Capítulo 10

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Harry bebía a sorbos un café demasiado caliente como para saber a nada, sentado en la silla de plástico anatómica que había al lado de la cama de Lena. Su mujer lo miraba con tanto cansancio que lo agotaba sólo el mirarla, pero no se atrevía a irse.

Llevaban más de cinco minutos en silencio, y la aparición de una enfermera con una bandeja que Lena había rechazado no había conseguido romper la tensión.

Acabó dejando el vaso de papel de nuevo en la bandeja; prefería quedarse sin nada en las manos que quemarse la lengua definitivamente.

"No tengo palabras para decirte cuánto lo siento, Lena. Ni siquiera se me ocurren las palabras"

"No hacen falta. No vas a hacerlo, Harry. No vas a marcarme. No puedo seguir con esto"

Parpadeó.

"¿Qué?"

Lena respiró hondo.

"No va a funcionar. Tenemos que dejar de fingir. Yo lo necesito, y tú también, aunque no te des cuenta. Esto es una farsa, y yo no voy a seguir pagando por los errores que cometemos. Nunca más"

Harry tomó aire.

"Lena" empezó, notando la presión en su pecho aumentar por momentos. Ella negó con la cabeza; había lágrimas en sus ojos.

"Llevamos años casados, Harry. Años" dijo con la voz temblorosa. "Y no te he presionado para que me marcaras, porque no quería hacerlo. Es el alfa el que presiona normalmente, no..."

Tenía un agujero en el centro del pecho que no hacía más que crecer.

"Nunca pensé que... Que esto pudiese afectarte, Lena. Ni a ti ni a..."

"Lo sé" a pesar de todo, ella deslizó una mano pálida en la suya. "Lo sé. Pero no voy a seguir con esto. No puedo hacerlo otra vez. Y no quiero que me marques. Ahora ya no"

Harry tragó saliva.

Está agotada, se dijo a sí mismo con desesperación, agotada y destrozada. Necesita descansar.

"Dime qué puedo hacer para que te sientas mejor" murmuró, y ella suspiró.

"Quédate" dijo en voz baja "Quédate aquí."

Asintió.

"Me quedaré" tartamudeó.








Louis se mordió el labio inferior al meterse en la ducha y notar el agua caliente en la piel sensible y magullada.

Se había acabado; se había acabado por esa noche. Estaba hecho. Pero no sentía alivio ni alegría; se sentía un poco más sucio, un poco más usado, y mucho más cansado.

Se sentía envejecer diez años cada vez que se veía obligado a acostarse con otro hombre.

Quería irse a casa. Quería meterse en la cama y olvidarse de todo lo que acababa de pasar. Pero sabía que no era así como funcionaba; ni el negocio, ni su propia mente. Todavía faltaba el análisis de los resultados.



John lo esperaba fuera con el coche en marcha. Alzó una ceja tras las gafas de sol en cuanto se sentó.

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