Capitulo 1

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~25 DE MAYO~

-Eres insoportable.

-Yo también te quiero, cariño.

-Yo también, pero bajo tierra.

-¡Oh! Me ofendes. -Dijo Dylan llevándose una mano al corazón. –De verdad no creí que fueras tan mala.

-Ya ves, soy una caja de sorpresas.

-Me gustaría conocer esas sorpresas. –Sonrió pícaramente mientras movía las cejas de arriba abajo.

-Eres un pervertido.

-Y tú una...

-¡¿Queréis callaros ya?!Gritó Sofía, la otra compañera de trabajo.

-Empezó él.

-Empezó ella. –Dijimos los dos a la misma vez que nos apuntábamos con el dedo.

-¿Es que no podéis estar una mañana callados? ¡Joder, todos los días lo mismo!

-Tranquila, ya no hablaremos más. –Dijo Dylan cerrándose los labios como si de una cremallera se tratara.

Sofía se había enfadado de verdad.

-¿Y tú no dirás nada?

-Lo siento.Le sonreí inocentemente.

-Bueno, ya no discutan más ¿si? Mi bebé saldrá con dolor de cabeza. –Dijo acariciando su vientre.

Sofía estaba embarazada de tres meses y era normal que se enfadara más seguido.

-Claro, no queremos que mi ahijado sufra de migraña desde tan corta edad.

-Claro que no. –Dije de acuerdo con él. –MI ahijado debe estar tranquilo.

-Ay, otra vez no. Dijo Sofía llevándose las manos a la cabeza. –Dijeron que iban a estar callados.

-Bien. –Dijimos los dos a la vez.

Ambos seríamos los padrinos del bebé que esperaba Sofía. Ella dice que quien mejor que nosotros para cuidarlo si ella o su novio faltaran.

-Vamos a trabajar ¿o qué?

-Si, vamos.Dije levantandome de la silla de la cafetería a la que habíamos ido a almorzar.

-Yo voy a pagar. –Dijo Dylan dirigiéndose a la barra en lo que Sofía y yo caminábamos hacia la salida para esperarlo.

•••

La tarde había pasado y con ella las horas de trabajo. Normalmente, era yo quien llevaba a Sofía hasta su casa, pero hoy la vino a buscar su novio Max, por lo que me tocó ir a casa directamente.

Suspirando, me bajé del coche y entré a mi edificio para subir a mi casa. Como ven, no hay un portero que te salude o te ayude con las compras si te ve cargada.

En fin... Tampoco es que viva en un edificio de lujo. Pensé mientras abría la puerta para encontrarme con mi gata Charlotte.

Ella era mi única compañía en esta inmensa ciudad. La encontré en la calle hará unos cuantos años y no pude dejarla abandonada. Así que me la traje a mi casa, la bañe, le di de comer y al día siguiente la llevé al veterinario para registrarla como que era mía.

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