Epílogo: Festín

322 74 17

Dalia vió por última vez a un familiar cercano suyo, cuando le entregaron a Vicente envuelto entre mantas mortuorias. El menor de sus hermanos dejaba el mundo sin saber que la sirviente, que cada luna nueva cosechaba la sangre de sus hijos y sobrinos, era de hecho su hermana mayor. Dalia recibió el cadáver en una vieja sala de la cocina de sus amos. El cuerpo del anciano había sido conservado para el consumo y, aunque muerto, la sangre se mantenía sin coagular. Dalia se relamió al olerle.

—Vicente, el no nato. —Lo llamo, sin descubrirse el rostro. El olor era penetrante.

El rostro del hombre le recordaba a sus hermanos mayores, estaba viejo, pero conservaba los rasgos distintivos de su madre y la familia de ella. Eran recuerdos lejanos, demasiado débiles para disuadir el apetito. Se amarró el pañuelo a la cara, conectó el cuerpo a la máquina de extracción sanguínea y pasó al siguiente cuerpo. El amo se casaba esa noche y los tres sirvientes estaban ocupados extrayendo todo el alimento posible para sus invitados. Organizar un festín era difícil, pero seguro le darían una buena porción de entre las sobras de la cena.

Buen provecho¡Lee esta historia GRATIS!