La Joven Archer

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Para llenar el vacío que siento...


La cueva en la que se encontraba era oscura y húmeda. Estaba iluminada solo por las antorchas de aquellos aventureros que, en un acto de buena voluntad, abrieron un camino de luz para los nuevos guerreros que surgían en el mundo, evitando que su viaje inicial fuera llenado de terror en la oscuridad y a la merced de los monstruos que ahí se encontraban. Monstruos cuya fuerza no representaba gran problema para los experimentados, pero para los principiantes eran un verdadero desafío.
Una persona, una mujer solitaria, la visitaba. Era de cuerpo delgado y alto. Medía aproximadamente 1 metro con 75 centímetros. Su cabello era de un color rojo brillante, y lo llevaba suelto. Su frente quedaba descubierta y su fleco se extendía en por dos caminos pasando por sus cienes, formando un arco que se extendía un poco más allá de sus hombros.
Vestía un traje de botones color azul, el cual tenía dos bolsillos a los lados y líneas de un azul más oscuro. Sus mangas eran largas y sus manos estaban cubiertas por guantes de cuero.
Llevaba puesto un cinturón simple del mismo material y unas medias que llegaban casi adentro de su falda, y unas botas igualmente de cuero que llegaba un poco más allá de sus tobillos.
La chica se encontraba caminando lenta y sigilosamente entre la oscuridad. Había tardado gran tiempo en aprender la forma correcta de moverse. En un principio pasos deprisa, abrumada por su alrededor, más adelante pasos lentos y chirriantes en la tierra al arrastrar sus pies. Y finalmente pasos lentos y ligeros sin apenas crear un ruido, con su arco de madera preparado para disparar en cualquier momento a cualquier criatura que osara intentar atacarla. Era primordial tener total atención en sus alrededores, pues un error podría hacer que un viaje que ha realizado millones de veces tuviese una sorpresa desagradable.
Sus pisadas eran únicas. Entre un mar de pesadas pisadas, como si cada levantamiento del pie supusiera un enorme esfuerzo para el individuo. Eran uniformes, con tiempo, con dirección. La hacía sentir como un bicho raro, pero ella sabía bien que era la única persona normal entre una gran cantidad de entes sobrenaturales. Entre un mar de monstruos dedicados a rondar por aquellas oscuras paredes con una agresividad infinita.
En la oscuridad, apenas iluminado por la luz de una de las antorchas puestas a lo largo del camino divisó a uno de los incontables monstruos que se encontraban en la cueva. Era un "Skeleton", un esqueleto de color blanco que solo portaba un short café y usaba 2 huesos, quizá fémures, como armas. Éste era una de las criaturas menos peligrosas de la cueva, ya que eran relativamente lentos, con caminar torpe y quebrado, y un ataque sin ningún entrenamiento. Sin reaccionar apenas al encuentro con éste, se arrodilló en una posición estratégica cerca, casi a la vista del Skeleton, pero sin mostrarse ante él. Podía ver claramente el cráneo blanco, los huecos en donde deberían ir sus ojos, los dientes firmemente ajustados a la mandíbula y aquellos dos huesos largos en sus "manos". Preparó su arco, tensándolo poco a poco, haciendo el menor ruido posible y apuntó directamente a la cabeza de éste. La flecha salió disparada con un ligero y breve sonido provocado por la repentina liberación de la tensión, rápidamente, dándole tiempo al monstruo de voltear ligeramente su cráneo antes de que fuese atravesado por el proyectil, cayendo pesadamente.
Se acercó al esqueleto inerte en el suelo y lo revisó sin expresión alguna. Los huesos eran valiosos entre los comerciantes, pues eran materia prima para crear aceleradores de crecimiento para las plantas y así acelerar su producción y posterior venta. La ropa también podía ser útil entre personas de bajos recursos para crear sabanas, aunque claro la mujer esperaba que dicha ropa fuese lavada antes de esto. Incluso en muy raras ocasiones dichos monstruos llevaban consigo una especie de maza que probablemente fuese recogida del suelo después de habérsela arrebatado a algún inexperimentado y temerario humano, aunque esto era difícil de saber, puesto que los mismos Skeleton no las usaban como arma, solo las transportaban. Un desperdicio muy grande en opinión de la Archer, pero ¿qué puedes pedir de un montón de huesos animados?
Debido al poco espacio que llevaba, decidió no recoger muchos huesos ni ropas, pues podrían hacer ruido al moverse y eso destruiría todo su modo de ataque. De igual modo no necesitaba muchos ejemplares del mismo objeto para obtener una ganancia decente que pudiese ayudarle a mejorar su equipamiento, y la experiencia ganada seguía siendo hasta cierto punto útil.
Continuo matando solo unos cuantos más, usando la misma táctica sigilosa. No había muchos monstruos que le opusieran resistencia, pues mataba de un solo impacto certero, y no alcanzaban a ver siquiera qué los mató. Incluso se encontró con un "Zombie", un monstruo que se asemejaba bastante a los humanos, exceptuando el hecho de que estos ya estaban muertos y en estado de putrefacción. Se movían como si fuesen marionetas torturadas por algún despiadado ser. Esclavos después de la muerte, gimiendo de sufrimiento por toda la cueva. Estos proporcionaban objetos más valiosos, como rubíes y otro objeto llamado "Opal". Un objeto que parecía ser una gema blanca. La mujer no sabía para qué se requería, pero se vendía a muy buen precio. Aunque lamentaba tener que buscar entre las pocas ropas que los Zombie llevaban (usualmente una pieza para su zona inferior) y la mayoría de las veces la recompensa no superaba la acción necesaria. Por estas razones muchas veces prefería no tomar el riesgo, ni la molestia.
Después de matar aproximadamente 20 de éstos monstruos (un poco más Skeleton que Zombie) se detuvo. Respiro hondamente el húmedo aire de la cueva, como si estuviese agotada, aunque no se le notaba, exceptuando por un ligero sudor que ella comenzaba a sentir que emanaba de su frente.
""Creo que estoy lista" Pensó con una sonrisa.
Empezó a caminar más rápidamente, pero con la misma cautela, matando a cualquier monstruo que se encontrara en el camino si esquivarlo no era una opción. Trataba en lo menor posible pelear, pues aunque no le costaba gran esfuerzo eliminarlos, su munición era escasa y probablemente la necesitaría en el sitio al que se dirigía.
Podría decirse que la cueva era un sitio de encuentro común. La mayoría de principiantes en el mundo de la pelea se dirigían a este sitio, ya que representaba los escenarios propicios para un crecimiento mental y físico: Un lugar oscuro con pequeños haces de luz, con una humedad bastante alta que creaba un aire pesado, una especie de frió espectral que golpeaba tu columna como hielo deslizándose lentamente sobre ésta. Un lugar tétrico para los que recién la visitaban, con gemidos por doquier, los cuales ciertamente eran continuos y apenas daban paso a que tu mente pudiese escucharse a sí misma. Aquella preparación mental era el camino más rápido a la realidad de este mundo, pero al mismo tiempo era el final del viaje de muchos débiles incapaces de soportar la gran presión, y mucho más el final de las vidas de muchos confiados que tomaron a la ligera a aquellos torpes seres que, aunque patéticos, en gran cantidad eran una amenaza real. En un principio la recorrían con gran atención, pero al poco tiempo, al darse cuenta de la facilidad con la que eliminaban a las criaturas, dejaron de lado el cuidado. Los gemidos eran escuchados de todos lados y antes de que se dieran cuenta se veían rodeados por decenas de estas criaturas. Sus gritos se convertían en la novedad entre aquellos gemidos.
Sin embargo, para ella ya era una costumbre. Los gemidos se habían vuelto susurros que podrías percibir cuando caminas entre una multitud que guarda silencio como si quisiera ocultar su voz de ti y que solo te llaman la atención por un momento. Quizás en un principio querrías saber lo que decían, pero con el tiempo te das cuenta de que son palabras vacías. Cada vez que eliminaba a uno de estos seres los veía con una expresión extraña. Indiferente, como si fuese un trabajo mal pagado que no ocasiona satisfacción alguna, aunque antes al ver tan solo la silueta de estos corría despavorida y llena de terror; y después, cuando finalmente logró eliminar a uno de ellos, sintió una satisfacción profunda, como si hubiese llegado a la cima de la montaña más alta del reino. Poco a poco advirtió la gran lentitud con la que estos seres la seguían, lo cual le dio la ventaja del pensamiento y la estrategia, y así averiguo que matarlos era cuestión de paciencia y puntería, cosas que una arquera como lo era su clase debía poseer.
Después de varios minutos más andando entre los húmedos y oscuros caminos de la cueva, y varios cadáveres de monstruos que, al no ser capaz de esquivarles o al ser una cantidad muy grande como para intentar esquivarles, dejó a su paso, llegó frente a un gran hueco en la pared. Una entrada.
Una especie de recuerdo apareció en su mente. Se veía a ella misma caminando justo como hoy lo hizo, solo que se veía más atenta, más nerviosa, más asustada. Recordó el momento en el que se encontró en este punto. No se detuvo siquiera a observarla. Un sentimiento la abrumaba, como se siente al estar nadando en aguas bajas pero teniendo un abismo oscuro a un lado. No deseas para nada adentrarte en él.
La entrada la hacía sentir mucho más excitada que los propios monstruos con los que había estado peleando, pues no había forma de ver al otro lado. Como si midiese kilómetros de distancia. No había luces, ni partículas, nada. Sin lugar a dudas era la entrada al nivel 2 de aquella cueva. Un nivel desconocido, donde encontraría a monstruos más fuertes, donde aprendería de nuevo a pelear contra algo que hiciera que su corazón se acelerase. Que la haría más fría, más calculadora, más paciente. Donde ganaría una valiosa experiencia.
Dio un par de pasos más cerca. Ya no veía luz ni siquiera desde su visión periférica. Ahora solo lograba ver la oscuridad. Buscó con gran fervor cualquier haz de luz, sin éxito alguno. Estaba a pocos centímetros de ser consumida por la oscuridad. Finalmente dio un trago pesado y asintió para sus adentros. Dio pasos cortos pero seguidos y finalmente se perdió en lo invisible.
Contrariamente a lo que podía notarse, antes de que hubiesen pasado más de diez segundos, ya se encontraba del otro lado de la negrura. Lo había hecho. Estaba en el segundo nivel de la Cueva de Payon.
La observaba con curiosidad, buscando cualquier detalle extraño o interesante. Tenía antorchas puestas a lo largo del camino al igual que el nivel uno, por lo que suponía que ya había estado aquí mucha gente y habían sobrevivido, así que el lugar no estaba habitado por monstruos que fueran invencibles, aunque eso es fácil de suponer siendo apenas el nivel dos del sitio.
La cueva en su totalidad contaba con 5 niveles, y en cada uno de estos se le atribuía una cierta dificultad la cual no estaba precisamente dada por la numeración del nivel, sino por la cantidad y fuerza de los monstruos que en ellas se encontraban. De este modo, la dificultad que se le atribuía al nivel dos no era inferior al nivel tres, sino que eran diferentes monstruos los que se encontraban. No sabía exactamente el tipo de monstruo que había en el nivel tres, pero la gente opinaba que estos tenían cierta cualidad que los hacían más difíciles de combatir. Pero eso no era algo que a que a ella le llamara la atención, al menos por ahora.
Ella había estado hasta ahora en el nivel uno de la cueva, puliendo sus habilidades con cada día, matando a cada monstruo que se encontraba hasta que esto se volviese algo muy común y fácil de lograr. Y después de tanto tiempo por fin se sentía con la suficiente confianza como para avanzar.
Después de caminar por unos minutos, a lo lejos divisó algo. Una silueta que le resultaba bastante familiar. Llegó a preguntarse si los monstruos del nivel uno de la cueva también se podían encontrar en el nivel dos, pero había leído que no era así, por lo que probablemente fuera un gran parecido solamente.
Se agachó lentamente e intentando hacer el menor ruido posible. Notó como el ser se movió a pasos lentos hasta la cercanía de una antorcha, donde por fin logró verlo a detalle. En efecto, no era un monstruo del nivel uno, pero guardaba gran parecido con uno de ellos. Era de color azul oscuro, y portaba unos pantalones cafés, parecidos a los del Skeleton, pero más oscuros, y además portaba dos dagas en lugar de huesos, pero el parecido era grande. No había duda, Era un "Soldier Skeleton".
De cierto modo se sintió un poco decepcionada. A grandes rasgos no se diferenciaba mucho de los Skeleton encontrados en el nivel uno. El color era distinto, y sus armas claro eran mucho más peligrosas, pero sus movimientos, su tamaño y su forma no presentaban gran diferencia con respecto a sus hermanos blancos. No parecía que tuviesen algo más aparte de lo ya mencionado. Sin embargo, esto no hizo que bajara la guardia. No sería como aquellas desdichadas personas que perecieron por su propia estupidez. Permaneció en una posición en cuclillas. Aún estaba a una distancia segura, era el doble de distancia que mantenía para los Skeleton, agregando el hecho de que en el punto donde se encontraba no había antorchas. Su posición le daba una gran ventaja.
Sintió un escalofrío por la espalda que se extendió a todo su cuerpo. Estaba emocionada. Se sentía como la primera vez que entró en la cueva de Payon en sus inicios como Archer.
Se acercó lentamente y lo observó. Su posición de pelea meneando sus dos dagas y saltando, como si de un boxeador se tratase. Es como si hubiese muerto peleando y aun después de la muerte siguiera queriendo pelear. Estaba alerta a cualquier movimiento extraño por parte del monstruo. La chica se detuvo cerca de él, tomó una posición de disparo con una rodilla en el suelo y con su pierna derecha en una especie de escuadra y preparó su arco. El monstruo seguía con su rutina, volteando hacia todos lados, pero sin inmutarse por nada en especial. En este punto nada había sido diferente. La chica observaba al monstruo entre sus dedos, sin moverse de forma peligrosa y sin mostrar signos de detectar su presencia. Comenzó a pensar que tomar tantas precauciones había sido exagerado e innecesario, la caza de estos monstruos no es diferente a sus hermanos blancos y débiles.
Justo cuando estaba por disparar su flecha, notó algo que no había sucedido antes: El monstruo dejó de moverse. Se había quedado completamente quieto. Había detenido sus movimientos de salto y había bajado sus brazos en una posición que a ella le pareció demasiado pasiva, demasiado humana.
Ella seguía apuntándole directamente a su cráneo. Podía dejar escapar su flecha en cualquier momento y estaba segura de que ésta impactaría en el Soldier Skeleton y lo mataría sin que pudiese hacer nada. Su incursión en el nivel dos de la cueva de Payon tendría como novedad el descubrimiento de esta extraña actitud pasiva y, teniendo suerte, esperaba encontrar algo de valor una vez que revisara el cuerpo del monstruo. Podría partir satisfecha y descansar, presumir que salió triunfante de su primera visita.
Pero a pesar de este perfecto escenario que había imaginado en su mente, sus manos no se movían. Había una especie de voz interna que le gritaba que esperara, instinto podía ser. Se acababa de dar cuenta que eran las dos únicas criaturas presentes. No había gemidos, no había gritos, no había nada. Solo ella en su posición de disparo y aquel muerto en una posición que incluso podría interpretarse como un hombre que se quedó dormido estando de pie.
Comenzó a razonar en su situación. A preguntarse el por qué el Soldier Skeleton había dejado de saltar. Al hacer esto creaba un sonido con sus pies, un sonido molesto y continuo al presionar la tierra y la humedad en el suelo, pero al parar esto obviamente había desaparecido. Un silencio tan profundo en el cual la chica podía escuchar sus propios latidos, su propia respiración. Un silencio donde incluso el más pequeño ruido podía percibirse, incluso el silbido de su flecha al...
Se detuvo súbitamente. Abrió sus ojos como platos al caer en cuenta de lo que estaba pasando.
"¡Eso es!" Pensó con gran temor.
No era coincidencia que el monstruo haya parado sus movimientos justo en ese momento. Había logrado presentir a la presencia de la mujer en sus cercanías, pero no sabía de dónde provenía la presencia, así que había dejado de emitir ruido y había puesto su completa atención en todo a su alrededor para poder localizarla.
En una pequeña fracción de segundo, la Archer se había dado cuenta de la posición en la que se encontraba. Estaba frente a un enemigo que esperaba pacientemente su ataque, su acto de presencia por medio de esa flecha, y en el momento en que lograra saber su ubicación se lanzaría ferozmente a matarla. Ella lo había visto claramente.
El aire comenzó a sentirse pesado. Sus extremidades comenzaron a resentir la posición continua. La tierra se incrustaba en su rodilla, causándole un ardor digno de atención. Toda su confianza se había ido al diablo. Sus brazos comenzaron a temblar incontrolablemente.
No, debía confiar en sus habilidades. Lo tenía en la mira. Solo debía disparar su flecha y ésta cumpliría su función como siempre lo había hecho. Pero ¿lo haría? Si la flecha fallaba su objetivo ella quedaría totalmente expuesta a un ataque directo. No sabía la velocidad de estos seres ni su fuerza ni su destreza, pero si estas cualidades eran tan temibles como esta inteligencia que ahora mostraba era probable que no tendría otra oportunidad. La cuerda de su arco no perdió ni un poco de tensión, pero ya no tenía el valor para dispararla. Simplemente el riesgo era demasiado grande como para correrlo. La presencia de aquel simple monstruo se había vuelto gigantesca, abrumadora, terrorífica.
Decidió que la mejor opción era retirarse por ahora. El viaje no había sido en vano. Había averiguado esa estrategia y ahora podría pensar en una manera de contrarrestarla, pero nada de eso iba a pasar si se arriesgaba en estos momentos. Levantó su rodilla lentamente. De ella comenzaron a caer pequeños granos de tierra y comenzó a sentir un dolor más punzante. En ningún segundo de aquella eterna tarea había quitado los ojos de encima del estático monstruo. Bajó su arco pero sin soltar ni guardar su flecha, la había destensado con una velocidad a la par con su leve respiración. Cuando finalmente estuvo de pie, decidió caminar lentamente en reversa y cuando estuviese suficientemente alejada correría.
Pero al tener toda su atención en el Soldier Skeleton no logró notar la piedra que se encontraba en el camino de su pie. Irremediablemente la pateo, lo cual hizo un sonido relativamente fuerte entre aquel completo silencio. Al escuchar aquello sintió como si una explosión la hubiese tomado por sorpresa, sobresaltándose y soltando un leve gesto de sorpresa. Trató de quedarse lo más quieta posible, con la esperanza de que esto evitara que el monstruo la notara, pero fue en vano. Notó horrorizada como éste volteaba lentamente su cráneo justo hacia la posición donde se encontraba ella. Ella sabía que no tenía ojos, pero de igual forma sentía la mirada penetrante de un depredador. Por un segundo pareció que se observaban mutuamente.
Súbitamente el ser agitó sus dagas y cargó directamente contra la archer, profiriendo un gruñido que ella nunca había escuchado. La mujer trataba de seguirlo con la mirada, pero su forma de correr era tan frenética y directa que esto le era casi imposible. Era totalmente diferente a los Skeleton del nivel uno.
Rápidamente salió de su sorpresa y preparó su arco. Aún no se daría por vencida. Sus dientes eran apretados con fuerza unos con otros. Sus brazos temblaban y sus piernas parecían de cristal. En menos de dos segundos tenía al enemigo preparando sus armas de modo que daría un corte largo y horizontal. Justo cuando estaba a la distancia del impacto, la Archer cerró sus ojos y dejó escapar la flecha. Un sonido fuerte se escuchó momentos después, como si de un recipiente cristalino se rompiera contra el suelo y ambos cayeron al suelo casi al mismo instante.
Tardó unos segundos en abrir sus ojos. La parte baja de su espalda le dolía, y su rodilla le ardía, pero además de eso no sentía ningún dolor. Se palpó el pecho y notó que no tenía ningún corte. Lentamente volteó la vista hacia enfrente y lo vio: El monstruo tenía la flecha incrustada justo en el cráneo y yacía inerte en el suelo. Había soltado ambas armas y su mandíbula se abría por completo.
La chica resoplaba de una forma casi dolorosa. Sentía como si hubiese dejado de respirar por demasiado tiempo. En la parte cercana al cadáver del monstruo, donde ella había estado de pie, se observaba un ligero mechón de cabello color carmesí. Se levantó lentamente y comenzó a imaginar lo que sucedió después de que cerró los ojos. Había sido atacada, en efecto, pero la flecha fue más rápida y logró matar al Soldier Skeleton antes de que este pudiese completar su ataque. Aunque claro esto había sido cuestión de suerte. Aun viéndolo en el suelo, como antes veía a los del nivel uno, tenía una desconfianza que emanaba de forma tan abundante como el sudor de su frente. Lo pateó en una de sus piernas para asegurarse de que no seguía "vivo". Al no notar movimiento, repitió la acción pero esta vez con uno de sus brazos. No hubo respuesta alguna. Finalmente se armó de valor para acercarse y arrancó su flecha del cráneo del monstruo y la contempló pensativa. Esta pequeña vara de madera con punta de acero había sido la diferencia entre su muerte o su victoria.
Ahora que lo tenía más de cerca, podía observar todos sus detalles. Por alguna razón se veía más desgastado, como si hubiese estado en muchas peleas. Eso la hizo comprender un poco más el por qué era tan listo. Cuando dirigió su vista a las armas que portaba, notó que una de ellas era especial. Dejó escapar un suspiro de grata sorpresa.
- ¡Esto es un Stiletto!- Dijo mientras alargaba su mano izquierda para tomar el arma.
Este tipo de daga era un arma especial de gran valor, pues para adquirirla se debía viajar hasta la desértica ciudad de Morroc, hogar de los asesinos, o encontrar alguno de los comerciantes ocultos a lo largo del reino de Rune Midgard. El hecho de que uno de estos monstruos tuviese una solo podía significar una cosa: Una pobre alma se había aventurado al nivel dos y, como la Archer pudo vivir, había sido asesinada por uno de estos seres, los cuales al ver la calidad del arma decidieron usarla para sí mismos. Esto le confirmaba una vez más la inteligencia los monstruos. Pero eso ahora ya no tenía importancia, pues al vender esto obtenía más dinero del que podía obtener con un día completo de trabajo en el nivel uno. Ahora se encontraba feliz.
Se escuchan pasos.
La chica se queda helada. No se mueve.
Alguien está detrás de ella.
No se atreve a voltear. Debe pensar.
Imposible, no le da tiempo. Inmediatamente escucha un sonido familiar. Se lanza instintivamente hacia un lado. Sus ojos logran presenciar el momento exacto en que una flecha vuela a centímetros de su cabeza. Sus brillantes cabellos rojizos vuelan por la ráfaga de viento que traía consigo.
Debido a la brusquedad de su salto, tiene bastante dificultad para mantener su equilibrio, pero finalmente lo logra. Levantó su vista hacia adelante con una mirada que bien podía catalogarla a ella como una cazadora enfurecida.
"Y ahora, ¿qué?" Pensó con gran enojo.

Ragnarok: The Fight Against MoonlightDonde viven las historias. Descúbrelo ahora