La mañana pintaba perfecta para ser un día precioso, tranquilo y de esos que simplemente dan ganas de sentarte a disfrutar del glorioso paisaje y sacar los más bellos sentimientos en la forma de cualquier pieza creativa, quizá una canción o una pintura. De esos días para quedarse en cama a disfrutar de las maravillas que quizá te hagan sentir como un hippie en plenitud de los años 60's.

Michael quería eso, quedarse en cama a adorar el hecho de que la vida le sonreía, y cuando el sol lo golpeó con delicadeza en la cara fue en lo primero que pensó, ya semi despierto: en volver a dormir como estaba, boca abajo abrazando su almohada favorita y no hacer nada más en el resto del día.

Pero ese no era el plan, pocos minutos después, cuando estaba recuperando el sueño en su totalidad, las cortinas fueron abiertas con brusquedad causando que los suaves rayos de sol que antes lo habían tocado ahora lo atacaran como si no quisieran ser sus amigos, se quejó en un gruñido tan solo un segundo antes de que los gritos comenzaran.

—¡Ya levántate, es tarde!

Negó con la cabeza enterrando todavía más la cara en las almohadas, negándose a abandonar su lugar favorito en todo el mundo: la cama.

—¡Claro que sí! El despertador no sonó ¡¿cómo pudo pasar?! —Harry caminaba apresuradamente de un lado a otro de la habitación del más joven—. ¡La vida me odia!

Al ver que no reaccionaba, y que incluso estaba comenzando a roncar otra vez, el rizado le quitó violentamente las sábanas de encima, agradeciendo mentalmente que Michael haya decidido usar una pijama esa vez, él se estremeció por el repentino frío, pero no se levantó.

—¡No puedes seguir durmiendo, se hace muy tarde! —reclamó tomándolo de los tobillos para jalarlo fuera de la cama, pero Michael era como un peso muerto, imposible de cargar incluso para él, parecía que tensaba más el cuerpo a propósito.

Harry jadeó furioso y pensó por algunos segundos. Terminó por abandonar la habitación, y Michael sonrió contra la almohada cuando escuchó sus pasos bajar las escaleras rindiéndose. No obstante poco después lo escuchó volver a subir, y un instante más tarde se encontraba brincando de la cama por el repentino ataque con agua fría.

—¡Ya levántate! —exclamó aun sosteniendo el vaso ya vacío.

—¡Harry! —gruñó— Son las nueve de la madrugada, esto es criminal.

—¡¿Y qué?! —gritó— ¡Es el día de mi boda, no puedes llegar tarde!

Michael rodó los ojos desperezándose sentado al borde del colchón. Harry seguía en su pijama de animal print, seguramente también acababa de despertar y no lo culpaba, su noche de confesiones recordando viejos tiempos se había extendido hasta altas horas, sin importar los muchos mensajes de texto de Louis desde casa de Niall recordándoles que debían dormir temprano.

Ahora no solo debían alistarse, sino que además contaban con mucho menos tiempo para ir a la casa que había quedado a cargo de Kaya para su decoración, y supervisar los últimos detalles antes de que Louis y el rubio volvieran con el pastel de bodas que habían encargado una semana antes.

—Ya te casaste una vez, no tiene nada de especial —se quejó dejándose caer de nuevo.

—¡Arriba! —lo tomó de un brazo, jalándolo para levantarlo por completo de la cama antes de que se volviera a dormir—. Claro que es especial, tiene que ser maravilloso.

—Sí, como sea. En fin, voy a calentar el desayuno, ve a bañarte o... lo que sea que tengas que hacer —Michael se frotó los ojos en medio de un bostezo bajando las escaleras para calentar la cena que no se terminaron la noche anterior.

Disenchanted || Larry Stylinson¡Lee esta historia GRATIS!