6: Algo que hacíamos.

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Samantha agarró del plato una galleta tibia recién salida del horno mientras escuchaba a Olivia contarle la razón de porqué estaba castigada por segunda vez en el mes.

Ser niñera de una adolescente de catorce años no era nada sencillo, pero incluso con el paso de aquel largo año cuidándola, entendía las razones de su madre para contratar a alguien cuando no estaba.

Su decisión fue definitiva. Iba a tomar distancia de su casa si Amelinda estaba dando vueltas por allí, lo más que pudiera. Claro, no le quedaba otra alternativa más que volver para dormir, tomar una ducha y algunas cosas básicas, pero la mayor parte del tiempo, se dedicaría a otra cosa.

Era la mejor forma, además, de mantener su mente distraída y olvidarse de cosas perjudiciales y negativas para su cuerpo. Era su deber concientizarse y seguir adelante.

-Entonces...-Dijo Sam apenas tragó el trozo de galleta.-Le dijiste a tu madre que irías a la casa de una de tus amigas y que volverías temprano, pero realmente volviste a las cuatro de la mañana. Trató de comunicarse contigo, pero la batería de tu celular murió, y cuando llamó a la casa de tu amiga, su padre contestó y dijo que no estaban ahí.

-Exacto.-Asintió Olivia.- ¿No te parece algo extremo un castigo por eso? Solo fuimos a la casa de otro amigo y olvidé avisarle.

-Estaba preocupada, Liv. Te vas, le dices que volverás temprano y no regresas. Y lo peor es que te vas a otra parte. Pudo sucederte algo y podrían no haberse enterado. No me parece extremo, me parece bien.

-Soy bastante grande.

-Tienes catorce, no dieciocho.-Le recordó, porque algunas veces Liv olvidaba que era menor de lo que quería aparentar. Se levantó de la silla y sacó del refrigerador la leche. Le sirvió a Olivia en un vaso y a otro lo llenó de jugo de naranja para ella.

-Eres tan aguafiestas.-Viró sus ojos color verde, tan extraños y exóticos como Sam nunca había visto antes.

La cocina se tornó silenciosa cuando Samantha quedó como estatua, mirando fijamente su vaso con jugo. Olivia no sabía que pasaba por su cabeza en ese instante, pero no le costó mucho imaginarse.

No estaba lista para volver al trabajo. El duelo era algo que todos vivían de maneras diferentes y Liv conocía a su niñera desde hacía ya mucho más de un año. Usaba diferentes tácticas para sacarse de la cabeza lo que tanto la perseguía, pero ninguna era la correcta.

-¿Sabes si tus padres le avisaron a tu hermano lo que pasó?-Preguntó repentinamente.

-Lo llamaron.-Respondió.-De eso es de lo que quería hablarte, pero no sabía cómo comenzar.-Tragó saliva.-No tenía intenciones de volver hasta el mes que viene, pero ahora está regresando.

-¿Cuándo vuelve?

-En tres días.-Olivia le dio un mordisco a su galleta casi terminada.-Podemos hacer como hacíamos cuando no podías venir, voy yo a tu casa.

-Eso es ridículo, ¿por qué haríamos eso?

-Pensé que, tal vez, no quieres verlo.

Sam no había pensado en la posibilidad de no querer verlo. No quería ver a su madre, no quería ver a Adam... ¿pero él? ¿Por qué no querría? Al fin y al cabo, todo había terminado bien y el hermano de Liv siempre había sido una de las mejores compañías.

-Liv.-Exhaló.-Somos amigos. Y era amigo de Camille también. Necesita estar aquí, estoy de acuerdo con que vuelva. Sería de gran ayuda para Dylan, que la está pasando tan mal...

Olivia, aún siendo el ser más impulsivo y directo del planeta, optó por guardarse la pregunta que Samantha no se estaba haciendo. ¿Era Dylan el que necesitaba de él? Hasta donde sabía, Dylan nunca lo había precisado, e inclusive no estaba segura de que se hubieran llevado bien si no era por Cam y Sam, que los obligaron a pasar tiempo juntos.

El porqué de nosotros.¡Lee esta historia GRATIS!