Capítulo 12

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El teléfono sonó varias veces.

Nadie descolgó.

"No contesta" dijo en voz alta, molesto "¿Satisfecho?"

"Claro que no" Liam levantó las manos "Eso no signific-ca nada"

Se paró a mirarlo atentamente; su amigo empezaba a apoyar demasiado peso en la barra, y sus gestos eran cada vez menos precisos.

"Vale" dijo con indulgencia "es hora de irnos a casa. Ya hemos bebido lo suficiente"

"Maldito cobarde. Lo que p-pasa es que sa-abes que tengo razón" le oyó, autosuficiente, pero se dejó cuando lo arrastró fuera del bar después de tirar un billete arrugado sobre la barra.

Tragó saliva al mirarlo. Liam se iba a casa, a su hogar, donde lo esperaban su omega y su hija. Parecía encantado de volver, incluso impaciente, y su rostro entero se había iluminado apenas unas horas antes cuando Zayn lo había llamado. Vivía permanentemente pendiente de él, de la niña que tenían, de ganar más para darles una vida mejor, un futuro mejor.

Fríamente, él nunca había tenido esa presión. Lena trabajaba tanto como él y su sueldo no era malo; le apasionaba su trabajo igual que a Harry el suyo, y ninguno de los dos se había preocupado nunca por el dinero.

Pero ése no era el problema, pensó con tristeza. El problema era que él nunca había sentido esa ilusión, esa alegría instintiva cuando se trataba de mejorar la vida de su familia.

Harry llevaba años sin sentir nada parecido.

Y tenía la desagradable sensación de que era un lujo que él no podría permitirse nunca.











Louis casi había alcanzado el taxi cuando su teléfono empezó a sonar. Apretó los dientes y miró a su alrededor, preocupado por si alguien los descubría, pero no lo agarró. De todas formas, no tenía ninguna mano libre.

"Sube" abrió la puerta del taxi y le tendió la bolsa a un taxista de aspecto adormilado y vagamente confuso.

"Vaya horas, ¿eh?" dijo, con un tono aparentemente jovial pero con el cansancio filtrándose en su voz. Debió de verle el rostro en ese momento, porque la leve sonrisa  que exhibía desapareció con rapidez "¿Quieres ir al hospital, hijo?"

"No. Al aeropuerto, por favor" abrazó a Jacob con un brazo y sujetó la pequeña mochila que llevaba colgada al hombro con el otro.

"Pupa" dijo él, lastimero, rozándole el pómulo magullado con las llemas de los dedos, y Louis le acarició el pelo.

Veinte minutos después, con Jacob medio dormido apoyado en la fría pared del baño del aeropuerto, Louis se cubrió el golpe con maquillaje, despacio y concienzudamente. Se quedó quieto al verlo con los ojos cerrados, y acabó inclinándose hacia él. Jacob alzó una mano para tocarle la cara, pero se la agarró con delicadeza antes de que pudiera alcanzarlo, y lo besó en la palma.

"Ya no tienes pupa" dijo él, con una media sonrisa. Louis se sintió derretir.

"No tenía pupa, mi vida. Lo has soñado" mintió en un murmullo, besándolo en la coronilla, y él asintió, aparentemente conforme.

El siguiente taxi lo llevó a la estación de tren. El que pidió allí, a la de bus. Al llegar, Louis cargó a Jacob en brazos y echó a andar. Esperaba que tres taxis en direcciones opuestas fuesen suficientes como para despistar a John; y de todas formas, no podía permitirse pagar ninguno más. Tendría que hacer el último trozo a pie.














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