Capítulo 70.

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Nunca lo había sentido tan cerca

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Nunca lo había sentido tan cerca. Es decir, habíamos estado igual antes, físicamente hablando. Pero jamás lo había sentido dentro de mí mientras me miraba a los ojos y su corazón se abría de esa manera.

Siempre había escuchado a la gente mayor hablar sobre un momento en que el haces el click. Un momento en el que te das cuenta que nada más importa. Ese había sido el momento. Y ahora, estaba controlando las ganas de llorar. Mi mundo era demasiado color de rosas cómo para dejar pasar un momento así.

Me contuve de todas formas. Porque, ¿quién lloraba después de hacer el amor?

—De acuerdo, ahora voy a girarme y darte la espalda —dijo y sentí cómo su cuerpo salía de arriba del mío.

Me quejé por dentro.

Típico.

—Y fingir que no acabo de entregarte mi corazón —finalizó.

Bueno. No tan típico.

La piel se me erizó. El también lo había sentido.
Sentí mi corazón galopando contra mi pecho. Aún no había podido normalizar mi respiración. Me moví sólo un poco para quedar de lado, frente a su espalda, y enredar mi brazo por su cintura.

—Te amo —susurré y lo besé rápidamente en la nuca.

Giró de un bruto movimiento. Sus ojos se abrieron más de lo normal. Pasó una mano por mi mentón, me sostuvo por la mandíbula para obligarme a mirarlo fijamente, mientras rosaba mis labios.

Y entonces, caí en la cuenta de qué no estaba segura de haberle dicho eso antes. Pero pareció emocionarlo. Y su sonrisa me emocionó a mí.

Me estrechó aún más contra él. No para provocarme, sino para unirnos. Podía sentir su corazón acelerado contra mi pecho.

—Yo también lo hago, Ori.

Tenía en claro que no era la primera vez que él lo decía. Sin embargo, en aquel momento, su te amo sonó a despedida. Este sonó a promesa. Y era eso lo que me ilusionaba.

—Estoy empalagándome —largó divertido después de unos segundos.

Reí aún con mi cabeza enterrada en el hueco de su cuello. Me separé de él bruscamente.

—Tenemos que volver ya, Paul en serio va a matarte.

Todo había sido demasiado bueno en ese rato. Ahora teníamos que enfrentarnos a la realidad, los regaños de su representante y el mío, y, claro, los premios.

—Me importa una mierda él y todos. Creí que ya te lo había dicho.

Celebridad, por favor.

—Sí, lo sé. Pero, en serio, hasta estaba por matar a tus amigos.

Me tensé al pensar en la pesadilla que debió haber vivido Maxi al regresar a la casa.

—Vamos a ir a los premios, si es lo que te preocupa —aclaró—. Estoy hablando de todo lo demás. Me importa una mierda Paul, David, los chicos, Jenny. Y, sólo por hoy, voy a llamarlo Mikel en lugar de Michael para que no arruines el momento con tu "se llama Mikel, Julián" —finalizó agudizando su voz intentando imitarme.

Sonreí mientras mi cuerpo se relajaba al escucharlo hablar sobre los premios.

— ¿En serio pensaste que iba a perderme la oportunidad de verte con ese vestido? —preguntó divertido mientras se sentaba en la cama con una mueca en la cara—. Creo que la única cosa que podría gustarme más que vos desnuda, es vos dentro de ese vestido.

Revoleé los ojos imitándolo. Lo vi moverse por la cálida habitación y llegar a un guarda ropas. Tomó una muda para él, y otra para mí. Sonreí. Hasta había agarrado unos bóxers para que yo vistiera. Toda mi ropa estaba empapada y con un olor asqueroso.

No, no era con exactitud el prototipo de modelo ideal.

—Ayer, antes de llegar acá, hice una parada en Starbucks. Estuve a punto de romperle la cara a un tipo que no dejaba de hablar sobre la última foto que subiste a Instagram —contó llegando a la cama.

Dejó mi muda de ropa en el pie de la misma mientras él comenzaba a vestirse.

Lo observé. Recién se había puesto la remera y su cabello estaba completamente despeinado: increíblemente adorable. Bufé divertida y, mientras él continuaba quejándose por mis fotos, le hice burla en silencio. Me miró con una pizca de ironía en el rostro.

—Si no dejas de hacerme burla y revolear los ojos vas a dormir sola esta noche —advirtió con un dedo en lo alto.

—Perdón, no me dejes sola en la cama —rogué sarcástica.

— ¿Creíste que hablaba en serio?

Se sentó nuevamente en la cama luego de abrochar sus pantalones. Lo admiré aún desde mi lugar, cómo si estuviese haciendo algo increíble en lugar de ponerse un par de medias.

—Deja de mirarme cómo si fuese un loco y vístete—me ordenó y me puse de pie para hacerle caso.

—Perdón, es que hacía mucho que no me dirigías tanto la palabra —comenté burlona.

En serio, ¿hacía cuanto que no lo veía tan relajado conmigo?

— ¿Tenes algo que hacer antes de que nos den la regañada más grande de la historia? —preguntó de pie en la puerta de la habitación.

Ya estaba agitando las llaves de su camioneta apoyado en el marco. Es decir: ya estaba apurándome. Lo vi sacar su celular y desbloquear su dedo en la pantalla para eliminar todas las nuevas notificaciones. Probablemente Paul ya lo había mandado a buscar con el FBI.

—Mmh, no. Podemos comprar preservativos de tu talle de pasada —bromeé poniéndome de pie ya lista—. Ya sabes, XS.

Julián alejó la vista del teléfono para observarme divertido.

—Voy a enseñarte ese XS mentiroso cuando lleguemos de esos malditos premios —prometió y cuando vi su sonrisa, supe que ya nada importaba.

No importa a cuántas cosas tendría que enfrentarme por él. Estaba segura de que ya no lo dejaría ir por nada.

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