❝ La respuesta.❞

Katniss no había llegado mucho tiempo después de que yo y Peeta tuviéramos esa charla en las escaleras

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Katniss no había llegado mucho tiempo después de que yo y Peeta tuviéramos esa charla en las escaleras. Cenamos y agradecimos por la suculenta y deliciosa cena que la señora Everdeen había preparado.

No era tarde aún, y lo mejor de todo esto (notese mi sarcasmo) era que la gira de la victoria no había acabado. Debemos ir al capitolio para la entrevista que Katniss y Peeta, ofrecerán al eterno presentador de los juegos del hambre, Caesar Flickerman.

Ya estábamos fuera de la casa de Katniss, estaba helando y algunos copos de nieve caían del cielo nocturno, la entrevista sería mañana y no entiendo porque debemos ir hoy, pero en fin, da igual.

Katniss se despedía de Prim, pero Prim no quería soltarla. Es como, volver a ver la cosecha de Katniss Everdeen.

― No vayas, Katniss ―Dice Prim, susurrando, con lágrimas en los ojos.

Mi corazón se encoje, para ella, es como volver a rememorar la cosecha. Teme por su hermana. Teme, porque piensa que puedan hacerlo algo. Lo cual, en parte, es posible.

― Volveré en menos de lo piensas, patito ― Dice Katniss, agachada a su altura, acariciándole la mejilla.

Prim la mira con ojos asustados y sin más, se lanza a los brazos de Katniss, la abraza y empieza a llorar.

Suelto un suspiro y Katniss me mira. Le sonrío débilmente, como si a mi también me doliera, porque en realidad así es.

Ella me devuelve la misma sonrisa.

― Prim, tengo que irme ―Dice Katniss, susurrando.

Prim asiente débilmente y con lentitud va deshaciendo el abrazo. Prim se despide de mí con la mano, y yo también lo hago.

Asiento a Katniss con la cabeza en un gesto de "¿Lista?" Y ella me asiente, afirmando.

Empezamos a caminar tras Effie quién hablaba de sobre como sería la entrevista, que atuendos usarían, de las personas del capitolio, sobre quién asistiría a la cena que el Presidente Snow brindaría en celebración del compromiso de Katniss y Peeta, sobre diseñadores y estilos y cosas poco interesantes, personalmente hablando.

Sin embargo, no evado lo siguiente cuando lo escucho:―

―. . .Y la cena y el baile claro, será en la mansión presidencial ―Dice Effie en tono emocionado y no tarda mucho para que atraiga las miradas de Haymitch y de Peeta.

Una punzada de dolor y de muchos sentimientos horribles, que creí olvidados, se esparcen de nuevo por mi cabeza y mi corazón.

Aprieto la mandíbula y trago con amargura.

"Mierda." pensé.

Volver a ver al asesino de mis padres y de mis hermanos. Volver a respirar ese aroma a sangre y a rosas que hace que la nariz me hormiguee. Volver a verlo todo y rememorarlo todo. No puedo encontrar peor tortura.

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