Capítulo 37

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Camila's POV

-Puedo sola, Camz.

Odiaba que Lauren fuese tan cabezona como para dejar que le diese de comer. Me dejó cortarlo y nada más. Estaba algo mejor, eso es verdad. Después de varios días en el hospital, dejó de usar aquella odiosa mascarilla.

-Eres una cabezona. –Le dije dándole con el dedo índice en la frente.

-Eres una cabezona. –Repitió Maia, que estaba pintando en la mesa con las dos piernecitas subidas a la silla. No podía responderle o regañarle porque era absolutamente adorable incluso cuando repetía aquellas palabras.

-Dejadme comer. –Lauren frunció el ceño algo divertida, comiéndose un trozo de pollo a la plancha sin apartar la vista del plato.

-Te dejo lo que quieras. –Dije besando su frente que tenía algún que otro rasguño, y aunque al principio se resistía, dejó que le diese algunos de aquellos mimos.

Sonó la puerta, y Maia se giró para mirarme, pero negué, no la dejaba abrir la puerta a ella sola ni conmigo presente. Pero cuando la abrí, me alegré de esa decisión que había tomado.

Mis padres estaban al otro lado de la puerta, y Maia al verlos se levantó de la mesa y fue hacia Lauren quedándose detrás de la cama. Lauren me miraba a mí, pero yo no entendía nada de lo que estaba pasando en ese momento.

-Oh dios mío, estáis bien, estáis bien. –Mi madre se puso una mano en el pecho, escondiéndose casi en mi padre. Yo no sabía qué sentir, ni qué decir tampoco. Agradecía que estuviesen allí, pero yo tenía demasiado rencor guardado. Cuando tienes que criar a tu hija con diez dólares semanales y a veces hasta menos sin que tus padres se preocupen por ti, no es como para perdonar nada, porque esa niña a la que ahora querían como nieta, podría haber muerto de hambre o de frío cuando era un bebé.

-¿Qué estáis haciendo aquí? –Pregunté sin más, con una mano en el marco de la puerta.

-Aún seguíamos en el hotel, en Portland y... Salió en las noticias, era tu casa. –Yo no tenía nada que hablar con mi madre.

-Maia y yo tragamos un poco de humo, la peor parte se la llevó Lauren. –Comenté, y los tres nos quedamos en silencio, suponía que a ellos Lauren no les importaba mucho, más bien, no les importaba nada.

Tras mis padres la figura de Mike y Clara apareció, tenían mala cara, pero yo sonreí al verlos. Clara abrió los ojos poniéndose las manos en la boca, pero no podía pasar porque mis padres obstruían su paso.

-Estáis bien. –Susurró ella casi al borde de las lágrimas. Mis padres se apartaron para mirarlos, y Clara pudo abrazarme de una forma firme.

-¡Abuelo! –Maia salió corriendo hacia Mike, que la cogió en brazos sin esfuerzo alguno, dándole un sonoro beso en la mejilla.

-¿Estáis bien? –Preguntó Clara cogiéndome de las mejillas, y miró a Lauren en la cama apretando los labios.

-Será mejor que vayas con ella. –Dije sonriendo un poco y aunque Mike quería saludarme, negué para que fuese con Lauren.

-A mami le han puesto una funda en el brazo. –Dijo Maia en brazos de su abuelo, y los dos acorralaron a Lauren. Yo me di la vuelta, mis padres seguían ahí. Quizás, sólo quizás, debería hablar con ellos.

Salí de la habitación y cerré la puerta, cruzando los brazos delante de ellos, era una clara postura defensiva.

-¿Por qué? –Pregunté sin entender nada, mirando primero a mi madre y luego a mi padre. -¿Por qué venís ahora? ¿Porque tengo la vida más o menos resuelta? ¿Porque ya no me tendríais que dar dinero o ayudarme?

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