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Pen Your Pride

Viernes, 16 de enero de 2015

Hace tan solo dos días, nunca imaginé que algo así pudiera ocurrir, pero aquí me encuentro, en una sala pintada de blanco y con un pitido silencioso pero ensordecedor a su vez, miro a todo mi alrededor y me doy cuenta de que estoy en un hospital, no tienen mucha diferencia a los que había estado anteriormente, es curioso, ¿verdad? como de iguales podemos ser de un mundo a otro y diferentes a su vez, pero... hay una cosa que me tiene inquieto, Emma, tengo mis dudas de si fuera real o quizás un sueño, así que alargo el brazo y alcanzo el teléfono móvil de la pequeña mesita de noche, me adentro a mi breve lista de contactos y no tardo más de unos segundos en encontrarle.

Pese a estar unos largos días sin su respuesta, por fin responde mis llamadas.

- ¿Uriel?

- Emma, ¿estas bien?

- Uriel... - la oigo suspirar al otro lado de la linea. - estoy bien, te lo agradezco, realmente pensé que sería violada en ese preciso instante.

- Así que no ha sido un sueño... - ambos nos quedamos en silencio, hasta que una mujer vestida de blanco entra por la puerta.

- ¿Qué hace al teléfono? No debería coger ese aparato todavía.

- Tengo que colgar, nos vemos pronto.

- Iré a verte Uriel.

- No es necesario, en cuanto salga de aquí te haré una breve visita. - la mujer que se encuentra justo delante de mi, tiende su mano, esa es mi señal de que debo darle mi teléfono móvil.

- Te lo devolveré en unas horas, cuando los resultados de tus pruebas estén correctos. - asiento en su dirección y observo a través de la puerta, donde Emily aparece en ella.

La pequeña anciana va acercándose hacia donde me encuentro, hacía unos días que no la veía por la casa.

- Hola - una sonrisa brota de sus labios, yo tan solo me limito a observarla. - estarás preguntándote que estoy haciendo aquí y porque llevo puesta la misma bata de hospital que tu. - miro su atuendo y me doy cuenta de sus palabras, ¿qué esta pasando?

- ¿Qué ocurre?

- Uriel, se que no nos conocemos de hace mucho, en verdad, tan solo hace unas semanas que sabemos el uno del otro... la cuestión es que, me has hecho feliz estos días, es decir, has llenado el vacío que había en mi casa y no me he sentido sola desde que entraste en ella, es por eso que he dejado mi casa en tu nombre si me pasara algo.

- ¿Qué esta diciendo Emily?

- Me estoy muriendo Uriel. Estoy enferma de cáncer, tan solo tengo un mes como mucho, quizás un poco menos. - atónito a lo que escuchan mis oídos, observo todo lo que rodea y lo que es esa mujer, ¿cómo puede ser tan cruel el mundo? ¿Cómo personas tan amables, atentas y buenas pueden sufrir tanto? - Has sido y eres como un ángel para mi. - Emily se acerca y me susurra en la oreja. - sé que los ángeles existen y que no estas aquí por casualidad. 

Atónito a lo que acabo de escuchar, aparto a Emily de mi lado y me quedo observando su rostro, ¿me ha descubierto? ¿cómo?

- No soy tonta Uriel, el pueblo es pequeño, nos conocemos todo el mundo y sabemos quien entra y sale de la ciudad en todo momento y, esta claro que tu no has venido por ningún medio de transporte humano, apareciste como por arte de magia y cambiaste muchas cosas en el pueblo.

- ¿Qué? ¿Qué esta diciendo? - Emily se sienta en uno de los sofás situados en la pequeña habitación.

- Hay una leyenda Uriel, en el pueblo, durante un tiempo, solo se hablaba de ella. - la mujer mira por la ventana y segundos después su mirada vuelve a mi rostro. -  Hace miles de millones de años, antes de admitir a los Ángeles a la visión plena de Su Gloria, Dios los sometió a una prueba, al igual que el hombre tuvo su prueba.

La naturaleza es la prueba, no se conoce con certeza pero, muchos teólogos sostienen que el Padre Eterno reveló a los Ángeles la futura Encarnación de Su Divino Hijo, y le hizo saber que al Dios-hecho-Hombre deberían rendir adoración.

Luzbel, uno de los más gloriosos, elevados y bellos Ángeles de la Corte Celestial, deslumbrado y ofuscado por el orgullo, habiéndose atribuido a sí mismo los maravillosos dones con que el Creador lo había dotado, se rebeló contra Dios, no aceptó el supremo dominio del Señor y se constituyó así en el "adversario" de su creador, levantando su gran grito de rebelión y de batalla. Muchos Ángeles le siguieron en su orgullo, se dice que hasta un tercio de ellos pero, en ese momento, otro gran Arcángel, igual en su belleza y gracia que el arrogante Lucifer, se postró ante el Trono de Dios y, en un acto de adoración profunda, opuso el grito de batalla de Lucifer, uno de amor y lealtad.

Y es así como San Miguel Arcángel obtuvo su nombre con su grito de fidelidad, y es así como Luzbel se constituyó él mismo en Lucifer, "Satanás", el Enemigo, el Diablo proclamándose así como el mandamás del infierno. A éste se han aplicado las palabras del Profeta Isaías: "¿Cómo caíste desde el Cielo, estrella brillante, hijo de la Aurora? ¿Cómo tú, el vencedor de las naciones, has sido derribado por tierra? En tu corazón decías: 'Subiré hasta el Cielo, y levantaré mi trono encima de las estrellas de Dios ... subiré a la cumbre de las nubes, seré igual al Altísimo' Mas ¡ay! has caído en las honduras del abismo." . 

La conclusión de esta batalla entre los Angeles Buenos y los ángeles malos se encuentra en el Apocalipsis: "En ese momento empezó una batalla en el Cielo: Miguel y sus Angeles combatieron contra el Monstruo. El Monstruo se defendía apoyado por sus ángeles, pero no pudieron resistir, y ya no hubo lugar para ellos en el Cielo. Echaron, pues, al enorme Monstruo, a la Serpiente antigua, al Diablo o Satanás, como lo llaman, al seductor del mundo entero, lo echaron a la tierra y a sus ángeles con él".

Dice San Pedro: "Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que los encerró en cavernas tenebrosas, arrojándolos al Infierno". "No hay arrepentimiento para ellos después de la caída, como no hay arrepentimiento para los seres humanos después de la muerte". Y el Catecismo nos dice que no fue por un defecto de la Misericordia Divina que el pecado de los ángeles caídos no fuera perdonado, sino debido al carácter irrevocable de su elección.  Y ahora Uriel, dime una cosa, ¿Qué has hecho para bajar del cielo? Porque no me creo que hayas sido el peor Ángel del universo, eres una persona buena, tierna y sobre protectora, ¿quien en su sano juicio condena a un buen chico a tal infierno?

***** NOTA AUTORA *****

Se que no he estado actualizando últimamente, pero prometo a partir de ahora publicar más seguido, los primeros días en la Escuela han sido agotadores y consumían todo mi celebro, ahora que estoy de vacaciones puedo centrarme más en la historia. Espero que no me abandonéis.

¿Seguís ahí pequeños Ángeles? Sin mis Ángeles la novela no vale para nada. 

¡Manifestaos pequeños Ángeles lectores!

Quiero dedicar este breve capítulo a mi compañera de mesa ChaiSalvatore, quien se ha ido de viaje y ya se le hecha en falta. ¡Feliz navidad a todos!



Ángeles Caídos¡Lee esta historia GRATIS!