Relato de la Luna, Luna.

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(Este relato es parte de mi colección "Canciones con Historia, Historias con Canción." Además, éste en concreto, está también inspirado por el Romance de la Luna, Luna, de Federico García Lorca, donde la Luna simboliza la Muerte. Podréis leer los versos de este poema intercalados en la historia. Al final de la misma, tenéis la letra de la canción que ha inspirado el relato y un enlace a un vídeo con la misma en Youtube. Sin embargo, el relato es una historia completa, leáis o no los versos del poema y de la canción. Dejo a vuestra elección cómo deseéis leerlo. Espero que os guste.)

RELATO DE LA LUNA, LUNA.

Lo que más odiaba Paco de su las guardias de noche era que, en aquel turno, era en el que solían pasar la mayoría de las cosas horribles. Con la caída del sol, la gente se emborrachaba o se drogaba y, así, tenían la coartada perfecta para amortiguar la culpabilidad de sus crímenes. Curiosamente, las noches de luna llena eran las peores. Como aquélla.

Tras suspirar, Paco abrió la pesada puerta que llevaba al cuartucho que, en el Cuartel General del pueblo, llamaban sala de interrogatorios.

Dentro había un hombre que le mantuvo con descaro la mirada al verlo entrar. Aún tenía las manos manchadas de sangre. Y la camisa también era un poema: parecía más roja que blanca. Aún así, la prenda seguía realzando, de una forma entre bella y siniestra, el tostado color aceitunado de su piel calé.

Paco cerró la puerta y dirigió una mirada rápida al gran espejo que ocupaba por completo una de las paredes de la habitación. Al ver este gesto, el gitano hizo lo mismo. Y lo temerario de su expresión se acentuó. Volvió a mirar a Paco mientras el Guardia Civil se sentaba frente a él. Le llegó el olor a alcohol mezclado con sudor. Puaj.

-        La has matado. Pero peor aún que eso es cómo te has ensañado con ella.

El gitano escupió.

-        Era una puta – dijo apasionadamente, pero sin signos de estar nervioso-. Eso es lo que se merecía y yo estaba en mi derecho a hacerlo.

-        Antonio, me da igual lo que pensaras de ella – Paco hizo un esfuerzo por contener su indignación-. Además, tu vecino me ha contado que no era la primera vez que la pegabas.

-        ¡Ja! – rió despectivamente-. Nunca hice nada que no se mereciera. Además, ella me engañó. Creo que vosotros, los payos, no entendéis lo humillante que resulta una deshonra así para nosotros.

-        ¿Y la solución era matarla?

-        Algo tenía que hacer.

La puerta sonó. Paco se giró y vio cómo una de sus compañeras se asomaba tímidamente por el umbral, haciéndole gestos para que fuera con él. El Guardia Civil miró una vez más al detenido, antes de levantarse para seguir a la mujer.

-        ¡Era mi honor lo que estaba en juego! – le oyó chillar mientras cerraba la puerta.

Su compañera tenía cara de preocupación. Más de lo que imaginaba, pues Cecilia solía tener serenidad suficiente para mantener la sangre fría. Al mirarla, reparó en que detrás de ella había otra mujer. Una gitana con vestida con ropa ceñida y pendientes de aros de oro.

-        ¿Está él ahí? – preguntó la gitana, en tono quebradizo -. Dejadme pasar, quiero ver a ese cabrón y…

Pero Paco se interpuso en su camino. La mujer forcejeó. Él, firme, la sostuvo por los hombros mientras un chillido histérico le hirió, punzante, el oído derecho. Abrazó a la mujer con fuerza y ella rompió a llorar entre sus brazos.

-        Paco – dijo Cecilia en tono apresurado-, Rosa es la hermana de la mujer que ha asesinado ese hombre. Ha venido en cuanto se ha enterado. Y me ha dicho algo que deberías saber. Es muy importante, y muy urgente. Rosa – añadió, pasando la mano por el pelo de la sollozante mujer en tono protector-, por favor, cuéntale lo que me has dicho a mí.

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