Jaqueca. Jaqueca. Jaqueca. Hasta nauseas. En todo el trayecto hacia el capitolio solo pensé en esos ojos manchados de veneno y de sangre inocente. Jamás conocí a alguien tan cínico como lo es el Presidente Coriolanus Snow.

Sonreírte con amabilidad, tratarte como si fueras su mejor amigo, recibirte con "buena" predisposición. Y matar a toda tu familia.

Su sonrisa espeluznante y cínica aparecen en mi mente. Las escenas terroríficas vuelven a mí, y despiertan de un largo sueño en mi cabeza.

Sangre. Armas. Risas. Asesinos. Asesino. Snow. Mis padres. Mis hermanos. Yo. Cuerpos sin vida. Llantos descontrolados. Gritos de horror y de tortura. Dolor. Repulsión. Odio. Todo vuelve a despertar.

Me quito con rabia las lágrimas rebeldes que tiñen mis mejillas. Es bastante tarde y estoy sola en mi habitación del vagón. Nadie puede verme ahora. Nadie puede oírme ni sentir compasión por mí. Y me puedo permitir ser tan débil como puedo serlo.







[..]









A la mañana siguiente, despierto con la sensación de pesadez en la cabeza y los ojos. Me había quedado dormida llorando, de nuevo. Hacía cuanto tiempo que no lo hacia. Hacía cuanto tiempo que llevaba sin sentirme de ésta manera. Tan perniciosa.

El tren sigue en movimiento. Los rayos del sol traspasan la cortina de gaza blanca, cegándome. Suspiro y me friego la cara.

Me tomo el tiempo para poder levantarme y darme una ducha, una vez fuera me visto con la ropa que Portia me ha preparado. Unos pantalones oscuros y entallados. Una blusa azul de mangas cortas y botones color oro y unas sandalias.

Cuando me siento lista, salgo de mi habitación y camino por el vagón hasta el comedor. Deslizo la puerta y entro, para mi sorpresa, aún no hay nadie, ví la hora en el reloj y marcaban las ocho de la mañana.

Me sirvo el desayuno y me siento en la mesa a comer. En realidad, no estoy muy concentrada en el hambre voraz que tengo y en lo delicioso que sabe, en mi cabeza sólo recreo una y otra vez las escenas del asesinato, y de como se supone que reaccionaré si tengo de frente a Coriolanus Snow.

Ni si quiera me fijo cuando termino de desayunar, y cuando Peeta entra al comedor.

Se sienta a mi lado y empieza a desayunar, el silencio reina entre nosotros, y noto como deja de ingerir las comidas, y posa su atención en mí.

― ¿Estás bien? ― Pregunta, con cautela.

Suspiro y fijo mi vista en él.

― ¿Me veo bien?.

Niega con la cabeza, pero una sonrisa baila en la comisura de sus labios.

― Te ves terrible ― Dice con gracia, y no puedo evitar reír.

― Pues ya tienes tu respuesta ― Le sonrío.

Me corresponde y se deja caer por el respaldo de su asiento, todo rastro de sonrisa y de humor, desaparece de su rostro y de la mía también.

Va a sacar el tema a luz.

― ¿Te preocupa no es así? ―Pregunta, en voz baja.

Yo asiento, con una sensación de vacío en mi interior.

― Me siento miserable ―admito.― Tan incapaz de saber como actuar o de cómo revertir ésta situación ―río sin ganas.― Mi vida es un asco ―Niego con la cabeza.

Miro a Peeta con solsayo, con compasión y con lástima. Como odio que me miren así.

― No me mires así, Peeta ― Lo miro de frente.

Nightmares ➽ Finnick Odair. [#1]¡Lee esta historia GRATIS!