DÍA 1 - Capítulo 2

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Sin saber qué hacer, Anahí decidió sentarse a ver el noticiero. Pronto pasarían los títulos del momento y esperaba que la nombraran. Eso confirmaría que su muerte había sido real.

No era famosa y mucho menos el único caso de asesinato en medio de un robo; pero conocía la insistencia de su familia que de seguro llamaron a todos los medios para hacer quilombo apenas supieron lo que había ocurrido. Especialmente su abuela, que cuando se ponía una idea en la cabeza, no había forma de detenerla; la gente terminaba accediendo a sus pedidos simplemente por cansancio.

Una melodía anunció el inicio de los titulares. Entre robos, tragedias, accidentes y asesinatos, el presentador dijo su nombre. Una foto de la pelirroja posando frente al espejo se proyectó en la pantalla mientras se anunciaba que aquella misma tarde se haría una marcha en la esquina de Acoyte y Rivadavia, pidiendo justicia. Luego, la foto cambió por la de un hombre que le resultó levemente familiar. Su asesino. Al parecer, habían descubierto quién era porque una vecina de la zona vio la escena por la ventana, anotó la patente de la moto del hombre y llamó a la policía. El criminal se llamaba Germán Romero Velázquez y ya había estado en prisión por robo a mano armada en el pasado. No explicaron demasiado sobre lo ocurrido, pero dieron a entender que el hombre aún estaba libre.

Cuando el noticiero retomó su programación, Anahí aprovechó que no quedaba nadie más en la casa y probó lo que le había dicho Irina. Se encaminó a la pieza de su madre y sacó los álbumes de fotos familiares que la mujer guardaba en una caja en el placard. Logró manejarse sin problema, tomando objetos y moviéndolos. Al parecer, era cierto que mientras nadie pudiese verla, era capaz de interactuar con el entorno.

Los minutos pasaron al compás de las fotografías que avanzaban con cada tic tac, atravesando la vida de Anahí desde su nacimiento hasta el último viaje a Mar del Plata el verano anterior.

Allí, en la última foto, la pelirroja se detuvo a recordar aquellas vacaciones. De alguna forma, y luego de incontables intentos de persuasión, había convencido a su madre de permitirle irse a pasar una semana a la costa con su pareja —cuyo nombre aún no recordaba—, Ailín y su novio de aquel momento, un compañero de colegio que se parecía a Ron de Harry Potter.

La habían pasado muy bien entre boliches, playas, fiestas y videojuegos. Hicieron varias excursiones, comieron un montón de alfajores y tomaron hasta emborracharse en más de una ocasión. Anahí sabía que si su madre se hubiese enterado, la mataba por ser tan irresponsable.

Antes de volver, Ailín creó dos carpetas en la computadora para almacenar las fotos: "decentes" y "privadas", en las que se veía a los menores con botellas de cerveza o en boliches.

Esas habían sido las mejores vacaciones de todas.


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