Capítulo 73.

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—¿Qué pagaste cuánto? —chillé espantada en un susurró mientras él me arrastraba hasta la alfombra roja.

Se me había secado la boca al escuchar la cifra que me había dicho sin darle mucha importancia.

—No interesa —repitió una vez más.

Tragué saliva cuando vi que éramos los próximos en caminar. Julián estaba tan increíblemente relajado, y yo no dejaba de desear que me transmitiera un poco de su tranquilidad a mí.

—No puedo creer que hayas mandado a la mierda a Paul de un segundo para el otro —admití presionando su mano.

Giró su cabeza sólo un poco. Estaba de pie delante de mí, con una mano en su bolsillo y la otra hacia atrás, tomando la mía.

—No lo mandé a la mierda. De hecho, debe estar por acá.

Lo busqué con la mirada porque, para ser sincera, no iba a sorprenderme que estuviese entre nosotros. No lo encontré, pero no me relajé porque sabía que cada famoso caminaba por la alfombra con su representante pisándole los talones.

—Digamos que ni a él ni a mí nos convenía terminar un contrato mal.

Asentí, cómo si pudiese entender todo lo que me estaba diciendo.

—Y, de nuevo, Oriana... —giró su cuerpo completamente para mirarme fijo a los ojos. Lo miré aterrada, en una mezcla de sentimientos que nunca antes había experimentado—. No tenés idea la cantidad de cosas que soy capaz de mandar a la mierda por vos.

Besó mi frente y, cómo si nada, se dio vuelta para tomar mi mano nuevamente y comenzar a caminar. Reaccioné en el momento en que los flashes comenzaron.

Wow.

En serio, wow.

Respiré hondo e intenté seguirlo a él. Después de unos pasos, frenó la marcha y me sostuvo fuertemente de la cintura mientras sonreía a las cámaras. Era toda una celebridad. Y sabía muy bien lo que hacía.

Lo imité. Los fotógrafos gritaban cosas al aire y todo era un caos. Julián rió en voz alta y lo miré. Me sonrió mientras volvía a tomar mi mano y continuaba caminando. Hicimos unas tres paradas más hasta que llegamos a una zona dónde los periodistas esperaban.

Tragué saliva nerviosa y él me pasó delante de su cuerpo, sosteniéndome con ambas manos por la cintura para que caminara delante de él. Gire mi cabeza para mirarlo, ¿qué estaba haciendo? Se suponía que él era la súper estrella.

— ¡Pero miren quienes están acá! Si son la pareja del momento... —exclamó una mujer en un tono demasiado alto para mí.

Enseguida memoricé las tres cosas que había estado repitiendo en mi cabeza durante todo el día:

Regla 1: No decir estupideces.

Regla 2: No mirar cómo una fanática embobada a Julián.

Regla 3: Seguir al pie de la letra todas las reglas anteriores.

Julián hablaba con su naturalidad de siempre y yo intentaba sonreír y asentir con mi cabeza. Me tensé en el momento en que le preguntaron por las noticias que habían sido publicadas días atrás sobre su contrato con Paul. Él se encargó de evadirlas muy profesionalmente. Cuándo pensé que por fin nos íbamos y qué entraríamos al anfiteatro para sentarme al menos un rato, la mujer dijo mi nombre y me preguntó por la última tapa que había hecho. Continuó hablando del desfile de algunas semanas atrás e interrogó acerca de mis proyectos a futuro. Y, entonces, me di cuenta de que lo había logrado. Había logrado lo que desde pequeña había soñado.

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