Sacrificios.

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Connor ya había hecho sus investigaciones, él ya sabía todo lo necesario, porque ni siquiera me preguntó cómo llegaríamos a mi padre, él simplemente me llevó y ahora estábamos enfrente de una mansión.

-¿Cómo sabes dónde vive mi padre? -me gire para verlo en lo que él desabrochaba su cinturón y guardaba las llaves de su auto en los bolsillos delanteros de su pantalón.

-Alisson, jamás dudes de esa manera cuando se trata de mí. Esta es mi ciudad, todo lo que pasa, quién llega quién se va y los motivos de cada persona, yo los sé.

-Acosador.

-Solo con personas importantes.

-¿Desde cuándo sabías que mi padre es importante?

-Desde hoy, me llegó un archivo de todo lo que tu padre posee, quién y desde cuándo es lo que ahora se considera un hombre poderoso -cerré los ojos-. No soy quien para explicarte esto, así que era mejor que entremos a ese lugar para acabar con tus dudas y con las mías.

-¿Tienes dudas? -me sonrió con inocencia pero no me contestó, solo me dio un casto beso en la mejilla y salió del auto, yo lo seguí. Y ahora que estaba enfrente de la puerta de entrada los nervios explotaron y toda la tranquilidad que en algún momento pude poseer gracias a mis horas con Darren desaparecieron. Adiós a la paz, adiós a la tranquilidad, hola a los nerviosas y hola a las ansias y tal vez un pequeño saludo para las inmensas ganas que tenía de vomitar.

Connor tomó mi mano y me ayudó a recuperar un poco la postura.

-Hablame de tus padres -Connor me miró con duda, entendía que mi petición no era correcta pero necesitaba un poco de distracción, cuando se dió cuenta antes de hablar las puertas se abrieron. Mi padre salió y se veía como una persona normal, ni rico, ni pobre. Solo normal. Al verme sonrió pero cuando sus ojos azules se posaron en Connor hubo un brillo, que a puesto que él también lo notó.

-Señor Miller, lamento ser una molestia pero necesito estar con Alisson cuando esté dando su explicación -mi padre se hizo a un lado y nos invitó a pasar.

-No hay ningún problema señorito Fray, por favor entren. Esta es su casa, al final de cuentas -me sonrió con ternura, pero era una mentira. Ayer me había visto derrumbarme y no pareció ni un poco amable o tierno como ahora-. Por favor, síganme. Vamos a mi despacho para poder hablar con toda la tranquilidad posible -asentí y Connor también. Mi padre nos guió, la mansión era grande, no increíble cómo la de Connor, pero podría estar mejor que la mansión de Derek.

Llegamos al despacho y ahí tomamos asiento, mi padre le pidió a una sirvienta que trajera té y algunas galletas. En la espera de la sirvienta sacó una cajetilla de cigarros del bolsillo de su pantalón. Ofreció la cajetilla a Connor, pero él declinó la oferta. Diciendo que no fumaba.

-¿Tomas?

-De vez en cuando, solo cerveza.

-¿Te drogas? -Connor se rió sarcásticamente.

-Por supuesto que no. No es mi mentalidad, no encuentro necesario drogarme para sentirme ajeno a mis problemas, tampoco soy fanático del tabaco.

-¿A qué se debe eso?

-Me parece ridículo ciertamente. No quiero aparentar ser un chico bueno ante usted señor Miller, pero tengo que admitir mi poco agrado a las drogas. El alcohol es algo que soporto pero tampoco es como si bebiera cada fin de semana. Encuentro entretenido otra clase de adicciones, como la lectura, el deporte o las carreras, incluso las apuestas. No soy un santo pero puedo presumir que no soy un vago adicto -mi padre asintió, volvió su vista a mí y me sonrió.

Una Chica Más. #1 Trilogía TheUselessDonde viven las historias. Descúbrelo ahora