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Unos días después Cielo regresó a su casa y las cosas empezaron a volver a la normalidad para todos, Renzo desapareció al tiempo que Cielo y Benjamín parecieron recuperar su espacio de amistad. Mientras tanto y en medio de exámenes, Olivia y Luca compartían sus días entre conversaciones, comidas y besos. Ambos se sentían cada vez mejor el uno con el otro y cuando estaban juntos se olvidaban de todo.

Rosario estaba llegando, Olivia y Luca la esperaban en el aeropuerto mientras reían y conversaban de cualquier cosa. Era viernes de tarde y ella iba a quedarse unos días aprovechando un feriado largo en la escuela, pensaba quedarse hasta el martes que debía regresar en la mañana pues al día siguiente tenía clases.

—¡Hola! —dijo corriendo hacia ellos mientras salía de la zona de embarque, se abrazó a su hermana y luego saltó por el cuello de Luca como tantas otras veces lo había hecho, este la hizo girar y Olivia rio ante la escena, ella nunca había podido ser así de efusiva con él, quizá por los sentimientos que se guardaba para sí hasta ese entonces—. ¿Cómo están los tortolos? —preguntó ella mirando a ambos—. ¡Bésense, dale necesito ver esto para creerlo! —dijo aplaudiendo emocionada.

—Deja de molestar, Rosario —regañó cohibida Olivia pero entonces Luca la abrazó y posó sus labios sobre los de ella.

—¡Bravo! ¡Bravo! —gritó Rosario emocionada y luego los abrazó a ambos.

—No digas nada de esto, ¿ok? —dijo Olivia amenazante.

—Me encanta que estés haciendo algo a escondidas —añadió Rosario mientras alzaba las cejas en gesto divertido.

—Bueno, vamos a la casa —dijo Olivia incómoda y Luca y Rosario rieron tras ella.

—¡No sé cómo soportas una novia tan aburrida! —exclamó Rosario a Luca mientras seguían a Olivia.

—Oh, no, ella puede ser muy divertida —agregó Luca guiñándole un ojo a Rosario.

—¡Wow! ¿En serio? ¡No me la imagino disfrazada de enfermerita sexy o algo así! —exclamó Rosario y Luca estalló en risas.

—¡Basta! Los puedo oír —dijo Olivia mirándolos seria, Luca la abrazó y la besó en la frente.

—Acostúmbrate hermana, te he extrañado —agregó Rosario abrazándola por el otro costado.

Cuando llegaron a la casa, Olivia llevó a Rosario al cuarto mientras Luca dijo que prepararía algo para cenar.

—Bien, cuéntamelo todo... pero t o d o —dijo Rosario sentándose en la cama.

—¿No quieres desempacar? —preguntó Olivia mirándola.

—No, quiero que desembuches, dale, cuenta, ¡cuenta! —exclamó frotándose las manos.

—No sé qué quieres que te cuente —dijo Olivia mirándola.

—Todo, empezando por el beso que me ocultaste a los trece años —dijo Rosario recriminándolo.

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