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-¿Crees...?-murmuró Elizabeth, mientras Pock le secaba el pelo. Los dientes le castañeteaban y su amigo tomó otra manta.- ¿Crees que es mi culpa?

-¿Qué cosa?-preguntó él, haciendo que se acueste en la cama.- ¿Que ahora sea una niñera?

-Que hubiera botellas en el baño.-dijo ella, abrazándose a sí misma bajo las mantas.- Ya sabes de quién son. Pock, algo le pasa.

-Me hace acordar a vos.-suspiró él, tirándose a su lado.- Cuando llegaste, parecías tan desquiciada como él.

-¿Me llamaste desquiciada?-preguntó ella, alzando una ceja.

-La mas desquiciada de todas.-dijo él, acercándose a su rostro.

-Así y todo te quedaste conmigo.

-Es que...-se dejó caer sobre la almohada.- Serás desquiciada pero me resultaste fascinante desde el primer minuto. Y entonces dijiste lo de la bañera y renuncié a mi libertad. Había conseguido a la persona indicada para pasar mis ratos. Nunca antes había tenido una mejor amiga. Es emocionante.

-Tenes un lado sentimental.-se burló ella.

-No me hagas enojar que estás muerta de frío y soy el único que puede abrazarte en este momento.

-¿Voy a hacer que un tipo con tu pinta, me abrace?-preguntó ella, alzando una ceja.

-Hiciste que llore.-dijo él, metiéndose bajo las mantas con ella. La rodeó con sus brazos y acomodó su mentón sobre la cabeza de ella.- Elizabeth, no lo busques. Scott solo hace daño. Yo puedo averiguar qué le pasa, pero no te acerques a él. No quiero que te lastime.

Todo se quedó en silencio durante unas horas. Elizabeth dormía abrazada a él y la fiebre empezaba a bajar.

-Llegamos.-anunció William, subiendo las escaleras.

Al entrar al cuarto, los encontró a ambos dormidos, abrazados. Se acercó a su prima y le tocó la frente.

-Hola.-susurró Pock, entreabriendo sus ojos.- Bajó un poco, pero no lo suficiente.

-Puede que quieras salir de ahí antes de que suba Andy.-le indicó. Pock obedeció y la tapó mejor.- Está muy alterado con todo esto. Casi mata a Scott en el escenario hace un rato.

-Le doy mi apoyo.

-Gracias.-dijo Andy, entrando.- ¿Cómo está ella?

William respondió con una mueca. El de los ojos color ceniza, se aproximó a la cama y la observó durante unos largos minutos. Bajó la mano hacia su cabello y las pestañas de ella comenzaron a moverse. Andy se sentó a su lado, con una suave sonrisa, y le tomó su mano.

-¿Cómo te sentís?

-Tuve tiempos mejores.-dijo ella, con una mueca.- ¿Cómo les fue?

-Bien.-suspiró su novio.- Pero ahora solo quiero quedarme con vos.

-¿Y si te contagio?

-No contagias.-dijo Pock.- Ya me hubiera enfermado.

-Problema resuelto.-dijo Andy.- Voy a darme una ducha y vengo, ¿Está bien?-ella asintió.

Cuando Andy desapareció tras la puerta, entraron Harold y Toby. El primero saltó sobre ella, logrando que haga una mueca.

-¿Qué haces, estúpido?-gritó William, tomándolo por el brazo.- ¿No ves que se siente mal?

-Perdón. -susurró. -Pensé que ya estabas mejor.

-Está bien.-murmuró ella, rodeándolo con ambos brazos.- Solo quedate quieto. Creo que si moves tu codo va a doler, mucho.

-No me muevo.-suspiró él. -Creo que William está planeando mi muerte.

-Yo estoy planeando tu muerte.-escuchó que decía Andy.- Te doy diez segundos.

Cuando Harold se incorporó, Elizabeth soltó un quejido y se apretó el estómago con ambas manos. Todos la miraron al instante. Andy se acercó a ella y le apartó el rostro de la cara.

-¿Estás bien?-preguntó.

-Si.-musitó.- Pero no me siento nada bien, amor. Solo quiero descansar. 

Andy sacó a todos del cuarto y se acostó a su lado, rodeándola con ambos brazos. 

-Ya vas a sentirte mejor.-susurró.-Solo dormí.

-Andy, tranquilo. Necesito que te tranquilices para tranquilizarme.-él la miró.-Si. Estás muy estresado con todo esto. Yo también. Solo necesitamos calmarnos y descansar, como si nada pasara, por un ratito.

-Está bien.-suspiró él. Acarició los labios de ella con los suyos.- Supongo que es hora de dormir.

-Si.-sonrió ella.

Se acomodó en su pecho y él la pegó más a su lado. Una vez cómodos, se durmieron. Scott pasó por el pasillo y se detuvo al verlos. Se acercó a Elizabeth y tocó su frente. 

Subió a los pocos minutos y se quedó la mitad de la noche ahí, poniéndole paños, hasta que la fiebre desapareció. Entonces volvió a su cuarto y vació una botella de cerveza antes de dejarse caer en su cama, pensando en ella.

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