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¿Bancarrota?

No puedo creerlo.

Escuché claramente cada una de las palabras dichas por el abogado de mi padre, y racionalmente entiendo su significado, simplemente aún no logro asimilarlas.

Estas son cosas que esperaba ver en una película, no en mi vida.

Al parecer lo único que mi padre dejó con su muerte fueron deudas, las cuáles han tenido que ser saldadas con la venta de las acciones de su compañía, dejándome a mi sin nada. ¡Nada!

Siendo realistas no es que acabe de quedarme en la calle literalmente. Por lo visto puedo conservar mi apartamento y unos cuantos miles de pesos. Pero definitivamente eso no me ayudará en lo absoluto a sobrevivir por mucho tiempo. Y pedir ayuda a mi madre no es una opción.

Lo único que me aseguraría el poder vivir con lo que me ha quedado es que me ponga a -un escalofrío de horror me recorre- trabajar.

Aún con eso no me sería posible mantener la forma de vida a la que estoy acostumbrada.

Doy otro sorbo a mi copa de vino mientras me devano los sesos en busca de una solución.

Sé lo que se esperaría si esto fuese una de esas irreales películas de amor. Lo he visto muchas veces.

Ahora la chica rica que se quedó sin dinero -o sea yo- sale a buscar un trabajo, algo sencillo, y también cambia su estilo de vida a uno más acorde a su nueva situación económica. Y aunque se le hace difícil al principio, con el tiempo se adapta a su nueva vida y hasta empieza a gustarle mientras aprende el verdadero valor del dinero y como este no lo es todo en la vida. Además durante este cambio se encuentra al hombre, pobre pero honrado y de buen corazón, que al principio la juzga duramente por su típico comportamiento de chica que siempre lo tuvo todo, pero que no tarda en sentir algo por ella y la ayuda a adaptarse a los cambios. Y se enamoran, forman una hermosa familia y viven felices para siempre.

Pero dado que esto es el mundo real puedo decir que eso no va a pasar. No porque esté siendo negativa y crea que de ninguna manera encontraré todo eso, sino porque sencillamente no me interesa que ese escenario se haga realidad.

De ninguna manera.

Primero, trabajar no está en mis planes. Quiero seguir viviendo como hasta ahora, sin ningún tipo de responsabilidad.

Segundo, eso de encontrar al príncipe azul no me interesa. Eso de perder la cabeza por el Sr. Perfecto no es para mí.

Tercero, nací en cuna de oro y deseo morir en cama de oro. La idea de bajar mis estándares y mi clase social es sin lugar a dudas un no-no.

¿Pero qué se supone que haga?

Mi padre está muerto y he perdido su compañía, por lo que mis ingresos acaban de pasar a ser solo un sueño.

Se suponía que mi padre tendría que encargarse de mí hasta su muerte -y esa parte la hizo bien-, y tras esta yo me dedicaría a vivir de lo producido por su empresa mientras otros la manejaban, ¿cómo es que no se le ocurrió advertirme que me estaba dejando sin nada?

Bueno, estoy segura de que mantener esa conversación en su lecho de muerte no le hacia gracia. Y supongo que fue lo mejor, de haber sabido que esto sucedía no habría podido fingir que estaba dolida por su muerte durante el funeral.

Creo que para este momento ha quedado evidenciado que no estoy profundamente afectada por la muerte de mi padre hace unos cinco meses. Y no me malentiendan, no es que me alegre su muerte, es solo que me da igual. Sentí por él la pena que se siente al enterarse de la muerte de la madre del mejor amigo de un compañero de escuela. Simplemente dolor porque se ha perdido una nueva vida. Nada de todo ese drama y sentimentalismo que se esperaría ver ante la muerte de uno de tus progenitores.

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