2 - Marca

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Fue una araña...una araña...algo imposible de creer, porque mis compañeros se miraban entre ellos y luego se mataban de la risa. No podían creerlo. Cuando ellos descubrían una marca, una araña no pasaba por sus mentes, ni un mosquito ni nada, solo un romance oculto que despertaba la curiosidad de todos.

Muchas veces las chicas se avergonzaban. Quizá por eso intentaban ocultar su piel con pañoletas de colores, con sus cabellos largos o con un pedacito de curita color rosa que cortaban hábilmente. A mis amigos les importaba poco. Se ufanaban orgullosos, como si fuese suficiente razón para que todos lo admirasen por tener una indecorosa relación con una atrevida jovencita.

No podía creer que las personas fuesen capaces de marcarse la piel. No entendía la razón, no le encontraba ni una explicación. Debía ser un juego malvado para dejar un secreto al descubierto, o simplemente una consecuencia inevitable de dos personas manipuladas por el amor.

No le daba explicación...

Era vergonzoso...

Mi mejor amigo Max y yo manteníamos una relación... una relación inexplicable. No le podía dar ningún tipo de definición, porque los dos éramos hombre, pero él me agarraba de las manos, me besaba, me trataba con cariño, como si fuese una chica, y yo se lo permitía.

Mi piel cambió por culpa de esa relación. No lo pude creer cuando mi reflejo me lo reveló. Las marcas rojizas no podían ser demostraciones de amor, solo de crueldad, porque eran horribles y vergonzosas.

"Ahora que hago", me dije preocupado. Traté de mantener mi respiración en calma.

Mis compañeros se mostraban orgullosos con las marcas rojizas, así que supuse que no estaría mal que también lo hiciera. Era imposible de ocultar, no había opción, solo aceptarlo....pero no. La marca de Max tenía muchos significados que nadie debía intentar descifrar. Solo me quedaba ocultarlo con pañoletas, curitas o quizá una ridícula bufanda como lo hacían las chicas.

Tenía que ocultarlo, debía, porque...

Pensé que a ninguno de mis compañeros les iba a importar, más bien me felicitarían, o quizá simplemente lo ignorarían, aunque iba a ser más probable escuchar comentarios molestosos durante todo el día.... porque...

"Que voy a hacer", pensé agarrando mi celular. Llamaría a Max, le reclamaría, y luego le diría que le dé una solución a lo que había hecho.

—Caramel —escuché a mi mamá —, Caramel baja a desayunar.

No podía ocultarme en el baño hasta que la marca de Max desapareciera. Respiré profundamente para animarme a dar el primer paso hacia la sala y sentarme con mi mamá en el comedor. Si ella no se daba cuenta, quizá nadie lo haría, pensé.

"Con Naturalidad", "No la mires a los ojos por mucho tiempo", desayuna rápido y enciérrate en tu cuarto", "No se dará cuenta", "Nadie se dará cuenta", pensaba y pensaba.

—No imaginé que Cristal fuese una niña agresiva.

Casi me atraganto con mi avena.

"No fue ella", "ella no haría algo como eso", quise decirle a mamá, pero...

Cristal era mi enamorada, yo salía con ella, por eso me quedé callado. No dije nada. Sentí mucha más vergüenza cuando recordé a crista que cuando mamá se dio cuenta de la marca. También me sentí culpable, porque no defendí a Cristal, y en lugar de eso le hice creer a mamá con mi silencio que su suposición era cierta.

Por eso no podía ir tranquilamente en mi clase como si no hubiese pasado nada, porque Cristal era mi enamorada, y ella no merecía nada de lo que le estaba haciendo, porque ella era buena conmigo y me quería. Me daba mucho miedo lastimarla por mis malas decisiones, pero estaba completamente manipulado por Max.

—Caramel, me sorprende. Nunca imagine que Cristal fuese tan atrevida. Estoy asombrada —dijo poniendo un gran trozo de queso en mi pan.

—Ella es buena, ella solo...

Mamá se sirvió la avena y le dio un mordisco a su pan sin darle tanta importancia a su descubrimiento.

—Si quieres te puedo ayudarte — dijo—, a ocultarlo quiero decir— agregó al notar que no le había entendido.

—Sí quiero —respondí de inmediato.

Después de levantar la mesa, mamá me mostro su polvos mágicos, sus suaves brochas, y un sinfín de gamas de colores. El comedor se convirtió en un cuarto de magia femenina.

—Solo un poco de esto y aquello y no se notaáa nada. Solo tenme paciencia.

—Pero el maquillaje es para las mujeres, no para los hombres —reclamé con amabilidad.

—Hay, Caramel, solo siéntate y verás —me dijo sin aceptar ninguna objeción.

No tenía otra opción.

—Vez, que tal — dijo orgullosa cuando me miré en el espejo. Ella esperaba mi aprobación.

Aunque no me gustó la idea de que utilizase maquillaje en mí, tuve que aceptarlo. Podía confiar la magia de las mujeres, porque la marca de Max había desaparecido. Ellas eran increíbles.

—No esta — dije aliviado.

—Solo ten cuidado, o podrías quitarte el maquillaje. Pero no te preocupes, siempre estaré para ayudarte. Confía más en mí, Caramel — dijo agrazándome con cariño.

Subí a mi habitación, y no hice más que mirarme en el espejo, pero no por vanidad, sino por miedo a quitarme el maquillaje. "Nadie se dará cuenta, Cristal no se dará cuenta", pensé preocupado.

—Y donde está la marca. —me dijo mi mejor amigo Max descaradamente cuando vino a mi casa para irnos juntos al colegio.

—No tengo ninguna marca —dije caminando hacia la puerta.

Max me siguió, pero no dejó que cruzara el marco de la puerta.

— Caramel hizo un buen trabajo ocultándolo con maquillaje, pero no tanto para engañar a las personas que saben de tu bonita marca.

—El maquillaje el para las mujeres, no para los hombres.

Max resopló divertido. Caminó hacia mí y me dio un beso en la mejilla.

—Caramel, te quiero mucho­—dijo jalándome hacia él, envolviéndome con sus brazos.

No dije nada. Max me beso la frente con cariño y enlazó sus manos con las mías. No era el momento de ningún tipo de demostración de afecto, porque se estaba haciendo tarde para ir al colegio, y si continuábamos demorándonos, seguro mamá iba a entrar escandalizada por la hora.

Pero...

—Yo también te quiero —dije torpemente.

—Entonces termina con Cristal —me dijo con seriedad.

—Max, Cristal no tiene la culpa de nada, más bien nosotros...

—Vamos al colegio —dijo interrumpiéndome cuando se dio cuenta que iba a empezar mi discurso sobre lo malo que éramos con Cristal.

Antes de salir, para molestarme, como le encantaba, Max se las arregló para arruinar el maquillaje que cubría la marca que él me había hecho. Le bastó una pañito húmedo que mamá utilizaba para desmaquillase, y los cuales dejaba en el baño principal.

"Allí está, lo sabía" dijo victorioso antes de que yo pudiese ocultarlo con mi mano.

Mamá no se demoró en prestarme su ayuda con su magia, y mientras combinaba colores desesperadamente por lo tarde que se había hecho, Max no despegaba su mirada acompañada de su sonrisa burlona.

"Las princesas se maquillan", me dijo a penas nos quedamos solos.

Afortunadamente no llegamos tarde, pues se tenía la costumbre de castigar a los tardones con duras cesiones de ejercicios, y eso habría arruinado el maquillaje que mamá me había aplicado con esfuerzo.

Nadie se dio cuenta, nadie...



Los Secretos de Caramel |2ra parte|¡Lee esta historia GRATIS!