Capítulo 1

1.3K 40 1

Emmett

Mami esta preocupada. Mi mochila pesaba en mis pequeños hombros, corría lo más que podía, mamá no paraba a descansar y yo ya estaba cansadito. Todo estaba obscuro... Tengo miedo mami. 

Su rostro se veía tenso, tenía angustia, miraba a todos lados y después seguíamos corriendo. Paramos en un obscuro callejón donde mamá se incoó para estar a mi tamaño.

"Cariño" tomó mi cara en sus manos "Emmi, iré por unas cosas ¿de acuerdo? Necesito que te quedes aquí, iré a casa..."

"no mami, no vayas con papi" lloré.

"Emmett..."oculté mi rostro entre mis manos. "Emmett escúchame, prometo que regresaré ¿de acuerdo?" me miró pero yo bajé mi rostro hacia el suelo "¿confías en mami?" asentí a punto de llorar. "no te muevas ¿de acuerdo? "

Vi que sus ojitos verdes comenzaban a brillar debajo de la pequeña luz que estaba arriba de nosotros, me abrazó y me dio un beso en mi frente, como lo hacia cuando iba a la guardería con mis amigos. Se alejó... no dijo nada mas y se levantó y comenzó a correr lejos de mi, miré a mi alrededor y después miré de nuevo a mami, pero ella se había ido.

Caminé por los pasillos de la universidad, no había sido la mejor noche, y para agregar, llevaba 10 minutos de retraso. Entre al salón de clase, no antes de una regañada por el señor Thompson. ¿Pero que diablos se creía él? Tenía suerte de que asistiera a su clase... o bueno, a todas. 

Después matemáticas, me concentré a mirar por la ventada ya que era mucho mejor que unos problemas que ya sé hacer. Cerca de la universidad había un pequeño parque que por las mañana estaba lleno de universitarios fumando sus cajetillas y de chicas con poca ropa a sus lados, esperando ser tomadas por uno de ellos.

Putas. De las mismas que se la pasan a mi alrededor, las que después de haber conseguido algo conmigo sabiendo que no volverá a pasar deciden ir detrás de otros para conseguir algo de atención.

A estas horas de la mañana se pueden apreciar a los niños con sus madres jugando, miré mas allá y había un pequeño chico, su cabello cobrizo y su pequeña raspadura en su rodilla se apreciaba bien, su madre se levantó y camino hasta él, levantándolo y dándole un pequeño beso en su frente. Esos besos que no importa qué tan fuerte sea el dolor, son milagrosos.

Aparté la mirada.

Saqué de mi pequeño cuaderno la única foto que tenía de mamá. Unos grandes ojos verdes, cubiertos de pestañas negras, nariz y boca delineadas a la perfección, y su largo cabello negro ondulado. Ella me sonríe desde la pequeña imagen arrugada y desgastada por el tiempo, con ese brillo de felicidad... antes de que el pendejo de mi padre regresara a nuestras vidas.

¿Que había pasado con mamá? Ella prometió volver.

Las horas se pasaron rápido, ni siquiera fui a la cafetería, no tenía ganas, caminé hasta el estacionamiento y me largué de ahí en mi motocicleta. 

Odiaba cuando recordaba a mamá, eso era lo único que me hacía sentirme aún más mierda de lo que era.

Desde que había entrado por primera vez a aquél orfanato sabía que me encontraba solo, cuando era pequeño aún tenía la pequeña esperanza de que mamá entrara por esa enorme puerta y me llevara a sus brazos, verla de nuevo se fue haciendo mi mayor anhelo, hasta que fui perdiendo la poca fe que tenía. Ella no volvió, aunque había hecho una promesa, nunca fue así, nunca regreso por mi, nunca. 

En aquél lugar, fui haciendo amigos, al principio no me sentía cómodo, la verdad nunca me sentí bien, pero lo que me hacía sentir mal, aun más mal de lo que ya estaba, era que los pocos amigos que había hecho con el par de los años se iban, conseguían quién los adoptara, salían de allí con una enorme sonrisa en su rostro y de la mano con sus nuevos padres.