"CAPÍTULO 6"

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La habitación estaba bañada de inquietud, o quizás solo serían los nervios de Maya al estar sentada sobre la cama de Caín. Esta noche tenía que dormir a su lado para aparentar ante las personas que dormirían esa noche en la misma casa. Sebastián había ocupado la habitación que había usado la noche anterior. Lenz y Naedeline ocuparon las otras dos recámaras vacías, y ahora ella tenía que pasar la noche con la tentación en la misma cama.

Su mirada pasaba de un lugar a otro, resultó raro, pero no parecía la recámara de un hombre soltero. La cama tenía una cabecera estilo inglés de madera y lino. Los muebles eran de madera color gris, al igual que las cortinas de tela, había una pequeña repisa con paneles de madera con cada espacio lleno de libros, un escritorio pegado en una de las paredes, y además de ser la recámara más grande, dentro tenía una pequeña chimenea de piedra caliza. Era realmente acogedora.

Caín salió de la ducha secándose con una toalla pequeña, el cabello húmedo. Su imagen saliendo del cuarto de baño con una toalla a la cintura y gotas de agua brillándole en los hombros la había embobado." Ese hombre tenía que ser castigado por ser tan perfecto", pensó.

Evidentemente, sentía la atracción sexual de aquella peligrosa masculinidad.

Mordió su labio inferior para ahogar un suspiro cargado de excitación. Su cuerpo había superado muchas dificultades últimamente; giras, viajes, desveladas, cansancio y aquel despertar significaba que su libido aún existía. Por otro lado, su reacción le recordaba que Caín todavía ejercía una fascinación destructiva en ella.

Apartó la mirada de su cuerpo justo en el momento en que él quitaba la toalla de su cabeza y dejaba ese cabello negro alborotado. Cubrió con las sábanas sus piernas desnudas, llevaba un diminuto short y una blusa de tirantes de algodón, así que prefería cubrirse antes de mostrarle más de lo debido. No sabía si era el frío o el escalofrío en el cuerpo lo que la hizo reaccionar torpe.

—Ahora que estamos a solas y sin pájaros por ahí, quiero que me expliques eso de tus hijos, me he hecho a la idea durante todo el día de que tú no los tuviste, ¿Verdad?

—Si te refieres a si yo los tuve en un hospital, la respuesta es no,
¡evidentemente!

—¿Son adoptados?

—Así es, los adopte cuando ellos tenían doce años.

—Aún no estabas casada, ¿o sí? — Caín cerró el entrecejo.

—No, aún no, pero sí vivieron conmigo cuando lo estuve.

—Ya veo— murmuró perspicaz —. No les pedirás que me digan papá, ¿verdad? Y dime que no vivirán con nosotros.

—Por supuesto que no, ese nombre te queda muy grande, y no, no vivirán con nosotros ellos tienen su propio departamento ¡Ah! y por cierto me debes más que solo un favor por haberme hecho enfrentarme con mi hermana esta mañana, y te jura que lo pagarás con creces— dijo, mientras él se sentaba a la orilla de la cama.

—Claro. ¿Aceptas sexo a cambio? soy muy bueno en ello.

—No me interesa. — replicó fingiendo estar asqueada.

—En Las Vegas hablamos sobre la posibilidad de sexo entre nosotros, se te olvida que me pediste ser fiel, bueno, ya sabes lo que quiero a cambió, y podríamos empezar está misma noche.

—No, no vamos empezar hoy hasta dejar claras las reglas entre nosotros Caín.

—Bien, ¿qué reglas? —se quejó —. Estoy abierto a cualquiera últimamente. —terminó con voz grave, tan suave como la noche.

Caín se dejó caer de espaldas sobre la cama colocando a la vez las manos detrás de su cabeza. La toalla había hecho el trabajo de abrirse de la parte de un muslo, dejando al descubierto la perfección con la que estaba formado, sin mencionar las ganas que había sentido Maya por deslizar la mano en ese perfecto torso.

EN LAS MANOS DE UN ÁNGEL © [SCD#1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora