Estábamos acostados en la cama, viendo películas pero ella tenía sueño y se durmió. Yo la observaba como un ciego miraba por primera vez el cielo, ella era mi cielo.

Se removió, y sonrió.— deja de mirarme.— dijo aún con los ojos cerrados.

—Es que no puedo.— se acomodó en mi brazo y la abrace.

—¿Porqué?.

—Es que eres perfecta.— ella sonrió.

—Te quiero.

—Y yo a ti.— después de eso se paró rápido y fue al baño.

Al salir pude verla un poco roja.—¿Estas segura que estas bien?.— ella asintió.

—sentí una basurita en mi ojo y ya me estaba ardiendo. Eso es todo.— yo asentí un poco convencido.

—¿Segura?.— ella asintió no muy convencida.

—Que si.

—¿Te quedarás?.— de pronto cuando hice esa pregunta ella se puso nerviosa.

—No puedo tengo que ir a casa.— yo asentí confundido. Siento que ella no quiere estar conmigo.

Expulse todo el aire que tenía acumulado. Esta bien.— te llevare a casa.— ella sonrió en agradecimiento.

Ella no hablo en todo el camino y me sentí algo triste pero comprendí que ella solo estaba abrumada por todo esto. Cuando llegamos ella soltó un suspiro, eso me hizo comprender que ella no quería estar conmigo.

—Adiós.— dijo cuando bajo, llego al lado de mi ventanilla y me dejo un casto beso en ellos. Eso fue todo.

Camino hasta la puerta no volteo ni nada sólo entro apresurada. Yo quise saber lo que le pasaba porque no me tragó eso de la basurita y lo de la resaca, y eso que tengo un título de medicina. ¡genial!

Mi celular sonó, había comprado uno nuevo. Fui torpe al romper el mío. Conteste sin siquiera mirar el número.—«Hola».— del otro lado se escucho un suspiro de alivio.

—«Oh, Evan. He estado tratando de contactarme contigo».— esa era Kennedy. Había dejado en claro que ella solo era ya una amiga. Raro pero cierto.

—«¿Qué sucede?».

—«Necesito verte en la cafetería que esta enfrenté de la empresa».

—«¿Porqué?.

—«Es importante. Tienes que ir rápido.— rodee los ojos.

—«Esta bien».— colgué y me dirigí hacia esa cafetería.

Cuando llegue, logre encontrar la mesas donde se encontraba la rubia de Kendra. Camine y ella se veía bien pensé que era otra cosa importante.

—Aquí estoy.— dije cuando me senté en una de las sillas de la mesa. Ella sonrió un poco

—Estoy embarazada y es tuyo.

—¿qué.— solté de repente.

Rió.— No es cierto. Sólo quería que estuvieras muy atento, además tu y yo no hemos estado juntos.— e-s-t-u-p-i-d-o. Yo asentí.

—Me haz dado un susto con eso no se juega. Además tener un hijo no está en mis planes.

—Eso no me interesa, escúchame bien. Que lo hago por ti y la princesita de tu novia.— yo asentí.— con la muerte de Álvaro los policías empezaron a buscar todo lo relacionado con el, de alguna forma tu estas relacionado con el.— yo reí.

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