Capítulo 74: Final.

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Mi dedo índice se deslizaba por su espalda desnuda

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Mi dedo índice se deslizaba por su espalda desnuda. Lo movía de arriba abajo por el hueco de su columna vertebral. Ella dormía y yo sólo disfrutaba de verla dormir. No había nada más lindo que verla descansar. La sábana blanca tapaba su cuerpo hasta la cintura y yo ya había aguantado demasiado. Tenía ganas de besarla cómo si no hubiese mañana.

—Ori. —la llamé—. Ori, amor.

Ella sólo largó un quejido antes de darse vuelta en la cama. Me reí entre dientes.

–Tengo hambre —susurró.

¿Dónde estuviste toda mi vida?

—Buenos días —dijo girando su cabeza contra la almohada para verme.

Sonrió sin abrir la boca y me acerqué hasta ella para dejar un beso en su mejilla.

—Buenos días. ¿Dormiste bien?

Asintió levemente entusiasmada y enseguida supe que debía llamarla amor más seguido.

— ¿Está lloviendo? —preguntó mirando hacia la ventana mientras se sentaba en la cama.

Sostuvo la sábana contra su cuerpo cómo si nunca la hubiese visto desnuda en mi vida. La miré divertido y moví mi cabeza de arriba abajo.

—Voy a preparar algo para desayunar —avisé poniéndome de pie.

Había despertado temprano y estaba aburrido de estar en la cama.

—Ahora bajo —dijo en voz suave y la vi acurrucarse entre las sábanas justo antes de cerrar la puerta.

Apenas puse un pie en la cocina supe que nunca dejaría que bajara sola. Agustín y Maxi estaban sentados en las altas banquetas mientras devoraban su plato cómo si no hubiese probado un bocado en días.

—En serio, el desayuno americano es una maravilla —exclamó Agustín apenas me vio.

—Hermanos, se los voy a pedir de buena manera y espero que tenga que hacerlo sólo una vez —advertí—. ¿Pueden ponerse al menos unos pantalones cuando Oriana está acá?

–Nada que no haya visto antes —agregó divertido Maxi mientras se limpiaba la boca.

Abrí un poco los ojos para lanzarle una mirada asesina.

—Igual hace un frío increíble aquí  —largó sobándose los brazos—. Hoy el clima está asqueroso.

Me acerqué a ellos mirando la hora en el celular. Oriana no era de tardar mucho en cambiarse y ni quería que se la cruzaran en las escaleras.

—Muevan su culo de ahí y déjenme a solas con Oriana.

Bajaron de sus sillas dando un saltito y caminaron entre puteadas.

—Estoy pensando que sería una buena idea volvernos a casa —bromeó Agustín justo antes de salir y abrí mis ojos aterrado.

No. No era eso lo que quería. Tener a mis amigos y ahora a mí novia conmigo era lo mejor que podía pedir. Busqué las cápsulas de la cafetera mientras pensaba en qué hacer para que permanecieran conmigo. Buscar un departamento para ellos no era una mala opción.

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