Capítulo XXXIII

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Estaba absorta en mi despacho mirando un video musical en el ordenador mientras me comía una manzana. La semana había pasado lenta, para que engañar, tenía unas inmensas ganas ya de llegar a casa, quitarme los zapatos y recompensarme mi arduo trabajo con un baño caliente.

El viaje de vuelta a NY con Alex fue bastante tenso. Él se mantenía atento a cada detalle sobre mi salud y yo simplemente me mantenía al margen, dedicándole alguna sonrisa a cambio.

Tenía pensado que el próximo viernes podría volver a Victorville para hablar con mi hermano y traer de vuelta el coche.

El teléfono sonó y me sacó de mi propia ensoñación.

-¿Diga?- contesté un tanto molesta.

-Tenemos que dar una rueda de prensa- soltó sin más dilación Alex.

-¿Qué?- dije atragantándome con un trozo de manzana y empezando a toser.

-Ya sabes porque, hace semanas que anda por el aire el rumor de tu embarazo.

-¿Y?- dije limpiándome las manos con una servilleta.

-¿Cómo que “y”?- me contestó- ¿Cuánto tiempo lo quieres ocultar?

-Hasta que se me note- dije riendo- cuando ya sea imposible de negar, lo reconoceré.

-Y a mí me desheredan- dijo serio.

-No lo creo, pero si tú lo dices…- dije rodando los ojos- organiza una cena con tu familia.

-¿Y qué digo? Mamá, papá, vamos a tener un hijo- dijo con voz cómica.

-¿A que no es difícil?

-Las hormonas te afectan, ya pensaré en algo- dijo haciendo una pausa.

-¿Algo más?- dije esperando a que dijera lo que estaba pensando.

-Bueno esto… solo había pensado…- dijo dando rodeos.

-Dilo ya- me exasperé.

-¿Te apetece que cenemos juntos?- dijo tímidamente y esperó silencioso.

Sopesé la idea un rato. Mi alter ego estaba recostada sobre su chaise long leyendo un libro, bajó el libro, deslizó las gafas por su nariz, me miró y se encogió de hombros dándome a entender que le daba igual; volvió a situar las gafas en su lugar y prosiguió con la lectura.

-Me parece bien- dije dibujando una estúpida sonrisa en mis labios.

-Perfecto- lo oí saltar de la silla con efusividad- te pasaré a recoger a las 9. Hasta esta noche. Te quiero- dijo y esperó mi contestación.

Me veía incapaz de responderle igual, así que me limité a despedirme.

-Hasta esta noche Alex- y colgué.

Decidme mala… Sí, mucho. ¿Qué persona moralmente sana de este país haría sufrir así al padre de sus hijos? Yo.

Paul como de costumbre irrumpió en mi despacho.

-Haber ¿Rosa, azul o neutro?- preguntó mostrándome en alto los tres lazos de raso.

-¿Para?- le pregunté extrañada.

-Nada, tú solo escoge un color- me miró perversamente.

-No se…- dije mirando las tres telas- o rosa o neutro, depende.

-Ohh…- dijo tapándose a boca.

-¿A qué viene todo esto Paul?- dije levantándome de mi sillón.

Emily Wolf ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora