloro porque sé que en estos instantes la he perdido, la he cagado como jamás lo había hecho en mi vida, esto no es como la vez pasada que se enojo, esto es grave, no es grave, estoy más que seguro que una vida junto a ella se acabo en estos instantes. Definitivamente estoy fuera de su vida.

—¡Leire, por favor escucha! —Le seguía gritando entre sollozos.

—¿Qué quieres que escuche? —Grita más que enojada—. ¿Más mentiras? ¿Más dolor? Porque créeme ya tengo suficiente de esas porquerías.

La alcanzo al fin.
Le tomó por los dos brazos, ella trata de alejarme pero soy más fuerte que ella y claramente no puede.

—Quiero que escuches lo que te voy a decir, no van a ser mentiras ni... —No puedo completar mi frase porque me interrumpe.

—Entonces si es cierto... ¿La apuesta si es cierta? —Como ve que no contesto empieza llorar otra vez—. Por algo que más quisiera, una pequeña parte de mi quería no créelo, quería pensar que era solo otra mala jugada de Dafne y su amiga Savannah, quería pensar que todo seguiría marchando a la perfección, pero por lo visto siempre fui un juego para ti, aunque no lo creas había otra parte de mí que pensaba en eso, que solo era un juego, pero no la quería aceptar, la enterré pensando que ahora contigo todo marcharía bien. Pero me equivoque.

¡Demonios!

—Leire, me interesas, me importas, y te quiero, esto fue un error que no podré enmendar, pero
créeme... Mis sentimientos hacia a ti nunca fueron mentira, lo que siento es real.

—Calla, cállate. Cállate. Estás mintiendo, siempre lo haces, como dijo Savannah, fui otro peón en tu juego.

—No, no. Tú no eres un juego. Eres lo más real que puedo tener en mi vida —Y me armo de valor para decir la siguiente frase, no me había dado cuenta de lo real que se había vuelto para mi. Pero aquí me encontraba apunto de decirla—. Te amo. ¡LEIRE TE AMO! Y estoy muriendo por dentro porque sé que te he hecho daño, y es algo que no me puedo perdonar, me prometí a mí mismo no hacerte daño, jamás, pero me equivoque, estás sufriendo por mi y es algo que me está matando.

Se lo digo mientras lloro y me arrodillo, la amo, me enamore de una chica rara, de una pelirroja, de una pintora y fotógrafa, de una chica misteriosa para mí, con un gran corazón y lo he arruinado todo, gracias a esa apuesta que hice con Eduardo.

—Creo... Me siento... Me rompiste el corazón.

—Lo siento —Sigo sin saber que decir. 

—No basta con un lo siento —Susurra enojada—. No puedes tomar el corazón de alguien y romperlo. El amor no es un juego, no es una apuesta, es un sentimiento que por lo visto tú jamás aprenderás a sentir.

—Te amo —Y es enserio.

—Mejor cállate, Valerio no lo soporto, apartarte de mi vista, si no haré cumplir mi promesa de golpearte hasta que empiece a desangrarte. Vete, y no regreses —Solloza mientras dice todo esto, y sigo sin saber que hacer—. Valerio aléjate de mi, no me busques, no quiero explicaciones por parte tuya porque sé que son mentiras, hazme un favor, desaparécete de mi vida.

Me levanto, y sé que esto es el fin.
Dos meses con esta chica, con esta increíble chica y he arruinado todo, absolutamente todo.

Le hecho daño sin que lo hubiera deseado, pero creo que lo mejor es que se vaya y no verla, dejarla, esta sufriendo por mi, y si sigo insistiendo no la ayudaré en nada, ella es muy terca y aunque le diga que la apuesta fue una forma de acercarme a ella y que yo sí me enamore, sé que no me va a creer.

Ella toma el cuadro y me lo lanza, pero como tengo una agilidad increíble con los brazos lo atrapó a la perfección y ella se va.

Idiota.
Eres un idiota.
Solo podía repetir estas palabras una y otra vez.

Y me encontraba sin nadie, había visto a la chica de la que primera me enamoraba... A la que quería, solo y con un cuadro de... Demonios.

Me detengo a observar el cuadro.

Demonios. Me sentía peor si nunca.

Ella me había pintado, ella había tomado la molestia de pintarme mientras estaba en el entrenamiento.

Había unos letras pequeñas que me costaba leerlas.
Creo que decía algo como:
"Y mire su sonrisa, sin saber que de esta me enamoraría, había caído"

Y no lo soporte más, abrace el cuadro, tal vez pareciera un loco, pero no me importó y seguí llorando.

Llorar, que irónico, las chicas lloraban por lo que les hacía, lloraban porque solo las utilizaba y ahora yo estaba llorando por una chica, una chica que confió en mí y la defraude, una chica a que le he roto su corazón.

Me siento como un bastardo.
Y todo por esta apuesta.

Todo porque a Eduardo se le ocurrió...
Hablando de Eduardo y la apuesta...
¿Cómo Dafne se enteró de esta?

¡Oh, no! Eduardo, ¿Qué demonios hiciste?
Tengo que encontrarlo.

La apuesta perfecta [1]¡Lee esta historia GRATIS!