La Casa Embrujada

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—Supuse que harías esto después de haber oído todo eso.— dice.
Pienso en titubear y pedir disculpas, pero no puedo.
—Tengo que ir— exclamo, Gaspar se va a oponer a que vaya de espía.
— ¿Olvidas lo que dijo aquella señora?— me cuestiona, por los sonidos y las voces que se oyen en las noches.
—Solo son historias. — digo rodando los ojos, dejando que mi arco toque el suelo y suspiro exasperada. Tengo la mala suerte de que Gaspar no cambie de opinión acerca de un tema a menos que seas una chica obstinada como yo. —además, llevo todo lo necesario. — intento otra táctica.
—Si no fuera por Luis no me habría enterado. — dice él.
— ¿Luis?
—ha estado observándote.
No entiendo nada, pero entonces veo a la ventana y en el árbol que está cerca, en una de las ramas de aspecto fantasmagórico está posado Luis.
Me voy hacía la ventana y le grito a él.
— ¡Luis, ¿Por qué me haces esto?!
No me responde, solo se encoge de hombros y emprende el vuelo. Me quedo boquiabierta y luego me dirijo a Gaspar.
—lo siento. Pero esta vez no te obedeceré. Tengo que ir a ver el lugar donde fui alguna vez feliz, con mis padres.
Suelta un suspiro de resignación y dice:
—oh. ¿No cambiaras de idea? Sí, eso pensé. Está bien. Solo porque no quiero que estés molesta conmigo, pero iré contigo. — eso me sorprende, tenía la intención de ir sola, pero dado el caso de las historias que se cuentan, es mejor que él vaya conmigo. Solo por precaución.

Estamos cruzando el patio trasero, Gaspar, por ser mejor vigía se ha convertido en cuervo y sobrevuela el área y entra por la ventana abierta y rota de mi antiguo hogar. Antes de que el fuego comenzara; todo era hermoso, había rosales en el jardín de mamá, las grandes ventanas siempre limpias por las chicas y en las noches todas las habitaciones encendidas. Todo era bello en aquel recuerdo. Hoy sólo veo una mansión abandonada; con las vigas pudriéndose, las malezas muertas y árboles secos y las ventanas rotas, con ese aspecto realmente que asustaba, algunas de las gárgolas que adornaban la casa estaban en el suelo completamente rotos.
Yo, voy con cautela, sé perfectamente cómo es el interior de la mansión, conozco una entrada secreta que lleva al despacho, donde Papá solía encerrarse y leer. Los pasadizos secretos por si había otra guerra. El estudio de mamá, el enorme comedor donde mamá ofrecía comidas para recaudar fondos para las fundaciones que hacía, donde Lady Charlize Mortgomery solía cantar para los invitados. Y sobre todo el abuelo, el abuelo que daba sus largas charlas de filosofía junto con Lord Artemius Merrywhater.
Abro en el primer intento la puerta secreta cubierta de hiedra venenosa que corto con la daga que Lestat me regaló hace tres años. La casa, el despacho, se ve abandonado y gris. Además de su enormidad, parezco una simple hormiga dentro de una enorme caja vacía. Todo está empolvado, ahumado por el incendio, voy tocando todo, el piano de la sala, la chimenea, siento querer llorar por los recuerdos que ahora me  inundan la cabeza; mamá tocando el piano, papá sentado en aquella silla frente a la chimenea, viéndome bailar ballet con la sonata de mamá. Siento mis lágrimas correr por mis mejillas, estoy llorando.
Ha pasado tantos años…
Pero entonces, oigo un sonido al otro lado y tengo que ahogar el sentimiento y corro a esconderme detrás de la enorme y larga cortina y Gaspar viene a mí. Ambos nos mantenemos en silencio y yo entreabro un poco la cortina medio quemada solo para ver quién es que se atreve a entrar.
Todavía no hay nadie, pero se oyen pasos que vienen hacía está habitación. Estoy segura, suben por las escaleras.
No le veo el rostro, está vestido todo de negro, guantes y un sombrero de igual color, de repente; el recuerdo viene a mi mente, es la persona quien mató a mis padres y a Charlotte, la que había sido mi institutriz. Está vivo.
Pero, ¿Cómo es que sigue vivo? Respiro con violencia, solo puede ser una cosa, él es el Hechicero Oscuro…
Camina como si nada y yo le observo con odio y tengo ganas de tomar una flecha y colocarlo en mi arco y clavarle una o dos en la cabeza a ese hombre. Pero, como siempre, Gaspar me impide hacerlo, es tan pequeño pero tiene poder sobre mí al verme con esos ojos suplicantes y creo que tiene razón al decirme que no sería oportuno matarlo ahora. Tengo que averiguar por qué asesinó a mis padres o si acaso es él. Y saber, principalmente, ¿Qué hace aquí?
Veo más o menos, caminar al hombre de negro, está solo y luego sale de la habitación, puedo oírlo pisar los escalones que crujen con cada paso, él hace el ruido y después se oye el grito de una chica allá abajo; no sé si seguir aquí o escapar, siento que mi corazón late con violencia, nunca me he sentido así como estoy ahora. Y cuando intento salir de mi escondite, oigo de nuevo los pasos subiendo y me quedo quieta, Gaspar se oculta bajo mi capa, sé que tiene miedo, yo también lo tengo. Se abre la puerta, no es una chica que había gritado, sino un chico de doce o trece años, le tiene agarrado del pelo, grita y luego lo arroja al suelo. No quiero ver lo que le vaya a hacer. Pero aun así sigo viendo.
— ¡Por favor, no me mate, he hecho lo que me ha pedido!— suplica el chico.
— ¡te ordené que lo mataras, no que lo dejaras paralizado!— grita el hombre de negro, todavía tiene un pasamontañas (podría ser sólo un ladrón), pero con las habilidades que Lestat tiene por naturaleza me ha perfeccionado la mía con práctica; vista de elfo, puedo ver sus ojos, café oscuro que parecen ser negros.
Suelto un chillido cuando el hombre saca su cuchillo. Eso, ese es mi peor error, me cubro la boca pero aquel hombre ha oído el sonido, se queda quieto y busca de dónde ha salido el sonido.
¡Diantre!
La ventana de dónde estoy da hacía el jardín trasero, es probable que aterrice de pie si calculo bien, pero con los nervios, mis habilidades son dudosas, nunca he sentido tanto miedo como ahora. Veo de nuevo al frente y el hombre viene directo hacía mí mientras el chico escapa, abro con calma la ventana, pero es tan difícil por los nervios y el atascamiento de la ventana que está oxidado y mis nervios me piden que lo hago rápido y con fuerza, él se lanza hacía mí.
Por suerte ya me había lanzado, aterrizo en cuclillas por pura suerte, pero Gaspar se había quedado para distraer al hombre y luego sale volando y gritando, cómo los humanos no oyen y yo sí, el me pregunta si estoy bien, asiento con la cabeza y él se va volando por el cielo nocturno, el hombre se asoma y yo me pego más a la pared, puedo sentir que busca algo más que solo ver al cuervo, mi capa es negra como la pared así que no me ve, al minuto, se cierra la ventana y suelto el aire contenido en mis pulmones. Mi antiguo hogar no está embrujado, solo está habitado por un ser despreciable. Y juro por mis padres que vengaré sus muertes si él es el Hechicero Oscuro.
Cueste lo que me cueste, le mataré.

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