DÍA 2 - Capítulo 5

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Arrugó el papel y lo quemó con el fuego de su encendedor. Era el quinto manuscrito que arruinaba en la semana.

Llevaba ya varios días sin dormir, lo cual no era inusual. Sin embargo, había algo distinto en el asunto, en la causa de su insomnio.

Don Lucio se había propuesto escribir sobre hechos recientes, para ahogar así la nostalgia de su sueño y los recuerdos sobre Manuela. Pero muy a su pesar, su existencia se había convertido en una monótona realidad, carente de hechos que sobresalieran de la tediosa rutina y sus negocios. Era cierto que podía escribir sobre sus deudores, sobre la falsa cordialidad con que lo recibían sus empleados y, especialmente, sobre el miedo que le tenían quienes le debían favores, y la satisfacción que le producía a él ver cómo las manos de aquellas personas temblaban en sus bolsillos y cómo la transpiración les resbalaba por la frente ni bien lo veían llegar. Pero ya había escrito sobre aquello en el pasado.

El único suceso extraordinario del que podía redactar era la llegada de Anahí y todo lo que eso suponía en su vida. La valentía que reflejaban los ojos de la pelirroja al desafiarlo en su primer encuentro; la desconfianza y el odio que no temió ocultar cuando fue a buscarla a El Refugio. La sonrisa satisfactoria dibujada en su rostro al pensar que se aprovechaba de su dinero y, finalmente, la sinceridad en sus palabras durante la cena.

El problema era que, aunque intentase escribir desde su odio ante las impertinencias de la muchacha, sus palabras cobraban vida y escribían sobre la admiración ante la fortaleza de tal personalidad.

El resultado era siempre el mismo. Un manuscrito quemado. 

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