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Capítulo 01

Tomando mi maleta y mi mochila, me dirijo al recibidor. Me sigue, manteniendo una cuidadosa distancia. Presiono el botón del ascensor y la puerta se abre. Me subo.

-Adiós, Christian –murmuro.

-Adiós, Ana –dice suavemente y luce total y absolutamente roto, un hombre agonizando de dolor, reflejando como me siento por dentro. Alejo mi mirada de él antes de que cambie de opinión y trate de consolarlo.

La puerta del ascensor se cierra y me baja con una sacudida hacia las entrañas del sótano y hacia mi infierno personal.

Tres años después…

-Hemos llegado Señorita Steel –Víctor me saca de mis pensamientos, como siempre, abre la puerta y me da su mano ayudándome a salir del auto.

-Gracias Víctor, sigo insistiendo que no tienes por qué recogerme todos los días. Puedo tomar un taxi. Y no me llames Señorita Steel, eres como familia por favor! –Insisto por milésima vez.

-Esta bien. Ana sabes que es mi trabajo. No empieces con lo mismo otra vez. –Cierto. Víctor es mi chofer y guardaespaldas, Kate insistió que necesitaba ayuda y se encargó personalmente de encontrar al mejor en todo New York, y según Kevin, mi jefe, la editora en jefe del New York Times necesita protección de todos los escritores locos que son rechazados o los que se sienten ofendidos por malas críticas. Antes me decía, son solo críticas, y ahora me doy cuenta, si recibes una mala crítica del periódico más importante de todo el país, tu carrera desaparece en cuestión de días.

Salgo del auto. Una ráfaga de viento golpea mi cara. Víctor tiene que sujetarme, no es seguro caminar sobre la nieve con tacones de diez centímetros, pero me encanta usarlos, me hace sentir formal e importante, y ahora lo soy, aunque todavía no termino de convencerme lo mucho que he logrado en estos últimos tres años.

Al entrar al edificio la gente me reconoce y me saluda, ya sea por obligación o porque les da gusto verme. Pero ya no me importa. Subo al ascensor y se sacude mientras empieza a subir. 

Odio esa sensación. Me trae recuerdos. Recuerdos que no quiero tener en mi mente y mucho menos en mi corazón. La puerta se abre y salgo directo a mi oficina. Si sigo con esos pensamientos en mi mente, terminaré llorando otra vez y él se dará cuenta. He cambiado. Soy fuerte. Soy fuerte para él.

El día transcurre de manera normal, leyendo manuscritos, en juntas, hablando por teléfono con varios escritores y con la prensa. Otro día más.

A las seis en punto mi alarma suena. Es hora de ir a casa. Por fin lo veré. Lo he extrañado mucho. No sé cómo puedo mantenerme separada de él por tantas horas. En solo treinta minutos, Víctor se detiene en Battery Park, salgo del auto corriendo y puedo escucharlo riendo y caminando detrás de mí. En solo unos minutos lo veré. Mi luz. Mi razón de existir. Mi más grande amor.

Abro la puerta de mi departamento. Dejo mis llaves en el pasillo y me quito mi abrigo. Caminó hacia la pequeña sala, dejo mi bolsa y mi maletín. Unas pequeñas risas salen de la otra habitación, se detuvieron, unos pasos corren hacia la sala.

-¡Mami! –Mi pequeño bebe. Corre hacia mí con sus pequeños bracitos estirados, lo tomó y abrazó fuertemente. Mi hermoso niño, con sus grandes ojos azules, su rebelde cabello cobrizo cayendo en sus pequeños hombros y ese delicioso y único aroma de mi bebe. Mi bebe.

-Hola ¿Me extrañaste bebe?

-¡Sí mami! –Me abraza más fuerte, no me suelta.

-Buenas noches Ana –Levanto la mirada. Una chica rubia, joven y hermosa nos observa.

-Buenas noches Adriana. ¿Qué tal se portó este jovencito el día de hoy? –Digo alborotando su suave cabello mientras él se ríe. Como adoro su risa. Su voz. Los pequeños hoyuelos que se forman en sus mejillas cuando sonríe.

-Muy bien. Como siempre –Me dice tomando su mochila y alistándose para marcharse.

-Gracias por cuidarlo. Mañana no trabajaré, así que puedes tomarte el día libre –Saco un poco de dinero y se lo doy.

-Gracias. Nos vemos el lunes –Toma su mochila y deja el departamento.

-¡Adiós dina! –gritó mi pequeño niño.

El resto de la noche juego con mi bebe. Antes de dormir, le gusta que le lea un poco. Me siento en su cama y empiezo a leer. Poco a poco empieza a cerrar sus hermosos ojos hasta quedarse dormido. Lo arropo y me quedo viéndolo dormir por varios minutos. Nunca pensé que podría llegar a amar a una persona de la forma de amo a mí bebe. Mi pequeño bebe.

Salgo de la habitación. Estoy muerta. Pero aún tengo trabajo. Me quedo por varias horas sentada en el comedor trabajando. Un leve sonido me saca de mis pensamientos.  Abro mí correo. Mi corazón se agita, mi respiración se acelera, no me puedo mover.

De: Christian Grey

Asunto: New York

Fecha: 13 Diciembre 2016  02:38

Para: Anastasia Steel

Hola Anastasia

Me preguntaba si tendrías planes para estas fechas. Estaré en New York por un par de días y quería saber si es posible que aceptes una cena conmigo. Hay tantas cosas de las que tengo que hablar contigo.

Sé que tal vez no quieras verme, y lo entenderé. Pero ha pasado mucho tiempo. Tres años para ser más exactos.

Cualquiera que sea tu respuesta te lo agradeceré.

Christian Grey

Gerente General, Grey Enterprises Holdings Inc.

¿Era una broma? No definitivamente no lo era. Era él. El único hombre al que he amado y el único que me destrozo el corazón. De repente, mis sentimientos luchaban entre sí, no podía dejarlo entrar en mi vida. No otra vez. Había muchas razones, pero la más importante estaba durmiendo tranquilamente en la otra habitación. Christian no sabía de su existencia y había hecho todo lo posible para que nadie lo supiera. Solo mis padres lo sabían, Víctor, Charlotte mí asistente personal, mi jefe, José y Kate, quien le había mentido a Elliot todos estos años, gracias a ella y a la gran influencia que tiene en los medios, nunca se ha publicado ninguna foto de mi bebe.

¿Qué haría Christian si supiera que tiene un hijo de tres años? ¿Lo apartaría de mi lado? Posiblemente. Pero eso jamás pasara. Es mi bebe. Mi hijo. Solo mío.

Continuará..............

Un nuevo comienzo¡Lee esta historia GRATIS!